Sarna (1)

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Hace unos meses contemplé el trío de magníficos filmes que Marco Ferreri filmó en España. Y era obvio que, antes o después, les iba a dedicar un avería que dividiré en dos partes para no cansar al lector. Aquí va el primero.

Sarna (1)

Las tres películas que Marco Ferreri rodó en España –El pisito, Los chicos y El cochecito– son bombas corrosivas y mordaces. Las dos en las que colaboró con Rafael Azcona –El pisito y El cochecito– son directamente un par de obras maestras. Resulta difícil citar filmes capaces de superarlos en la historia del cine español. Y si bien Los chicos es más irregular, no es ni más ni menos olvidable ni secundario. Posee la intensidad y agudeza suficientes como para ser revisado de tanto en tanto. La sencillez de las obras, sí, irregulares pero también vivas y frescas. Esas que condensan un trozo de vida en menos de dos horas.

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Los Chicos es casi una versión a la española de Los inútiles de Federico Fellini. Aunque Ferreri no pone tanto el énfasis en la idiosincrasia de los jóvenes españoles ni en un problema cultural como en uno político: el franquismo. Los muchachos que aparecen en la obra de Fellini son eternos. Continuarán vagueando, jugando, frivolizando toda su vida.

Los inútiles es un retrato perenne de Italia. Dentro de dos siglos, seguiremos reconociendo a sus protagonistas entre la multitud de muchachos que recorren los pueblos y ciudades de Italia. Sin embargo, en Los chicos el desencanto es más producto de la posguerra y del régimen autoritario implantado que de una actitud proverbial. Sus protagonistas (que podrían aparecer perfectamente en alguno de los satíricos y descorazonadores cómics de Bruguera) son más espontáneos. Sus fracasos son fruto de su inexperiencia y de la cerrazón social. En otras circunstancias, tal vez podrían alcanzar sus objetivos. Algo imposible en Los inútiles independientemente de la situación social y política.

No me extraña por cierto que Los chicos fuera un filme incomprendido. A la mayoría de los espectadores de la época se le escaparían las intenciones profundas de Ferreri. No comprenderían ese ir y venir de los personajes sin aparente sentido. Un reflejo de la desgana social y la abulia vital de una generación sin apenas estímulos más que los del trabajo y la mera supervivencia.

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El pisito es directamente una fiesta de humor negro. El complemento perfecto a las primeras películas de Berlanga. Es una mezcla entre un sainete y un filme de terror. El guión de Azcona es increíble. Delicioso. Bestial. Y la interpretación de los actores tremenda. Hay escenas que son puro existencialismo pero no lo parecen debido al toque latino y satírico. Otras que son la esencia del desencanto y la desesperación. Y muchas que son un disparate inclasificable. Una combinación perfecta y al mismo tiempo anárquica entre la comedia de situaciones costumbrista y el más ácido neorrealismo.

El pisito tiene un enorme mérito porque pone de manifiesto la deshumanización del hombre poniendo en primer plano a personajes muy humanos. La película no se puede despachar en uno o dos párrafos. Es necesario ahondar en ella más, mucho más, de lo que lo haré en este avería.

El argumento de El pisito es totalmente rocambolesco -un hombre debe casarse con su anciana casera para heredar a bajo el contrato de alquiler del condominio en el que vive- pero el filme parece profundamente realista. Si no hubiera existido Berlanga, hubiera bastado con esta obra para dar sentido y lustre al cine español de mediados del siglo pasado. Hay algo bestial en esta película. Ningún personaje está bien de la cabeza. Todos padecen de algún tipo de mal totalmente normalizado. Absolutamente instalado dentro de la sociedad. Son actores. No viven. Interpretan. Buscan. Anhelan. Son fracasados que no desean triunfar sino más bien no continuar fracasando. No caer aún más bajo. La dureza de la vida los ha convertido en materialistas.

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El pisito es una película que no sólo es recomendable contemplar junto a las de Berlanga. También antes o después de las grandes obras del teatro del absurdo. Puedo imaginar perfectamente a Ionesco fascinado y divertido con esta maravilla. Aunque también entiendo que para Samuel Beckett fuera demasiado carnal. Si Beckett hubiera escrito El pisito, el matrimonio compuesto por Petrita y Rodolfo nunca hubieran heredado el alquiler de la vivienda. Hubieran seguido esperando de por vida sin obtener ningún resultado. Convertidos en puro anhelo y fracaso. Algo que no obstante puede vislumbrarse en esta sardónica y corrosiva obra de Ferreri cuyo final es falsamente feliz. De hecho, es terrible. Una clara muestra de una sociedad sin alma.

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Otro gigante cultural con el que pienso que hay que vincular El pisito es, sin dudas, Franz Kafka. Guillermo Cabrera Infante decía que el escritor checo era un genio del humor y, sin darle totalmente la razón, no seré yo quien le contradiga. Con las novelas de Kafka ocurre algo parecido a lo que pasa con El pisito. Que cuando uno va a comenzar a reír, se queda helado. Una sombra le imposibilita hacerlo y si emergen algunas risas de la garganta son de angustia y sorpresa.

La película de Ferreri es una ametralladora. En realidad, es puro terrorismo artístico. No está hecha para divertir ni para entretener sino para ayudarnos a soportar mejor el miedo. Prácticamente nadie -estoy convencido- quisiera ser Petrita y Rodolfo como nadie quisiera quedar atrapado en un agujero negro. Hay una escena en la que ambos bailan que transmite más hastío y sordidez que muchas películas del mítico realismo sucio norteamericano. Y otra -aquella en la que le indican a doña Martina que Rodolfo debe casarse con ella- que es una genialidad patética. Si nos reímos es por no llorar. Que es, al fin y al cabo, lo que ocurre a lo largo de El pisito. Una película que pone de manifiesto la escasez y la ausencia de libertad poniendo el foco en las cotidianas locuras e injusticias de la vida moderna. Esas que dieron lugar a los experimentos dadaistas. Lúdicos gritos de impotencia en medio de la jungla de asfalto. Shalam

يمكنك أن تكون سعيدًا بطريقتين: أن تكون أحمقًا أو أن تكون واحدًا

Se puede ser feliz de dos maneras: haciéndose el idiota o siéndolo

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….iba una tarde-noche por la alameda hacia cartagena(en los 80´) y me cruce con j.l.lopez vazquez y una friend-girl rubia muy muy joven (de su compañia de teatro supongo)……..hacia unos dos años me lo habia cruzado a el solo por la calle cuatro santos a la altura del casa blasa y de la fruteria cutre-lumpen que todavia existe hoy en 2021…………………….
    2ºimagen:…..en la jukebox siempre ponian….https://www.youtube.com/watch?v=ha8oNLTt0bg&list=PL2-UZvd-PqNQB8_o3alBssp66Fn57J27g&index=100…..bad boy…….larry williams……..
    3ºimagen:….quina santa catalina y da unas ganas de comerrrrr….(yema de un huevo con azucar) ….perfecta medicina y golosina……
    4ºimagen:…..dos helados de todo postin…….una maravilla de «la valenciana»……
    5ºimagen:…..tanta paz lleves como descanso dejas……..sonrisa…..

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Muy buenas anécdotas. A) Cachimba kifki. José luis lópez Vázquez en Arabia. 2) Muy bueno Larry Williams. No lo conocía pero muy bueno. b) Nosotros somos los verdaderos madrileños. La futura quinta del Buitre. 3) ¡Qué desesperación! 4) En primer plano los helados valenciana pero de fondo un plano profundo que se bifurca en el espejo que recuerda al cine de Resnais. 5) Sepelios ilustres. Esquelas cotidianas. El almanaque mortuorio.

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