Destructor

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Dentro de varias décadas, Michael Ironside probablemente no sea más que una nota a pie de página en un libro sobre la historia del cine. Tal vez incluso ya lo sea. Pero sin actores de su tipo, ese ensayo no existiría porque sobre los hombros de profesionales como él recae gran parte del peso de la industria. Cualquier productor de tres al cuarto con un guión medio decente se podía atrever a llevar a cabo su proyecto y estar más o menos seguro del resultado si contaba con el teléfono del agente de Ironside. Un señor cuyo rostro, aura y actitud lo han encasillado en violentos y agresivos papeles que ha ejecutado siempre con absoluta profesionalidad. Aunque su vocación primera no era la de actor sino la de escritor.

No resulta en verdad difícil imaginarlo leyendo novelas del género que más ama -la ciencia ficción- o presentando a algunos de los autores de los que se ha nutrido en una convención. De hecho, su rostro encaja perfectamente con el de cientos de personajes de las novelas clásicas de Richard Matheson, Robert A. Heinlein, Philip K. Dick o Poul Anderson. Por más que hay algo malsano y turbio en él (que David Cronenberg detectó perfectamente) que, en otras circunstancias, (de trabajar en el cine europeo tal vez), le hubiera permitido encarnar roles de personajes angustiados y nihilistas propios de una novela de Sartre o Dostoievsky o un cuento de Poe. ¿Qué hubiera hecho Herzog con él de cruzarse en su camino?

En verdad, si me encuentro con Michael en un bar y alguien me dice que ese tipo bebe láudano habitualmente y ha perdido a su mujer e hijos en un accidente de automóvil recientemente, me lo creo. Pero también me creería a quien me dijera que, en realidad, procede directamente del siglo XXX y posee una máquina escondida en el sótano de una mansión situada en los extrarradios de una megalópolis moderna. De hecho, su presencia encajaba perfectamente en los filmes que rodó, entre otros muchos directores, con Paul Verhoeven y creo que hubiera sido un replicante ideal en caso de que Ridley Scott o Denis Villeneuve hubieran contratado sus servicios para la realización de sus dos versiones de Blade Runner. Lo imagino, por ejemplo, como compañero distante de Rutger Hauer y no puedo dejar de salivar. Algo que también me ocurre cuando lo vislumbro interpretando al villano de Robocop. Un papel que no llevó a cabo por muy poco aunque, ciertamente, su personalidad es tan magnética que juraría que sí que participó en aquel filme.

Lamentablemente, los estudios norteamericanos no sacaron mucho partido de la vertiente nihilista y existencialista de un rostro como el suyo y fue encuadrado en papeles de malo. De «comeperros», como él mismo les denominaba, ironizando con su encasillamiento en roles de tipos violentos con escasos matices sentimentales que, tirando de símil culinario, serían prácticamente los perritos calientes o las hamburguesas pasadas de mostaza de la gastronomía contemporánea. Algo que podía haber sido distinto de haber seguido trabajando con Cronenberg más allá de  la potente y demencial Scanners

Ironside era el tipo perfecto para desfilar entre los bastidores de distintas escenas de La zona muerta, Videodrome o La mosca. Echarse un autodestructivo pulso con Jeremy Irons en Inseparables. Pero supongo que el envión recibido a partir de la buena acogida de aquel filme consagrado a los telépatas, le abrió las puertas a diversos proyectos alimenticios que le proporcionaron una seguridad económica y laboral de la que carecía hasta entonces. Y, entre unas cosas y otras, -contratos ya firmados, incompatibilidad de fechas y, sobre todo, el éxito de su participación en V– ya nunca volvió a unir sus caminos con el director canadiense. Distanciándose casi para siempre del cine de autor. Algo lamentable desde el punto de vista artístico (¿quién no lo imagina, asimismo, apareciendo de tanto en tanto en los filmes de John Carpenter o en un bar o estudio cinematográfico en Carretera perdida o Inland Empire?) porque creo que nos perdimos al gran actor que todos intuimos que hubiera sido de trabajar con los realizadores y proyectos adecuados pero que, por otra parte, entiendo que alegraría a muchos productores sabedores de que su presencia en pantalla siempre daba lustre y arreglaba cualquier estropicio cinematográfico.

En sus mejores momentos, Ironside tenía la capacidad de convertir un filme de sobremesa sin ningún interés en metralla. En la mayoría de sus papeles, está digno. Aporta gravedad. Dureza. Te lo crees. Parece un tipo que disfruta de matar y al que no le importa que crean que disfruta de matar. Percibes que se divierte. Su aparición en V fue fulminante. La resistencia contra los reptilianos procedentes de la estrella Sirio parecía un juego de niños de escritores románticos hasta que él apareció y la convirtió en adulta. Bastó ver su rostro de cemento disparando contra los visitantes para saber que, ahora sí, los humanos iban en serio y los invasores iban a sudar sangre para derrotarlos.

Ironside es realmente ideal para interpretar a terroristas, militares, hombres duros sin ética e ideales puesto que imaginamos que se altera menos al cortarle el cuello a un enemigo que al besar a una mujer. Que sufre más al darle la mano a un compañero que provocando el caos con una banda de secuestradores en un aeropuerto.

En realidad, es un gancho de hierro. Jazz industrial. Te sostiene una película hecha con cuatro duros con tres insultos, una mirada de odio, unos cuantos disparos o restregándose la nariz con unos polvos blancos simulando una raya de coca. Ahora que tan de moda están los documentales, no entiendo cómo no existe uno sobre su vida o algún director no se ha acercado a él para proponerle realizar un experimento del cariz del realizado por Michael Jonze en Beign John Malkovich. Ironside da para eso y mucho más. Por ejemplo, para protagonizar unos cuantos filmes de terror. En casi todos los libros de Stephen King aparece un personaje que podríamos identificar con él. Alguien frío y desquiciado al mismo tiempo. Letal y seguro de sí mismo pero perseguido por fantasmas de su pasado y escalofriantes sucesos.

Estoy convencido por otra parte que, de haber nacido unas décadas antes, hubiera sido alguien muy socorrido en los rodajes alimenticios de Roger Corman o incluso en el mundo de los spaguettis westerns. Pero habiendo llegado al éxito en los 80, tuvo que conformarse con los seriales televisivos y decenas de películas realizadas para ser contempladas en aviones, gimnasios, hoteles o insomnes madrugadas. Algo que lo ha terminado convirtiendo en un espectro. Da la sensación de hecho que su presencia fantasmagórica recorre las televisiones de medio mundo. Que en cualquier momento, puede aparecer en pantalla. Y aún diría más, tengo la impresión de que él es el villano de centenares de película de acción en las que no aparece como el caso de La jungla de cristal, Batman o Network. Consecuencia, supongo, de haberse mimetizado perfectamente con sus papeles y con el medio. Dotar de dignidad a la basura. Y, sobre todo, de hacerla creíble. Realizar con idéntica seriedad cualquier trabajo: desde poner su voz a un videojuego hasta realizar el papel de loco estúpido en una película rodada en cuatro días con los recursos justos o el de General en una superproducción de superhéroes de Marvel. ¿Qué cojones espera, por tanto, Quentin Tarantino para darle un papel crepuscular en uno de sus filmes? Shalam

الرجال يسيئون لمن يحبون قبل من يخافونه

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. En una peli de Godard, le preguntan a un director de cine o escritor importante.
    – Sr. X, Nos podría decir que es lo más le gustaría ser ?
    Y X respondió
    – Pues sí, me gustaría ser inmortal y luego morirme.

    • Muy buena esa frase de peli de Godard que pega perfectamente con este actor tan hauntológico. Término que no conocía hasta ayer. Pertenece a Derridá pero creo que va muy bien con este avería y tu comentario.

  2. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:..el rostro no tiene la actitud de las escenas de disparo-muerte de godard(vivir su vida-1962)…sonrisa
    2ºimagen:….este rostro se dirige a ser guapo……….
    3ºimagen:……entre ceja y ceja la cicatriz de la bala(muy buen comienzo de un suceso, tan solo hay que cambiar el soporte(no en la frente humana si en la frente de un gato, o de una hormiga o de una maleta, solo hay que elegir lo que vendria bien al asunto)………en chinatown corte en la ternerilla de la nariz…jajajjjj
    4ºimagen:……hostia, de nuevo la carne rota en el careto………..
    5ºimagen:…. el corte ingles……(dejariamos la silleta con el bebe que se deslice sin tener que ir cayendo escalon en escalon en las escaleras de la estacion….https://www.youtube.com/watch?v=CXSYSUVqhlg……y la bajista(gail ann dorsey lleva los calcetines a juego)…sonrisa……..

  3. 1) Desde luego que no. Pero en blanco y negro, esa foto pasaría por algo especial. 2) Bruce Banner camino de transformarse en Hulk o Un personaje de Dostoievsky antes de suicidarse. 3) Un alien dentro de carne humana. Otro proceso de transformación. 4) En vez de herida por Vietnam, herida por terrorista. Por participar en atentado en rascacielos. 5) Imagino esta foto en una vitrina del cine Carlos III. Varios niños la ven junto a otras fotos y se emocionan y piensan que sí… que va a merecer la pena gastarse el dinero de la paga del sábado en el cine. No soy fan de esta etapa de Bowie. Pero aun así, todo es siempre interesante. Cualquier coa que hacía. La bajista me impresionó cuando la vi en directo en los Pirineos en el 95 o 96. Nunca la olvidé. Excelente look y aportación. El complemento femenino de Alomar.

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