Arkham Asylum

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He leído en cuatro o cinco ocasiones Batman: Arkham Asylum y la obra continúa sorprendiéndome. Sigo encontrando detalles, símbolos, vías argumentales nuevos que me obligan a releerla de tanto en tanto.

Arkham Asylum es un cómic absorbente. Un delirio. Una fascinante ida de olla. Un poliédrico test de Rosrchach que pone a prueba tanto a sus personajes como a sus lectores. Una obra que debería aparecer sí o sí en La conspiración contra la especie humana en caso de que Ligotti deseara revisar su oscuro ensayo.

Desde luego, Arkham no deja indiferente a nadie. Es una de esas obras que dejan huella y provocan fanatismos irredentos y odios airados. Nadie en cualquier caso puede tacharla de acomodaticia. Arhkam es riesgo puro. Una puta locura. Una manifestación de hasta dónde puede llegar el arte cuando no está mirando el rendimiento económico sino el riesgo y la experimentación.

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Resulta difícil no estar de acuerdo con las opiniones que afirman que la fascinación que ejerce Arkham Asylum se la debemos, sobre todo, al impresionante trabajo gráfico de Dave McKean. Yo lo sostengo. Lo que hizo Dave aquí es imposible de definir con palabras. Sus dibujos (aunque entiendo que lo correcto es denominarlos lienzos u obras de arte) son de una expresividad que quita el hipo. Son espeluznantes abstracciones que por momentos remiten a la cábala, a los clásicos expresionistas, al surrealismo gótico o al tarot. Incluso al arte egipcio.

Dave abruma. Arrasa con todo. No describe la noche. La crea. No parece un dibujante sino un médium convocando espíritus capaz de provocar asfixia con cada color y retrato. Sus dibujos no son caóticos. Son esquizofrénicos. Son diabólicos. El puro mal. Son una representación gráfica de la enfermedad como pocas veces se ha visto.

El Joker de Dave es realmente espeluznante. Es un espasmo más que un personaje. El ilustrador inglés no retrata figuras sino sentimientos. Refleja el miedo y la desorientación de Batman a la perfección. Su asilo es una pesadilla. La viva imagen de la locura. Sus dibujos están llenos de cólera e ira. Son nebulosas flotantes y monstruosas. Mckean logra que al lector se le desencaje el rostro. Concitar interés. Convocar enigmas. No hay palabras para describir su enorme trabajo gráfico que merecería o bien un ensayo o una tesis para ir desgranando sus peculiaridades. Cada uno de sus detalles. Esa implacable y sombría atmósfera (parecida a un puñado de vaho exhalado por el Joker) que logra concitar con sus tenebrosos colores.

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La verdad es que no puedo cesar de hablar del arte de Dave. Tan sólo decir que estoy convencido que tanto James Ensor como Egon Schiele o Edward Munch se sentirían orgullosos y excitados de contemplar su trabajo. De tener un digno continuador capaz de recorrer senderos apenas entrevistos por ellos.

En realidad, el trabajo de McKean debería encontrarse expuesto en un museo o una sala de arte para ser apreciado como es debido. No sé si David Bowie llegó a conocerlo, pero encuentro múltiples parecidos entre lo que Dave logró transmitir con sus lápices y acuarelas y lo que el músico británico intentó realizar en Outside. No me extraña desde luego que Anthony Perkins fuera un fan de este trabajo. El rostro de Norman Bates aparece entre sus páginas. Aunque lo más significativo resulta que debido a los inquietantes gráficos y personajes retratados por el creador inglés, el famoso demente de Psicosis casi que parece inofensivo y familiar. De hecho, Dave logra algo que algunos guionistas, dibujantes y entintadores habían intentado anteriormente pero no habían logrado con tal nivel de sordidez y angustia: lograr que Batman (a quien pocas veces se le ha contemplado tan asustado como en esta obra) provoque miedo y parezca un espectro pesadillesco. Ese murciélago violento al que alude el fundador del famoso manicomio al que hace referencia el título de la obra: Arkham.

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Obviamente, Dave no hubiera ido tan lejos (al menos en el mundo del cómic) de no encontrarse respaldado por un compañero de viaje tan osado como él. Me refiero por supuesto a Grant Morrison. Es otro lugar común al hablar de la obra, mencionar que su guión no se encuentra a la altura del apartado gráfico. Y bien, por supuesto que en eso podemos estar de acuerdo porque, vuelvo a repetir por si no ha quedado claro, el trabajo del ilustrador inglés fue realmente descomunal. Algo único. Pero eso no significa que el texto de Grant carezca de la profundidad necesaria. Todo lo contrario. Es verdaderamente fascinante. No entiendo de hecho cómo alguien podría calificarlo de simple. Tal vez si lo comparamos con alguno de Alan Moore o con varios de los que el mismo realizaría posteriormente, sí se le podría aplicar ese calificativo. Pero no en otra circunstancia. Y si no que alguien me diga qué cómic de su época presentaba una crítica a la psiquiatría (y, por consiguiente, a toda la humanidad) tan perversa y anómala como la que Grant realizó aquí.

A mí al menos, repito, me gusta muchísimo y lo prefiero a otros con mayor nivel de consenso crítico. Básicamente, porque los guiones de Grant son tan complejos y desmesurados que cuando logra simplificar y hacerse legible, suele alcanzar un mayor interés. Intentaré explicarme mejor.

La mayoría de textos de Morrison convierten una película como Matrix en un cuento infantil. Los invisibles, por ejemplo, es casi una mezcla entre un teorema matemático, un escrito de Lacan y una conferencia de Albert Einstein. Una locura teórica de la que el común de los mortales no podemos disfrutar en su totalidad. Hay una charla en youtube en la que Grant explica su concepto de lo que es la vida que puede orientar un poco a quienes desconozcan a este genio sobre la complejidad de ciertas creaciones suyas. Y por eso mismo cuando logra simplificar, creo que es cuando consigue los mejores resultados.

Para entendernos, lo que para Grant Morrison es simplificar significaría para la mayoría de autores asomarse a los más apartados linderos y abismos de la creación. Así que, por eso mismo, Arkham Asilum posee, bajo mi punto de vista, un interés mayor que una gran cantidad de sus obras. No es un guión mediocre sino al contrario uno sensacional lleno de aristas, sugerencias y recovecos por explorar que, eso sí, el arte de Dave conduce a otra dimensión.

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En realidad, el argumento del cómic es aparentemente sencillo -los convictos internos del hospital psiquiátrico Arkham (Joker, Dos Caras, el Sombrerero Loco, Killer Croc y muchos más) se hacen con el control del centro y exigen la presencia de Batman para liberar a los rehenes- pero no así su tratamiento ni las múltiples conexiones lunares, simbólicas, decadentistas que establece Morrison entre los distintos personajes. Sobre todo, con el fundador del centro médico, Arkham, a quien convierte en un auténtico demente. Un asesino psicótico perseguido por la memoria de su madre y asesinatos familiares que no tiene piedad con los villanos y utiliza el edificio como templo de tortura psíquica y física. Campo de experimentación de los límites de la psiquiatría. Foso en el que los pacientes son convertidos en cobayas, los reclusos en víctimas y los asesinos en dementes.

Por si fuera poco, la caracterización de Batman es sobrecogedora. Por no hablar de las referencias simbólicas al murciélago y a los escarabajos. O la conexión entre la demencia de los reclusos y la de Bruce Wayne o la existente entre el daño sufrido en la psique del héroe oscuro debido a la pérdida de sus padres con la sufrida por Arkham y el resto de convictos que más que incitarle a realizar el mal, (tal y como hacía el Joker en La broma asesina) lo seducen y lo cortejan como si fuera uno de los suyos. Una sombra más entre las sombras. Y no necesitan empujarlo a matarlos porque, en cierto modo, él es parte de ellos y ellos son parte de él desde siempre. Unas conclusiones que harían las delicias de Carl Jung. Un psicólogo que no por casualidad aparece en el cómic.

De hecho, las teorías del psicólogo suizo sobre los arquetipos, el ser, el inconsciente y sus sombras son esenciales para comprender la necesidad que tienen los convictos del hospital psiquiátrico de que Batman se una a su tenebroso teatro de abalorios y se reconozca en ellos. Asunción que parece ser el motivo central de la existencia de este cómic que podría ser descrito, asimismo, como un abstruso homenaje a la carta XVIII del tarot de Marsella, La luna, y a Alicia en el país de las maravillas. Algo lógico teniendo en cuenta que, en gran medida, Arkham Asylum es una invitación a recorrer el territorio de los sueños. Atravesar el otro lado del espejo y conocer la verdad del mundo real y de Batman. Es una tenebrosa invasión de esos abismos malignos, más allá de la ley y de las palabras, donde se forjan arquetipos simétricos e idénticos que se necesitan desesperada e intensamente para subsistir: héroes y cuerdos y villanos y locos. Shalam

المسرحية والخداع سلاحان قويان

La teatralidad y el engaño son armas poderosas

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….pauta, cuadricula, tangentes, histrionismo…….
    2ºimagen:….tejido muscular del ojo…….las ventanas son goticas….las ventanas son rayuela zeppelin……
    3ºimagen:….si te dicen que mires es por algo…..salpicon de miradas…el pulpo ensor….sonrisa….
    4ºimagen:…..hombre de paja rayando el suelo….
    5ºimagen:….ok, buen trabajo…………..
    6ºimagen:…..borron, borrones y cuenta nueva…..
    7ºimagen:….en que pienso?…mi sombra diferente y del mismo tamaño que el original!!….jajajj…norman bates…
    PD:…https://www.youtube.com/watch?v=pNo1nS_JV5k….in the ligth-1975-phisical graffiti-(1990 remaster)….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Homenaje encubierto al Infierno de Dante. 2) Imagen de un malandrín diabólico apareciéndose en la mente de don Quijote. El genio que persigue al manchego.3) La locura vista por Dostoievsky. El sueño de Raskolnikov antes de cometer su asesinato. 4) Imagen de novela de Stephen King. El hombre del coco. El sombrerero loco. 5) Dibujo de Arkham donde se homenajea levemente a Egon Schiele. 6) Espeluznante imagen. Una de mis favoritas del cómic. 7) todo se difumina como en una pesadilla. Arkham es un sueño que no existe pero por eso mismo es más real que ninguno. PD: concuerdo en que las imágenes del sanatorio Arkham coinciden con las de la portada de Led Zeppelin. Jimmy Page era un admirador del ocultismo y de Ailester Crowley. Tal vez Mckean homenajeara esa portada. Estaría bien preguntarle.

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