El crimen

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El crimen de Cuenca nació por el interés del productor Alfredo Matas de realizar una película que replicase el éxito de El expreso de medianoche en nuestro país. En principio, ese era el objetivo. Rastrear en la crónica de España una historia de presos que pudiera ser comparable a la experimentada por Billy Hayes en Turquía. Obviamente, había que evitar en lo posible hacer referencia a las cárceles franquistas o a las torturas sufridas por miembros de un bando u otro durante la Guerra Civil. Por lo que la guionista Lola Maldonado tuvo que remontarse a un cruento suceso ocurrido a principios del siglo XX en Tres juncos y Osa de la Vega (Cuenca): la tortura, posterior juicio y condena de dos hombres de tendencia anarquista -Gregorio Valero (guarda) y León Sánchez (mayoral de finca)- acusados de haber matado a un pastor apodado «El Cepa» para robarle las ganancias obtenidas por la venta de unas ovejas.

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El rodaje se desarrolló sin excesivos problemas. El reparto era de lujo. Héctor Alterio, Amparo Soler, Daniel Dicenta, Mercedes Sampietro y Fernando Rey entre muchos otros actores participaron de un proyecto encomendado a una joven, esquiva y ardorosa Pilar Miró. Una mujer con un carácter complejo, difícil y férreo ideal para sacar el proyecto adelante. Lo que nadie, en principio, podía pensar (aunque ciertamente sí que había ciertas dudas y aprensiones) era que El crimen de Cuenca no se pudiera proyectar durante dos años al considerarse denigrante para la imagen de la Guardia Civil. Un acontecimiento en una España aletargada por el régimen franquista y temerosa de rememorar su reciente pasado que la convirtió en un símbolo libertario y provocó su enorme éxito posterior. Hasta el punto de que resulta realmente difícil juzgar sus méritos cinematográficos.

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El crimen de Cuenca es más que una película. Condensa tantas emociones, ilusiones, miedos y proyecciones que, aún hoy en día, resulta difícil hablar de la película en sí misma. Todo lo que se diga puede ser malentendido como todo lo que se dijo en su momento lo fue. Básicamente, porque -no lo olvidemos- lo que se deseaba era imitar el éxito de El expreso de medianoche. No realizar ninguna denuncia expresa que ayudase a impulsar el cambio político que se ansiaba. Pero, finalmente, como ocurrió con la Revolución Francesa, el azar y las circunstancias se impusieron, los hechos se precipitaron y los actores políticos o bien intentaron preservar su parcela de poder sin medir las consecuencias o reaccionaron con excesivo miedo sin calibrar lo que estaba ocurriendo.

Un cúmulo de circunstancias que provocaron que, tras un largo viacrucis y todo tipo de escándalos, El crimen de Cuenca se convirtiera en el éxito que perseguía su productor no tanto (que también) debido a la contundencia de sus imágenes sino por la aprensión de los estamentos políticos que se vieron amenazados por ellas. Un efecto rebote perfecto que se incrementó a niveles pocas veces vistos anteriormente en nuestro cine gracias al fracaso del golpe de estado de Tejero.

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Dicho esto, creo que El crimen de Cuenca es un muy buen filme. Pilar cuidó muchos de sus aspectos. Por ejemplo, el principio de la película es un claro homenaje a la magnífica El crimen de la calle Bordadores de Edgar Neville. Obra con la que internamente dialogaba durante todo el rodaje, atreviéndose a mostrar aspectos que, obviamente, los cineastas que realizaron su carrera durante el régimen franquista nunca pudieron plasmar puesto que, en caso de haberlo hecho, hubieran sido expulsados del país o encarcelados.

En este sentido, hay algo en El crimen de Cuenca de revancha por tantos años de silencio y oprobio. La obra es un puñetazo directo a las entrañas del poder militar. Miró llegó donde no había llegado nadie hasta entonces en nuestro cine. Afirmar que su película es prácticamente una excursión por el teatro del horror es muy osado. Pero algo de eso hay. Si no fuera porque logró equilibrar perfectamente lo documental con lo espectacular y atendió también con bastante sobriedad a los vericuetos políticos y judiciales de la historia, El crimen de Cuenca sería casi una adaptación de un relato del Marqués de Sade. Una excéntrica ramificación del gore europeo: gore castizo. De alguna forma, es nuestra Saló.

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En realidad, Pilar Miró realizó un retrato social y político bastante conseguido de la España eterna que reflejaba como un pincel a la suya. El crimen parece una película de época y lo es. Pero también es un retrato de nuestra historia reciente. Y por eso las estructuras del régimen franquista que todavía no habían dado su brazo a torcer y pactado con el resto de partidos políticos para traer a España el actual régimen de libertades concedidas (no conquistadas) en el que vivimos, se sintieron vejados y atacados.

En cualquier caso, su análisis estaba tan logrado que El crimen de Cuenca podría compararse perfectamente con muchas de las clásicas novelas de Ramón J. Sénder (quien también trató el mismo suceso en una de sus obras), Pío Baroja o Azorín. Sin ir más lejos, su descripción del poder era tan marcada como exacta. Miró no ponía el foco en ella sino en sus consecuencias. Pero daba igual. Le bastaban dos apuntes, unas cuantas conversaciones y varias miradas para que a todos nos quedara claro el trasunto político por el que fueron condenados aquellos dos inocentes y la trama real de la película: la sempiterna ausencia de límites del poder político en España. La inexistente separación de poderes. La total y absoluta monopolización legal de la violencia por parte del Estado (y su consecuente arbitrariedad) y de los partidos que iban rotándose en el gobierno.

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Los vericuetos sufridos por la película dieron completamente la razón a la visión de Miró. Otra cosa es si lo que el público quiso (o necesitó) ver en El crimen de Cuenca se ajustaba a lo que Pilar había querido transmitir. Simplificando mucho, creo que la mayoría vislumbró en las torturas sufridas injustamente por Gregorio Valero y León Sánchez las experimentadas por miles de socialistas, comunistas y anarquistas pertenecientes al bando republicano durante el régimen franquista. Que las peleas entre ambos reclusos sirvieron, a su vez, de metáfora de la España partida en dos por las injusticias de toda guerra. En este caso, concreto de la Guerra Civil. Y que el abrazo final de Gregorio y León frente al resto del pueblo y la Benemérita (organización tuteladora del proceso) sirvió como proyección del deseo de reconciliación de una España eternamente enfrentada (incluso entre partidarios de las mismas ideas) y la necesidad de olvidar, aunque fuera momentáneamente, el cainismo entre todas las facciones y estamentos sociales para avanzar hacia otro lugar ya no utópico sino factible.

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Por otra parte, el inesperado regreso de «El Cepa», en cierto sentido, era casi una imagen especular de la ansiada libertad llegada a España cuando menos se la esperaba. Cuando ya se la daba por muerta. Su renacimiento. Otra cosa es si esa libertad fue real o no o terminó de implantarse definitivamente. Si la libertad recayó en el pueblo o los políticos. En cualquier caso, lo que sí parece claro es que, durante unos años, muchas personas tuvieron la ilusión de que la libertad reinase en España. Y el mismo hecho de que, finalmente, pudiera proyectarse la película, Tejero fuera encarcelado y se cambiara la ley de espectáculos públicos para que ningún organismo militar pudiera secuestrar una obra artística, parecía apuntar a esta posibilidad sin la cual no se entiende el descomunal éxito de esta sobria, concisa y efectista película de Miró. Una de esas obras que demuestran lo importante y peligroso que el arte puede llegar a ser cuando es verdadero. Shalam

إذا لم تكن بحاجة إلى أحد فلن يخيب ظنك أحد

Si no necesitas a nadie, nadie te decepcionará

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…….pueblo, guardia civil, clero y autoridad competente todo una imagen demasiado rancia…..
    2ºimagen:……pareta encalada….tres monjas, digo tres picoli, digo una cruz…………..
    3ºimagen:….pensaban que esto era sudamerica…….que disparate………
    4ºimagen:….procesion…..»ascensor para el cadalso»1958-miles davis-………….
    5ºimagen:……mira la pierna dech del hp de la izqd……te hace la sangre negra……….
    6ºimagen:…..el poder y sus poderios…….
    7ºimagen:…el pueblo y sus atropellos
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=PW-SxgZViuk……….

    • 1) Documental sobre los pueblos de España. Suena música de Antón García Abril. 2) Nueva versión de Caín y Abel. Combate callejero. 3) Foto para ser subvertida en diferentes secuencias por el Equipo Crónica. 4) Suena la música de Curro Jiménez. El bandolero los liberará. 5) Tres días y noches de sufrimiento. Nuevas versiones de Sade. Un lienzo. 6) Una escena de película de Visconti metida armónicamente en Saló. Pasolini. 7) Imagen de décimo de lotería. Nombre «El Cepa». PD: Excelente esa banda sonora. Una de las míticas.

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