El amigo americano

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Robert Frank es el Bob Dylan de la fotografía.  No se me ocurre mejor definición. Animo a cualquiera que contemple su clásico libro Los americanos con DesireHighway 61 Revisited o Bringing it all back home de fondo. Estoy seguro de que aún disfrutará más de esas instantáneas porque las letras y melodías del músico de Minesota combinan o más bien se ajustan perfectamente a ellas. La Norteamérica retratada por Frank es similar a la que vislumbraron Gregory Corso, Jack Kerouac o Allen Ginsberg y más tarde Jim Jarmush o Tom Waits.

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En realidad, Robert era un auténtico beat más por compromiso y vocación personal que por haberse educado en condiciones parecidas a los poetas, aventureros y escritores que formaron parte de ese movimiento. Al fin y al cabo, era suizo y de buena familia. No llegó a Norteamérica para cubrir sus necesidades económicas sino sus expectativas profesionales y espirituales.

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Frank era un alma libre que nunca terminó de sentirse a gusto trabajando para las revistas clásicas de moda y negocios. Aunque su trabajo era sumamente pulcro y conciso, no se sentía cómodo ni con la sofisticación ni la artificiosidad clásicas de las sesiones de estudio. Él era un verdadero buscador. Un improvisador que amaba la espontaneidad y los errores. Odiaba planificar. En su trabajo fílmico, recalcaba una y otra vez que las tomas debían ser en vivo y en directo. Grabar dos veces una escena era imperdonable. No se ha destacado mucho porque su vertiente fotográfica ha devorado a la cinematográfica pero Frank fue uno de los primeros cineastas indies. John Cassavetes y él son casi primos hermanos. Y eso es decir mucho. Pasa que mientras John mantuvo siempre una pelea entre la independencia y la libertad y el convencionalismo que ganaron por K.O. las primeras, Frank ni olió de lejos al segundo. Todas sus películas eran improvisaciones, poemas, locuras, road movies (en un sentido simbólico). Puro expresionismo abstracto. Murmullos íntimos. Cocinas desgastadas. Ropa íntima manchada.

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Pocos en el mundo del arte podían presumir de tener una actitud más rockera que Frank. Los mismos Stones impidieron el estreno de Cocksucker blues. Si a principios de los 70 sus tours eran crudos, la visión de Frank sobre los mismos todavía más. No hay un documental más sucio y veraz sobre la banda que el suyo. Lo más interesante es que Frank no tiró ni de épica ni de efectismos. Lo hizo de exceso de realismo. Es decir; no sobredimensionó nada. Sus imágenes reflejan mejor el caos y el aturdimiento mental de una gira que cualquier videoclip desorbitado. Si hay un filme crudo sobre el rock ese es el suyo. Tanto como su mítica portada de Exile on main St. Un compilación de instantáneas centradas en el mundo del circo que formaban parte de los miles y miles de descartes de Los americanos. Un encuentro mágico entre el mundo de Tod Browning y el rock and roll; entre los freaks clásicos y el blues. La heroína y la soledad de los bares y aeropuertos.

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Para comprender la importancia de un libro como Los americanos es necesario retrotraerse a la época en que fue urdido. Tras la Segunda Guerra Mundial, la propaganda repetían una y otra vez las bondades del consumismo y la grandeza del país que reinaba en el mundo: Estados Unidos. Las necesidades propias del capitalismo habían convertido a la fotografía en un arte decorativo, expositivo o publicitario. Era muy difícil contemplar a gente real en una fotografía fuera de la crónica de sucesos. La fotografía artística estaba destinada a los clubes selectos. La surrealista, por ejemplo, exigía un alto dominio de la técnica y altos recursos económicos. Las retratos fotográficos de aquella época eran caros y, por lo general, perfectos. O más bien, aspiraban a la perfección. A ganarse un sitio en los museos de arte contemporáneo. No perdonaban mi admitían fallos. Y, por lo general, no tenían como protagonistas a la gente común sino a estrellas o situaciones excepcionales.

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Uno de los escasos fotógrafos que rompió aquel molde fue Walker Evans con su serie sobre los desheredados y las consecuencias del crack del 29. Su retrato del crudo y devastado mundo rural norteamericano. Frank desde luego lo admiraba y lo reconoció siempre como una influencia. Su encuentro fue muy fructífero. Walker apadrinó a Frank para solicitar la Beca Guguengueim con la que puedo costearse su viaje por Estados Unidos del que surgió su mítico libro. Y el resto es historia. Como suele ocurrir en estos casos, el alumno fue un paso más allá del maestro y descompuso totalmente la fotografía realista. Muchos de los desheredados retratados por Walker parecían tener una aureola mística. Sus fotografías aún ansiaban un ideal. Mezclaban belleza y verdad. Se atenían a las reglas de la composición clásicas. Las de Frank ya no. Robert únicamente buscaba la realidad. Sus instantáneas eran frescas y movidas. Intentaba de hecho prepararlas lo mínimo posible. Su objetivo era lograr un retrato veraz de la gente común. De la soledad y de cualquier clase social. Políticos, camareras, travestis, niñeras, oficinistas o padres de familia.

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En cierto sentido, se puede decir que la década de los 60 comenzó con aquel viaje a lomos de un Ford Bussines Coupe realizado por Robert Frank a través de los más diversos estados: New Orleans, Houston, Los Angeles, Reno, Salt Lake City, Detroit, Butte, Wyoming, Nebraska, etc. Todo los problemas raciales, psicológicos, sociales y políticos que podían intuirse en los rostros y aura de los personajes y paisajes que componían Los americanos estallarían por los aires años después. Por lo que, aunque la obra se compuso en los 50 pertenece espiritualmente a los 60. Aunque su estética atemporal puede rastrearse en múltiples obras posteriores que exploraban la soledad y la dependencia emocional propias del frío y árido mundo capitalista como es el caso de Vidas Rebeldes o Fat city de John Huston, Stroszek de Werner Herzog, París, Texas o El amigo americano de Win Wenders o muchas de las películas de los hermanos Cohen.

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Las fotografías de Robert Frank supusieron la carta de salida para las visiones desesperanzadas de Norteamérica. Una inspiración para el arte libérrimo que tenía, a su vez, su correlato histórico con el bebop descarnado que se escuchaba en los clubs y los múltiples experimentos artísticos que se estaban realizando fuera de los museos. No sería justo no obstante dejar de mencionar a Edward Hopper al referirse a ellas. Frank y Hopper captaron perfectamente la soledad subyacente en las grandes autopistas, los enormes edificios, las alargadas avenidas y los extrarradios de las ciudades. La atmósfera de Hopper está muy presente en Frank quien, eso sí, producto de la movilidad que le permitía su arte, es bastante más dúctil. Más periodístico, para entendernos. Su obra de hecho es casi una crónica de sucesos folkie. Una gramola llena de viejos blues sonando en una cafetería.

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Robert Frank también se anticipó al describir la Norteamérica zombi que prevalecería en los filmes clásicos de George A. Romero y Tobe Hooper. O más bien, la anticipó. Entre gran parte de sus fotografías y un filme como Carnival of souls sólo hay un paso. Y de ahí al cine de David Lynch sólo un pasito más. Ayer me reía observando, por ejemplo, la fotografía situada a continuación que parece directamente salida de Twin Peaks o haber servido como referente a la serie. Algo que no es extraño porque, a pesar de que el libro fue recibido con incomprensión y un gran silencio crítico (o directamente, rechazo), cuando surgió, su influencia no ha dejado de crecer. Aparece por todas partes. Porque, a pesar de su calidad, es intensa y profundamente popular. De hecho, en cierto sentido, fue un puñetazo al estómago del fotógrafo tipo Cartier-Bresson. En su obra no había poses. Había gestos, actitudes, sombras, verdades. Los americanos no era un libro de música clásica. No era una sinfonía. No había violines sino guitarras. Cafés a medio tomar. Servilletas descoloridas. Era un disco de The Rolling Stones antes de que a Jagger y Richards se les hubiera pasado por la cabeza formar un grupo. Taxi Driver mucho antes de Taxi Driver.

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Lo mejor de Los americanos es que es prácticamente inagotable. Aunque el libro original poseía tan sólo 83 fotografías. Frank realizó casi 28000. Así que podríamos seguir viendo de por vida imágenes que aparecieron impresas en 1958 y otras tantas que no. En eso también fue Frank un innovador. Puesto que, al contrario que los fotógrafos tradicionales y artísticos, sus tomas malas y descartes sí que tenían un valor intrínseco. En cualquiera de sus fotografías hay verdad porque no aspiraba a la perfección. Así que su amplio baúl fotográfico es, en gran medida, similar al de los viejos jazzmen que improvisaban continuamente a partir de una melodía establecida. Lo que provocaba que muchos de sus fans perdieran el culo por las grabaciones de sus directos.

Algo parecido ocurre con la obra de Frank. Puesto que, aunque la cara A de su trayectoria es deslumbrante, la que la explica y lo justifica es la cara B. Una prueba y testimonio, al fin y al cabo de que cualquier momento de la vida, bien enfocado, puede ser trascendente. De que el cigarro a medio apagar en un bar y las sillas descolocadas tienen tanta importancia como el cartel fosforescente en medio de una carretera que lo anuncia o las bebidas que se toman allí. Shalam

القرار السيئ أفضل من التردد

Una mala decisión es mejor que una indecisión

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….vamos a hacer todas las rodillas de lo que pase por este intervalo de espacio….despues echarle monchetas y a comer………dibujos animados(cartoons)…gallo claudio…………sonrisa………..
    https://www.youtube.com/watch?v=7jSLKEq0Shs…………..
    2ºimagen:…..encima de la pantalla el francotirador disparando a diestro y siniestro…….
    3ºimagen:…..siamesas: es que esta se ha hechado un novio y mira como me tiene……..
    https://www.youtube.com/watch?v=GXaqbdwI3Dc&list=PLm-UOpuHGjdXP4P5ezSgy94YcZtbowvPY&index=4
    …….todo lo que lleve boogie me lo pillo(casino boogie)…jajajjjj…….casinoboogie es una vacilonada………….
    4ºimagen:….a mi ponme un «black and white» de 12 años antes de entrar a la corrida de toros………
    5ºimagen:…..la hostia sea cana!!!!…..»brutos,sucios y malos»-ettore scola-1976……
    6ºimagen:…..los aseos del cine maiquez y su maravilloso pestazo a «zotal»………..
    7ºimagen:…..rosa parks activista social asi como lo decia joaquin luqui(jajajjjj)……….
    8ºimagen:…..frida kahlo sirviendo desayunos-meriendas y cenas…..
    9ºimagen:…..extraordinaria imagen….buenabuenabuena….muchomuchomucho……(frankenstein)…….

  2. 1) No conocía al gallo Claudio. Buenisimo. Sensación de caos. Dejemos que el caos fluya. Movámonos en el océano. 2) La visión de Francios Truffaut de la vida de Tarantino. Documental sobre Rebeldes sin causa. 3) Portada ideal para un disco de Tom Waits. Tom Waits reinterpreta el cabaret. Temazo boogie. 4) Reinterpretación moderna de un lienzo sobre las diosas tristeza y ambición. 5) Lomax enchufando el audio por si el padre toca la guitarra. 6) Igualdad y libertad. Intérprese como se quiera. 7) Yo a mi marido lo tengo controlado. 8) Camino de convertirse en un zombi o disolverse oníricamente dentro de un sueño de David Lynch. Se disuelve la imagen y aparece en color en Twin Peaks. 9) Frankenstein se cruza con los Hermanos Cohen.

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