Enemigo mío

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Enemigo mío tiene muchos aspectos disfrutables y otros no tanto. La verdad es que no resulta muy sugestivo ver gesticular y sobreactuar a Dennis Quaid durante casi dos horas. El final es, por supuesto, desastroso. Previsible y ñoño a más no poder. Y resulta realmente irritable el hecho de que se aproveche cualquier momento para intentar sacar la lágrima fácil al espectador y conmoverlo. ¡Joder! ¡Los espectadores también pensamos! ¡No somos máquinas sentimentales ni robots llorones!

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No es muy difícil darse cuenta de que este proyecto no estaba pensado para alguien como Wolfgang Petersen. Puesto que poseía un toque Disney -esas escenas del principio y una infantilización muy marcada- que hacían que fuera un director funcional y sin personalidad (como era el caso de Richard Loncraine) el apropiado para llevar a cabo el proyecto y no alguien capaz de poner un pie una obra tan portentosa como El submarino. En cualquier caso, como Petersen acababa de rodar La historia interminable, cuando Loncraine se desvinculó del proyecto, (más bien, lo echaron), los productores confiaron en él para que tomara las riendas de un filme que parecía abocado al fracaso. Aunque se vio obligado a hacer tantas concesiones que, a pesar de su empeño, no tuvo modo de salvarlo. Por más que sí es apreciable en muchos momentos su toque. Creo de hecho que a él hay que acharcarle esa malsana y violenta oscuridad del planeta donde se desarrolla la obra.

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Dicho esto, Enemigo mío también posee momentos memorables. Amo, por ejemplo, la escena del lago en la que el piloto interpretado por Quaid cerca al Drac y, al final, es capturado por su enemigo. Me parece también muy bien desarrollado el embarazo del alienígena y el contraste entre el salvajismo del humano y la racionalidad y templaza del alien. Así como los distintos momentos en los que ambos parecen enloquecer debido a la extraña fauna del planeta, su angustiosa situación y la desbordante atmósfera del entorno donde se encuentran. Casi todo el arco que narra la relación entre el humano y el Drac merece la pena. (Supongo que da al menos para un pequeño artículo sobre la “otredad” y para más de una comparación con la relación que mantienen Robinson y Viernes en la novela de Defoe). Y casi que también es muy destacable, el de Quaid como padre adoptivo del Drac recién nacido. Pero el resto creo que está destinado a niños de menos de 12 años.

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Más allá de todas sus irregularidades, hay algo que me gusta mucho de Enemigo mío. Que es una película sin complejos. Que son tan claras sus intenciones y deseos que al final no transmite falsedad sino pureza. De hecho, por momentos hasta me hizo creer que los seres humanos podemos ser buenos. Eso es lo que me gusta de esta rareza infantil. Su apuesta desatada y sin miramientos por la posibilidad de un entendimento entre criaturas incluso de distintos mundos. El hecho de que verla sea una especie de pausa en medio de las batallas cotidianas y que desborde tanta inocencia que al final los inmensos defectos que posee hasta se me olviden. Shalam

مع التمرد ، يولد الوعي

Con la rebelión, nace la conciencia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:……….yo soy africa………….
    2ºimagen:……atiende humano, que sucede alli…….voy …..yo te vere desde aqui insecto guerrero……..

    • Me río con el Yo soy África. Tal vez yo soy tú. Me encanta la atención con la que miran hacia el horizonte. Parecen estar contemplando algo realmente asombroso.

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