Los problemas del ruido

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Apenas he trabajado dos días en Ruido del arte y ya comienzan a acumularse dificultades. La principal de ellas radica en que, antes de referir su destructivo monólogo sobre nuestro mundo contemporáneo, el escritor que protagoniza el libro hace recuento de diversas amistades que tuvo. Una en concreto, la de un joven poeta que era su maestro, lo dejó muy dolido. Sintió que en alguna medida, era utilizado por él. Lo que justifica en parte su visión negativa sobre los perversos literatos y artistas a los que dedica el texto en que trabaja en ese momento: “El escritor imposible”. Ok, sí, hasta aquí todo bien. La novela se desarrolla según unos parámetros internos coherentes y es lógico que nos familiaricemos con el personaje a partir de sus traumas.

Sucede, sin embargo, que ese escritor aislado se encuentra muy furioso. Y la manera en que describe su compleja relación es muy parecida a aquella con la que el conde que protagoniza El jardinero se refiere a su lacayo. Algo que ciertamente no tendría que ser un problema dado que es al creador de ese temible personaje a quien escuchamos hablar ahora y es lógico que su discurso sea bastante parecido. Por más que encuentro ciertas expresiones y modulaciones repetitivas en ambos que no me parece que hagan bien a Ruido del arte. Al contrario, pueden provocar cansancio en quien haya disfrutado El jardinero. Por lo que, de entrada, entiendo que debo trabajar mucho más este aspecto narrativo. Darle más matices y aire a las críticas del escritor pues de no ser así, puedo caer muy fácilmente en la autocopia  o el refrito. A esto hay que añadir que la sombra de Thomas Bernhard se encuentra otra vez muy presente durante las primeras páginas de la novela. Algo que conseguí superar e integrar en El jardinero, dividiendo el cuerpo del texto en fragmentos, pero hasta ahora lógicamente no ha ocurrido aquí y comienza a martirizarme el no poder atisbar mi propia voz entre la maraña de nuevos folios.

Obviamente, con horas y horas de trabajo y la toma de las decisiones adecuadas, la novela irá perfilándose y ajustándose hacia aquello que deseo. Pero de momento, en los albores de la creación, esto no sucede y sería absurdo no hacer mención a ello pues se trata de un obstáculo que antes o después habrá que superar o al menos tratar con la inteligencia necesaria para que termine jugando a mi favor. Para lo que supongo, en principio, tengo que tener el cuadro del libro totalmente completado. Pues sólo entonces se ajustarán sus piezas y cada una de ellas se pondrá en el sitio que le corresponde. Shalam

 ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

 La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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