Paz

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¿Es posible ser dichoso? Yo creo que últimamente lo estoy siendo. Estoy pasando junto a mi madre los últimos años de su vida. Estoy cerca de ella y puedo abrazarla varias veces al mes. También estoy en contacto diariamente con Susana. No disfruto de su presencia física pero diariamente comunicamos varias horas y su poder psíquico es tan grande que, realmente, la siento a mi lado.

Al despertarme, mi preocupación consiste básicamente en corregir averías o estudiar un poco mejor las obras o artistas de los que hablaré en los nuevos textos. Generalmente, siempre dedico un tiempo a la lectura de periódicos y otro a un libro. Hay semanas que consagro a revisar novelas ya terminadas y días en los que camino entre 10 y 15 kilómetros por la playa y aprovecho para bañarme. De vez en cuando, voy a alguna librería y firmo algún ejemplar de Martillo y Bruja a personas de gustos dispares. También suelo cruzar uno o dos mensajes semanales con amigos de mi adolescencia con los que me da mucho gusto estar en contacto.

Por otro lado, he vivido tantos años fuera de España y viajé con tanto frenesí en mi juventud que adoro estar en mi habitación. Si pudiera, de hecho, no saldría de mi casa en meses. He disfrutado de tantos grupos en directo que, ya pasados los cuarenta, me conformo con recordar los mágicos momentos que experimenté y escuchar los discos que me marcaron. Ciertamente, he de reconocer que a veces disfruto más escribiendo sobre ellos en avería que escuchándolos.

En realidad, mi felicidad consiste en estar cerca de Susana, mi madre y la literatura (y el arte en general). En el futuro a ese triángulo, eso sí, espero agregar un hijo que, de momento, aún tendrá que esperar un poco pero con seguridad llegará. Lo cierto es que suelo imaginarme hablando con (él o ella) muchas veces y no puedo evitar emocionarme. Afortunadamente, Susana comparte mi misma ilusión y sé que el destino me dará este último eslabón que necesito para realizarme. Obviamente, quisiera publicar algunos de los libros que tengo en el cajón pero estoy tan seguro de que se va a producir más pronto que tarde que tampoco me preocupa en exceso. Es cuestión de esperar mi momento y no adelantar los tiempos de dios.

Si me hubieran dicho hace 15 años que me sentiría feliz de la manera en que lo hago ahora, desde luego, no me lo creería porque me he convertido casi en un ermitaño. Sí es cierto que me hubiera gustado ser profesor de literatura pero el destino dijo que no de manera tan abrupta en dos ocasiones que no me apetece volver a intentarlo. Y de hecho, debo reconocer que soy más feliz pensando en los averías que escribiré que no en las clases que podría dar. Creo, sí, que ese oficio no era para mí.

No voy, por otra parte, tampoco prácticamente a reuniones sociales. En realidad, soy más feliz solo y no me aportan ya demasiado. Eso sí, he de reconocer que, lamentablemente, la dicha no puede ser del todo completa. Es ciertamente muy frustrante el juego que está desarrollando Boca Juniors en los últimos tiempos. Tanto que, a pesar de estar a dos semanas tan sólo de disputar una semifinal de Libertadores, no me encuentro especialmente nervioso ni contento. Y eso sí que no lo puedo perdonar porque debo reconocer que hay pocas cosas que me hagan más ilusión que Boca se proclame de nuevo campeón de América. Shalam

إِذَا أَرَادَ اللَّهُ هَلاَكَ النَّمْلَةِ أَنْبَتَ لَهَا جَنَاحَيْنِ

La mitad de los seres humanos actúan sin pensar y la otra mitad piensan sin actuar

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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