El bloqueo

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Creo que el “clásico” bloqueo de los escritores tiene que ver con varias cuestiones. En primer lugar, la sensación de que lo que se ha de escribir debe ser trascendente. Tiene que ser sumamente importante. Una estupidez teniendo en cuenta que algunos de los más grandes libros se centran en lo anecdótico. Llevan lo circunstancial al límite. Convierten la mediocridad en foco épico. En segundo lugar, por la infinitud de temas que se pueden tratar. Un trabajador normal sabe que debe realizar una sola actividad y hacerla bien. Un atleta de maratón debe correr y resistir. Un fontanero reparar cañerías. Pero un escritor puede escribir de tantos temas que lo lógico es que antes o después se acabe bloqueando. Porque su trabajo no es sólo escribir bien sino escoger. Elegir entre el infinito. Y por eso se suele recomendar a los primerizos que se centren en su experiencia personal. Que no intenten abarcar demasiado sino que intenten describir sus sentimientos y aquello que les rodea y que si es posible, profundicen en ello. Y en tercer lugar, por el miedo a no cumplir las expectativas. No ser capaces de crear algo realmente bueno. Otra tontería porque la escritura nos da la posibilidad de corregir y pulir un borrador durante meses y años. Por lo que en principio, no importa tanto de lo que se escriba sino hacerlo. Algunos de los más grandes libros han surgido, de hecho, de una frase sin sentido. Una idea más o menos desarrollada. Dos o tres palabras sobre las que se ha ido trabajando días y días hasta construir un mundo.

Un bloqueo es parecido a una pájara. Invoca el absurdo del mundo. De cualquier actividad. En parte, es sano. Porque no está diciendo que no importa que escribamos o no, el mundo sigue. Y nosotros somos perfectamente prescindibles. Precisamente, contra lo que lucha un escritor es contra esa sensación de insustancialidad. Ningún escritor quiere ser pasajero pero está condenado a serlo. Un bloqueo es un signo de lucidez por ello. Es un recordatorio de que la vida es locura. Caos. Un sisentido contra el que antes o después saldremos derrotados. Algo que, en el fondo, no debería ser un obstáculo sino un resorte. Pues la meta de un escritor debería ser testimoniar ese fracaso. Describir el pozo. La tragedia. La lucha estéril. Y hacerlo, como si fuera la única actividad importante sobre la tierra. Con la inconsciencia del loco. Como si en vez de un ser adulto fuera un niño buscando un caramelo en el océano. Shalam

الخَلُّ حَامِضٌ مَا لَمْ يَكُنْ مَاءً

Por lo general, las flores no despiertan ni emociones ni conflictos

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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