Los problemas del ruido

0

Apenas he dedicado dos días de trabajo a Ruido del arte y ya comienzan a acumularse sorpresas inesperadas en el libro y también problemas. O mejor sería llamarlos, dificultades. La principal de ellas radica en que, antes de referir su abrasivo monólogo sobre nuestro mundo contemporáneo, el escritor que protagoniza el libro, hace recuento de diversas amistades que tuvo. Una en concreto, la de un joven poeta que era su maestro, le dejó muy dolido. Sintió que en alguna medida, era utilizado por él y que no se comportó como debía hacerlo. Lo que justifica en parte su visión negativa sobre los escritores a los que dedica el texto en que trabaja en ese momento, “El escritor imposible”. Ok. Sí. Hasta aquí todo bien. La novela se desarrolla según una lógica interna coherente y es lógico que nos familiaricemos con el personaje a partir de sus traumas.

Sucede, sin embargo, que la voz que habla, la de ese escritor aislado, se encuentra muy airada y furiosa. Y los insultos e improperios,  la manera en que describe su traumática relación, es muy parecida a cómo el conde que protagoniza El jardinero se refiere a su lacayo. Y si bien, esto no tendría por qué ser un problema pues el creador de ese temible personaje, es el escritor que escuchamos hablar ahora y es lógico que su discurso se asemeje al de su creación, encuentro ciertas expresiones y modulaciones repetitivas en ambos que no me parece que hagan bien a Ruido del arte. Al contrario, pueden provocar cansancio en quien haya disfrutado El jardinero. Por lo que, de entrada, entiendo que debo trabajar mucho más este aspecto narrativo. Darle más matices y aire a las críticas del escritor y acaso enfocar más su capacidad descriptiva pues de no ser así, puedo caer muy fácilmente en la autocopia  o el refrito.  A esto hay que añadir por cierto que la  sombra de Thomas Bernhard se encuentra  otra vez muy  presente durante las primeras páginas del libro. Algo que conseguí superar e integrar en El jardinero, dividiendo el cuerpo del texto en fragmentos pero hasta ahora lógicamente no ha ocurrido aquí y comienza a martirizarme el no poder atisbar mi propia voz entre la maraña de folios construida.

Obviamente, con horas y horas de trabajo y la toma de las decisiones adecuadas, la novela irá perfilándose y ajustándose hacia aquello que deseo. Pero de momento, en los albores del trabajo, esto no sucede y sería absurdo no hacer mención a ello pues se trata de un obstáculo que antes o después habrá que superar o al menos, tratar con la inteligencia necesaria para que termine jugando a mi favor. Para lo que supongo, en principio, tengo que tener el cuadro del libro totalmente completado. Pues sólo entonces se ajustarán sus piezas y cada una de ellas, sabrá y podrá ponerse en el sitio que le corresponde. Shalam

 ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

 La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo