Mercado de futuros

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Mercado de futuros es el retrato de una zombificación. Una hipnosis colectiva. La prueba de que Aldoux Huxley y George Orwell no fueron novelistas sino periodistas de sucesos cuyo único mérito fue tener los contactos adecuados para recibir los soplos instantes antes de que se llevara a cabo una redada. Si a un personaje de Berlanga le comentan que las imágenes que está contemplando en el documental de Mercedes Álvarez han sido rodadas en su España, se cae de bruces en la plaza del pueblo y no se levanta hasta que se encuentra en el ataúd y el cura está rezando por su alma. Porque lo que se nos muestra aquí no se encuentra tan lejano de los frescos futuristas retratados por Fritz Lang en Metrópolis.

Mercado de futuros, sí, es la fotografía de un ejército: el neoliberal. Un delicado lienzo que, con ritmo pausado, ajeno a esa insoportable prisa que corroe los recintos capitalistas, describe a sus soldados, armas de destrucción masiva, silenciadores, estrategias, potenciadores del deseo y batallas con la misma precisión que pudiera haberlo hecho Stanley Kubrick. Un filme sobre la destrucción de las familias y el amor. La radiografía de un lavado de cerebro. La fotocopia de las ideas que daban vueltas por la cabeza del español medio hace menos de una década. Una fría y cerebral visión de la evolución del timo de la estampita. La crónica de cómo los objetos se han impuesto a los espíritus y los hijos y nietos de Zipi y Zape y Mortadelo y Filemón fueron engañados por enésima vez. Crearon un imperio, levantaron gigantescas ciudades para enriquecer a otros mientras alzaban su cabeza altivos y sonreían creyéndose superiores a los dioses justo instantes antes de que la pirámide se derrumbara.

Cuando Adolfo Guerra comentó ebrio de orgullo que en unos cuantos años a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió, desde luego que acertó. De hecho, me pregunto si acaso tenía grabadas en su mente dolorosas, cruentas imágenes como las que vemos en esta especie de exorcismo espiritual de una época en la que los militares y ejecutivos no necesitaban amenazar o disparar para controlar a la población. Pues la ideología neoliberal moldeó los cerebros de cientos de miles personas, provocando heridas psicológicas mucho más hondas que las físicas, de las que probablemente no se recuperarían en décadas. De hecho, creo que si Francisco de Goya y Lucientes reviviera, fuera nuestro contemporáneo, probablemente no crearía sus pinturas negras sino que se empeñaría en plasmar imágenes, metáforas que explicaran su realidad con la sabia distancia, ironía cruel y profundidad con la que lo consiguió Mercado de futuros. Shalam

عِنْد الشدائِد يُعْرف الإخْوان

                       Cuando el camello cae, las navajas abundan

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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