Joker

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No estoy de acuerdo en que el Joker de Todd Philips sea una oda a los desclasados. Un biopic sobre un esquizofrénico donde se realiza además una disección más o menos acertada sobre la lucha de clases. De hecho, creo que ese tema es absolutamente secundario y no es más que una rémora que hay que pagar para ir al tema central de la obra: la perversión. Básicamente, porque aunque Joker sea un filme con el aroma de los 60 y los 70, ha sido estrenado en el año 2020. En una época donde la confusión es tanta que la locura es norma, los disparates de los ignorantes e incultos se convierten en ley, la inteligencia es una virtud totalmente ridiculizada y la bondad una úlcera a extirpar. Por lo que insisto en afirmar que Joker es en realidad una película sobre la perversión. Sobre este mundo en el que los obreros pagan por trabajar, los escritores se convierten en hombres anuncio, los abogados hunden aún más en el lodo a quienes deben proteger, los bancos ya no dan intereses sino que cobran por guardar nuestro dinero, libros trabajados pacientemente durante años se descargan gratis mientras se pagan enormes cantidades de dinero por obras de arte sin valor alguno, estafadores espirituales se hacen de oro a medida que la gente le da la espalda a los mensajes de Cristo y los periodistas desinforman.

Joker capta perfectamente el espíritu de deliciosos filmes de Scorsese como Taxi Driver o El rey de la comedia pero bajo mi punto de vista, sus alcances se encuentran más cerca de David Foster Wallace, Chuck Palahniuck o Thomas Pynchon que de las películas previamente citadas. Porque es un lúcido y corrosivo reflejo de la perversión travestida de bondad actual. De hecho, Todd Philips deja claro esta realidad desde las primeras escenas: los niños y adolescentes no se ríen con los payasos sino que los golpean y le roban su escaso dinero, las carcajadas de los bufones son angustiosas y no carnavalescas, los alcaldes y gobernadores de las ciudades están podridos hasta las patas de corrupción, los médicos carecen de empatía y son parecidos a jueces, las víctimas son consideradas culpables y los culpables pasan por ser víctimas, los centros psiquiátricos son cárceles de terror y los ídolos del espectáculo lo son porque desprecian a las masas. Lo que da lugar y explica no sólo el surgimiento de un Joker sino su transformación en héroe. En un sangriento icono que reina sobre una sociedad sin referentes. Ejemplo claro de esa transvaloración de los valores nietzscheana que da paso al superhombre. A las bestias de fuego que asesinan y aman con idéntica facilidad e imponen su yugo sin sentimiento alguno sobre un mundo en el que los buenos son ahorcados y sacrificados sin piedad y los malvados poseen el poder.

El guión de Joker tiene ciertos defectos y sinsentidos. Algunos detalles no encajan. Pero en el fondo, no importa demasiado. Porque la película es una experiencia.  Joaquin Phoenix está loco. Es un loco. Está ido. Y destroza la pantalla como si fuera el espejo de Alicia. Atraviesa el tiempo y rasga el velo de Maya profundizando en un carismático personaje que, volviendo a la lógica de la perversión, obliga irremediablemente a girar la óptica desde la que se leían los cómics de Batman. A considerarlo a él -a tono con los tiempos actuales- el verdadero superhéroe y al nocturno murciélago el villano de la función. Una locura dionisíaca y sin sentido que, al fin y al cabo, resume nuestra era a la perfección. El denigrante y diabólico vacío apocalíptico. Shalam

البطل الحقيقي لبعض الأعمال الأدبية هو القارئ الذي يتحملها

El verdadero héroe de algunas obras literarias es el lector que las aguanta

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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