Martillo en Xalapa

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Estos días y los siguientes apenas voy a escribir en avería. Una costumbre que es casi sagrada para mí. Me proporciona tranquilidad, paz y calma y un cierto alejamiento necesario sobre aquellos libros en los que trabajo o las obras de arte que voy haciendo mías. El motivo básicamente radica en que realizaremos un performance escénico de Martillo en el Instituto Realia de Xalapa.

Lo cierto es que todavía no me creo que esto vaya a suceder. Un músico, Jorge González Álvarez, ha compuesto todo un soundtrack exclusivo para la representación y varios actores aceptaron el reto de interpretar un texto muy, muy difícil. Un auténtico desafío actoral que les exige máxima memorización y flexibilidad corporal que todavía hoy, me pregunto si serán capaces de llevar a cabo como fue imaginado.

En realidad, la performance Martillo debería ser algo parecido a una experiencia. Un ritual lleno de cuadros escénicos en movimiento que contribuyan a generar diversos sentimientos e imágenes sugerentes. Y lo cierto es que para llevar a cabo una empresa como ésta, creo que es necesario dar el máximo de cada uno de nosotros y sobre todo, dedicarle horas y horas hasta automatizar tanto el guión como diversas acciones. No ha sido posible en este caso porque cada uno de nosotros tenemos nuestras respectivas obligaciones y no tenemos ayudas de ningún tipo. Pero desde luego, eso no es obstáculo para que me parezca un logro increíble poder presentar un texto tan difícil como éste y que hayamos podido juntar a varias personas comprometidas con llevarlo a cabo.

Es tal vez un tópico lo que voy a decir, pero sí, intentaremos hacerlo, por supuesto, lo mejor posible y generar algún tipo de sinergia que permita un diálogo entre público e intérpretes que quiebre en varias trizas ese espejo engañoso que separa la fantasía de la realidad. Porque Martillo no es un libro que habla -aunque así lo parezca- de viejas ciudades árabes situadas en lugares exóticos. No. Martillo es una novela que, ante todo, remite a nuestro presente cuyo objetivo es, en cierto modo, quebrar algunos de los huesos que sostienen al poder en pie. Y lo hacen mantenerse inamovible e inalterable. Transformado en un gigante invencible al que confío que contribuyamos de algún modo a incomodar. Demostrando que, aunque así lo parezca y lo quieran, sí, muchos de nosotros todavía no estamos muertos. Shalam

من تسمّع سمِع ما يكْره

 Sin tigres en el monte, el mono es el rey

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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