Lucifer Rising

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Lucifer Rising es un experimento que brotó de la obsesión de Kenneth Anger por Aleister Crowley, la OTO (la orden de los templarios orientales) y la Thelema. Una filosofía de vida ocultista con tintes gnósticos propulsada por el nigromante inglés que abogaba por el triunfo de la ley individual sobre la colectiva. Y profundizaba desde el punto de vista simbólico en figuras míticas como es el caso del temido Lucífer. Cuyo egoísmo, caída y concupiscencia son sumamente importantes para entender el advenimiento de Cristo dado que sin el mal no puede existir el bien como no puede haber luz sin oscuridad. De hecho, incluso la propia oscuridad tiene tanto su día como su noche y por ello, la ira de Lucífer puede llegar a ser iluminadora desde muchos puntos de vista. Pues es naturaleza en movimiento y desatada pero también, el opuesto y el complementario de dios y la virtud. Una fuerza que obliga a descifrar la realidad, liberarse de los yugos opresores y desafiar al orden establecido por los Estados Monstruo cuyo poder prácticamente es más demoníaco y opresor que el de Lucífer. Una divinidad, esencia o arconte liberador para sus seguidores debido a su capacidad de transmitir la enseñanzas necesarias para fundar una nueva sociedad regida o bien por las leyes de la creatividad o bien por las naturales. Las claves secretas del nuevo mundo. Ese en el que se igualarán el primero y el último ser humano.

Gran parte de las características del culto luciferino son esenciales para entender las abisales imágenes filmadas por Anger. Un catalogo alucinógeno de escenas rodadas en Egipto y Stonehege que intentaban hipnotizar al espectador. Conducirlo a un estado de conciencia a través del que conectar con las iluminadoras revelaciones que intentaba ilustrar. Enfocándose en el mundo ritual y el natural y esa cosmología satánica que también obsesionó a Jimmy Page. De hecho, muchas de las canciones de Led Zeppelin podían ser leídas en esta clave. Como si fueran odas paganas que ponían de relieve los poderes de la sexualidad y los templos arcaicos. La era ritual. Y es lógico, por tanto, que Page se empeñara en crear un conjunto de vibraciones y ecos que podían haber sido la banda sonora de esta obra, aunque finalmente, Anger se inclinó por los mucho más místicos, orgánicos y misteriosos sonidos compuestos por Bobby Beausoleil. Un asesino que formaba parte de la familia Manson con un innegable talento musical que supo dar con el tono adecuado para acompañar las imágenes de este proyecto que, como si estuviera maldito, tardó en ser completado casi tres lustros en los que pasaron todo tipo de visicitudes y hechos inexplicables que forman parte de la leyenda y el folklore cinematográfico del siglo XX.

Lucifer Rising es hija de su tiempo. La era hippie y experimental. Un tiempo en el que la aventura y el riesgo eran sinónimos de obra de arte. De hecho, parece un disco progresivo puesto en imágenes y creo que para disfrutarla completamente habría que verla proyectada en un escenario natural o sobre un enclave mítico: las ruinas de Pompeya, una pirámide, la falda de un volcán o durante el transcurso de un eclipse. En realidad, creo que ese es el problema de una película como esta. Que su lugar no se encuentra en las salas de cine y menos aún, en la pequeña pantalla de una computadora. Porque ante todo, es un conjuro. Un sortilegio mágico que requiere de espectadores “iniciados” y de ciertas condiciones para ser apreciada totalmente. Tal vez incluso de haber asistido a un seminario sobre El libro de la ley de Crowley, tomar un ácido o someterse a un ayuno antes de verla. Porque Lucifer Rising no puede ser juzgada del modo habitual. Es una rareza alquímica y sinuosa. Más un poema que una película. Una oración crepuscular que presupongo que Julian Cope ha de haber visto en repetidas ocasiones, que habla de la vida extraterrestre, la conexión instintiva de las almas nobles, la iluminación del aura y el eterno retorno de los dioses antiguos con espíritu ocultista. Es casi una profecía evanescente de William Blake puesta en imágenes. Una máxima teosófica que incita al éxtasis y a la comunión. Al advenimiento de la era del amor total. Una época sin más límites ni leyes que los luciferinos. Shalam

اِلْزَمِ الصِّحَّةَ يَلْزَمُكَ الْعَمَلُ

El que se ahoga no repara en lo que se agarra

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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