Esquizofrenia

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Como escribí en un avería anterior, me parece conveniente dejar reposar El jardinero y realizar su nueva corrección en otro momento más apropiado. Me es muy difícil además, concentrarme ahora en España entre tantas conversaciones con amigos, reuniones familiares y trámites varios con oficinas migratorias. Sin embargo, esto no es obstáculo para dejar testimonio del último cambio sufrido por la novela. Ante todo, porque me parece algo maravilloso. Dictado desde el más allá. Un claro signo de que el libro sigue marcando su destino, el ritmo de escritura y yo me he convertido ya únicamente en su vasallo. Un ser poseído que oye voces e intenta transcribirlas al papel de la forma en que puede.

Intentaré ser breve y claro: con el objetivo de presentar el texto ante el fuego sagrado el pasado sábado, tuve que, a pesar de no estar concluido, imprimirlo. Y para ello, me dirigí a un cibercafé en donde me encontré con un problema. Yo trabajo con el sistema Ubuntu pero la computadora del local tenía instalado Windows y por tanto, el tipo de letra que había utilizado en mi word no se correspondía con ninguno de los que aparecían ante mí. Por lo que me puse a experimentar con los distintos estilos, rehuyendo de aquellos que el sistema (por defecto) me presentaba.

Y a medida que probaba uno u otro formato, encontré una letra de formato lúcida handwriting que, desde el primer momento, llamó mi atención pues se ajustaba perfectamente a la personalidad del conde protagonista de la novela. Así podía imaginar perfectamente que él escribía: con una tipografía esquizofrénica propia de un demente que jamás pensé, podría encontrar en un territorio tan aséptico como Windows. Tanto es así que no pude reprimir un grito de satisfacción para agradecer todos aquellos contratiempos y desajustes entre sistemas operativos que, en realidad, me estaban ayudando a perfilar mejor el carácter del personaje. De hecho, pensé que esta nueva treta o argucia del destino me podía permitir también diferenciar mejor algunas de las estructuras del libro: aquellas en las que el conde refiere sus impresiones personales sobre los más distintos asuntos y aquellas otras en las que un narrador anónimo hace referencia a algunos de los más célebres tratados de jardinería de la historia.

Poco más quiero y deseo añadir hoy. Con el paso del tiempo, tal vez algún lector futuro (sí, ya sé que esto es mucho pensar) me felicite por mi ingenio. Se regodee leyendo los pensamientos del conde en estilo lúcida handwritting y piense que esa era, sin ninguna duda, la mejor de las maneras en que podían ser vertidas al papel. Pero sólo yo sabré, así como quienes sigan este blog que, en realidad, fue absolutamente casual. Que la decisión no fue mía sino de la novela o, mejor dicho, del conde que, de tiempo en tiempo, emite mensajes hacia el mundo exterior que están determinando decisivamente el estilo y desarrollo del libro; de tal forma que si he de ser sincero, he llegado a preguntarme en alguna ocasión si no tendría que estar firmado por él. Si no sería mucho más justo y apropiado que, tras las letras en verde de El jardinero superpuestas sobre el dibujo de un condado lúgubre o un monstruo, apareciera el nombre del conde de… y no el de Alejandro Hermosilla. Por supuesto, en tipografía lúcida handwriting. Shalam

                      وهذا ضرب من الجنون

  Existe la falsificación, debido a que existe algo que es real

 encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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