Acorralado

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Acorralado (First blood) es una película realmente interesante que posee un aura que continúa fascinando. La montaña boscosa, por ejemplo, donde John Rambo se guarece y va cazando uno a uno a los policías que lo persiguen, posee una densa atmósfera misteriosa. En realidad, no es tanto una montaña de película de acción sino de terror. Hay algo en ella que recuerda a todas esas donde yacen ocultas brujas y psicópatas en múltiples producciones norteamericanas. Algo con que sutilmente juega el director Ted Kotcheff puesto que el ex-combatiente de Vietnam, John Rambo, es en cierto sentido, un asesino serial para la sociedad que lo desprecia e ignora representada por el hosco y rudo sheriff Will Teasle. De hecho, percibimos al momento que es un hombre de buen corazón al que sin embargo la historia que lleva a sus espaldas no le permite redimirse. Es en definitiva tanto un paria como un monstruo social. Una bestia incontrolable que sin embargo, lo que pone de manifiesto es precisamente el horror que esconde el típico pueblo tranquilo norteamericano símbolo de una sociedad amnésica y desagradecida.

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Hay quien ha comparado a John Rambo, una creación desbocada y sin control del ejército norteamericano, (concretamente del coronel Samuel Trautman) con la criatura creada por el Doctor Víctor Frankenstein en la novela de Mary Shelley. Y lo cierto es que, salvando las distancias, ambos personajes son equiparables. Porque son incomprendidos, inadaptados y deben refugiarse y huir de la sociedad común en entornos naturales. En ambos late una tristeza inconmovible que en el caso de John Rambo estalla en esa catártica escena final de la comisaria donde implora por el amor de sus compatriotas tras la que termina entregándose a las autoridades.

Hay por cierto un escalofriante capítulo en la novela de Morrell en el que John Rambo se encuentra en una cueva de murciélagos, que vendría a dar la razón indirectamente  a quienes advierten del parecido entre el guerrero y Frankenstein. Puesto que si bien, al principio parece que las nocturnas aves le atacan, en realidad, su frenético vuelo le muestra el camino a la luz. La salvación. Si Rambo tiene enemigos no se encuentran desde luego entre los animales ni en los hados de la noche sino en la civilización. En los despachos de funcionarios y las consignas de los políticos. Su hábitat es la selva. Allí es -perdónenme la comparación- como Maradona en un campo de fútbol. El puto amo. En la ciudad, una traumática sombra sin rumbo.

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En realidad, el John Rambo verdadero es el de Acorralado y no el de las secuelas porque es el más fiel al que aparece en la fantástica y bastante más cruda novela de David Morrell. En ella, Rambo es mucho más despiadado que en la película. Tiene una lucha interior consigo mismo que se basa no tanto en matar o no matar (ante la duda, dispara y asesina y de hecho, casi que disfruta haciéndolo) a quienes le persiguen sino en desempeñarse de la mejor de las maneras, sin fallas, como un militar eficaz, en la montaña. Así que no sufre tanto por atacar a la sociedad civil como por no hacerlo con la ferocidad y profesionalidad debidas. Las más eficientes. Lamenta, por ejemplo, no haber matado al sheriff tras perseguirlo por unos matorrales de zarzas y se recrimina cualquier duda o vacilación.

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En la novela de Morrell se establece una lucha mucho más equilibrada y acusada entre el sheriff Will Teasle y John Rambo que recuerda a la que se produce entre el capitán Ahab y la ballena Moby Dick en el mítico libro de Melville. Hay una identificación y una obsesión destructiva entre ambos contrincantes que, poética y metafísicamente, mueren casi conjuntamente en una escena que recuerda a las del spaguetti western y que, obviamente, da para una reflexión filosófica más amplia puesto que, antes de expirar, Rambo piensa una y otra vez en la posible existencia de Dios y el sheriff reconoce estar lleno de amor hacia el muchacho al que ha tratado y perseguido como un salvaje. Una conclusión gloriosa a la que se añade el tiro con el que el coronel Trautman acaba con su criatura.

Obviamente, los productores y Silvester Stallone cambiaron ese final sin el cual no habría existido la saga Rambo. Aunque hay uno alternativo que llegó a rodarse y presentarse en público en las clásicas pruebas de producción en el que Rambo se autoinmola disparándose con la pistola de su mentor: Trautman. Un papel que por cierto iba a ser interpretado por Kirk Douglas quien oteó que en el libro de Teasle se escondía una magnífica historia y aceptó aparecer en el filme. Aunque realmente nunca estuvo de acuerdo con los cambios sufridos en el guión cinematográfico. El Rambo de Stallone es un buen salvaje (con cierta posibilidad de redención) y el de Morrell un salvaje peligroso y desbocado. Casi un psicópata. Un vagabundo. Así que Douglas tenía muy claro que el ex combatiente de Vietnam debía morir. Petición que no fue aceptada y provocó que fuera finalmente Richard Crenna quien interpretara tan icónico personaje. Alguien que llena al completo la pantalla, con siete u ocho frases reclama toda nuestra atención y se hace con la película rápidamente hasta el punto de casi socavar en ciertos momentos la incandescente y explosiva figura de Rambo.

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Hay algo en Acorralado que es puro. Muy puro. Es difícil no empatizar con ese personaje del que alguien dijo que era una mezcla entre Tarzán y una máquina de matar, pero que yo compararía con Conan y un héroe de cine apocalíptico. Al menos en las siguientes secuelas. Porque en Acorralado es casi un hijo putativo del personaje de El fugitivo. Alguien perseguido a muerte por todo el mundo. No sólo no es querido por los miembros e la sociedad civil que se oponían a la obsesión bélica de las distintas administraciones de su país sino por los veteranos de otras guerras como la de Corea o la Segunda Mundial en las que los norteamericanos o bien vencieron o bien no salieron de allí tan humillados y desgastados como lo hicieron de Vietnam. Esa enorme cicatriz que aparecía por todas partes en el cine de finales de los 70 y principios de los 80 y Stallone quiso empezar a sanar. Aunque la novela de Morrell vislumbraba que sería imposible. El horror, ya lo sugerían Conrad y Coppola, llama a más horror. El infierno físico había terminado pero el mental acababa, por así decirlo, de comenzar. El mayor enemigo siempre termina siendo el interior. Shalam

ما هو الجحيم بالنسبة للبعض هو موطن للآخرين

Lo que para algunos es un infierno, es para otros su hogar

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….la mili, un makuto y 18 meses……..un horror……..r…….
    2ºimagen:….el bosque sin «fendetestas»-jose luis cuerda-1987…..
    3ºimagen:…..la virgen del amor hermoso!!!…………..
    4ºimagen:…..me caso en soria!!…(es un error actuar ahora)…………
    5ºimagen:….a mi me da igual lo que diga este tio que se le parece al cantautor ismael serrano de viejo…..sr……
    6ºimagen:……»espartaco»-1960-stanley kubrick y el que desayuna 12 claras de huevos antes de entrenarse casi de madrugada……………….
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=4N-NrucQcB8…..zaire-1974..james brown—-no te digo ná….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Beat generation. 2) Bosque de la bruja de Blair. 3) Viernes 13. 4) Camaleón. 5) Tu peor pesadilla. 6) Un cartel a mitad de camino de los clásicos de los 50 y los de la Canon. PD: impresionante el traje, el bigote, el baile, el cántico y los ejercicios acrobáticos.

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