Xalapa

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Supongo que serán los años pero cada vez soporto menos los viajes. He de reconocer que durante esta última visita a España, he disfrutado reencontrándome con mis grandes amistades pero también que el esfuerzo realizado para poner en orden mis asuntos, unido a los compromisos ineludibles adquiridos con la administración, han acabado produciéndome hastío y, sí, desequilibrándome. Más aún, si a esto se le añade el hecho de que a mi vuelta a México, me he visto obligado a llevar a cabo un cambio de domicilio. Lo que ha provocado que en los últimos 30 días apenas haya tenido tiempo para mí, no haya escrito ni una sola línea y en cuanto a lecturas, únicamente haya podido terminar libros que tenía atrasados y ya muy adelantados.

He de reconocer que, no obstante, este frenesí social también me ha hecho muy feliz y, sobre todo, era necesario. Pues a los trámites administrativos para formalizar mi residencia mexicana, se unía el deseo de festejar el trabajo conseguido en Xalapa que confío, marque un antes y un después en mi existencia. Aunque como he dicho anteriormente, ya estoy fatigado de tantos encuentros personales. Y deseo -o más bien necesito- como un hambriento el mendrugo de pan, empezar a escribir, hablar de libros y sumergirme en mis creaciones y trabajo pues de no ser así, entiendo, sé con certeza, que moriría.

Me suele resultar difícil expresar mis sentimientos. Quienes me conocen, saben que hablo sobre los más variados temas y suelo tener el ánimo alto pero apenas profundizo en lo que verdaderamente siento. Pero si he de ser sincero, actualmente estoy muy contento. No me siento ahora como cuando empecé este blog con la urgencia absoluta de escribir pero sigue anidando en mi interior -y seguramente continuará allí hasta el fin de mis días- una angustia y necesidad por hilar reflexiones que me mortifica y hace feliz al mismo tiempo. Me recuerda que, lo quiera o no, no puedo dejar de escribir y no me permite disfrutar estos momentos actuales con la serenidad adecuada pero al mismo tiempo, me sumerge en un agujero colmado de gozos tremendos cuando cumplo con mi deber: finalizar una página, corregir el capítulo de un libro a medio hilvanar, comenzar a leer una nueva novela o ensayo, etc.

Me resulta curioso, por otra parte, que la mayoría de mis obligaciones actuales sean personales. Hasta agosto no tengo compromiso alguno de trabajo y sin embargo, me siento forzado a escribir con regularidad en este espacio y  quisiera realizar la nueva corrección de La risa oscura. Y a estos quehaceres (y también placeres) se le añade mi lista de lecturas atrasadas que crece y crece, mis inmersiones en la cultura mesoamericana así como la disciplina deportiva, marcial, (Karate), que he comenzado a practicar desde hace unos días. Lo que provoca que, en tiempo de asueto y paz, me sienta mucho más inquieto de lo normal. Y apenas tenga descanso. Hasta el punto de que, en los últimos días, he tenido que realizar ejercicios de relajación profundos para conseguir centrarme y encontrar un punto fijo y de sostén en la tierra. Algo que, de una u otra manera, acabaré consiguiendo con el discurrir del tiempo. Es únicamente cuestión de ser una roca, reconocerse eterno, y dejar que las cosas se vayan sucediendo.

Sucede que para mí todo aquello que ocurre, está relacionado (o debe estarlo) de una u otra manera con la literatura. Y no encuentro forma de cristalizar mi alma de nuevo en esta realidad si no es escribiendo. Por lo que creo que ya es momento de poner en marcha de nuevo Averíadepollos. No en este caso, como un remedio contra el suicidio pero sí contra el nerviosismo, la inquietud, el hastío y el descontrol. Pues, al fin y al cabo, avería es para mí un hermoso lienzo repleto de todo tipo de objetos maravillosos cuya mera existencia hace que me relaje, profundice en mí mismo y penetre en otra vida. Me adentre en los flujos y reflujos de un océano interminable donde se escuchan inolvidables melodías tocadas por violinistas árabes y se vislumbra un palacio de espejos en el que mi rostro, se desdobla, bifurca y transforma continuamente hasta ser irreconocible. Entremezclándose con un sinfín de personajes: geniecillos de los cuentos de Las 1001 noches, bellas mozas adictas al amor descritas por Bocaccio, viajeros perdidos en el tiempo, simios que pronuncian palabras con mayor precisión que los humanos y hombres que se transforman en lobo cuando la luna llena reina en la noche, los soldados brincan entre el fuego y don Quijote arroja su lanza al cielo.

En fin. Si he de ser sincero, no sabía, en verdad, cómo comenzar de nuevo a escribir en avería tras estos 30 días cargados de tantas emociones. Sí que sé, sin embargo, que después de lo escrito, vuelvo a sentirme tranquilo, relajado y confiado en el futuro. Volando en la alfombra mágica sobre un cielo púrpura hacia el otro lado del espejo. Ese mundo donde demonios benefactores constantemente me sugieren secretos al oído, y me siento fluir en un tiempo eterno, rodeado de juguetones gárgolas que saltan conmovidas de emoción conforme voy hilando frases que tal vez hagan reír a los espíritus de la noche. Esos mismos espíritus que me han ido sacando de situaciones terribles y confusas en diversas etapas de mi vida, permitiéndome estar aquí y ahora, entero, de pie, mirando las montañas de Xalapa. Sabiendo que pronto volveré a recorrerlas. Y que la nueva corrección que comienzo de La risa oscura saldrá estupendamente como la futura que realizaré de El jardinero a partir de septiembre. Y que mientras tanto, continuaré escribiendo en averíadepollos: un caleidoscópico texto a través del que confío seguir dejando testimonio de los manjares y dulces que he ido probando en este viaje personal que únicamente tendrá sentido y justificación si finalmente, consigo crear un libro que me sobreviva y perdure. Shalam

كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

Los accidentes en el mundo son más numerosos que las plantas de la tierra

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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