Dios ama, el hombre mata

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Dios ama, el hombre mata es uno de los cómics más especiales publicados en Marvel durante la década de los 80 y eso es decir mucho. En primer lugar, porque fue de los primeros en aparecer bajo el formato de novela gráfica. Algo que lo diferenciaba del resto de los que podías comprar en los kioscos.

Dios ama era casi un libro de lujo. Su moderno y cuidado diseño anunciaba que algún día las historias de Chris Clameront, John Byrne, o Tom Defalco se venderían en librerías junto a las clásicas novelas de Joseph Conrad o las recopilaciones de relatos de Ray Bradbury. Serían considerados arte mayor y no mero entretenimiento. A mí me lo regalaron por Navidad y lo leí con fascinación en varias ocasiones. Todo en aquel cómic apuntaba a otra dimensión llena de sobriedad, elegancia y dramatismo. A retrato sociológico de su época. Luego, con el tiempo y la perspectiva adecuada, visualicé perfectamente que, en cierto modo, sirvió como un puente de plata perfecto para la llegada de obras tan descomunales como Watchmen. Un cómic tan ambicioso y potente que exigía ser leído con la mayor sofisticación y cuidado editorial posible.

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Sonará posiblemente extraño para un lector actual, pero en su momento Dios ama supuso un pequeño hito. Era difícil encontrar una historia más cruda, fría y realista en los cómics de superhéroes de la época. Tan despiadada y brutal. Vista con el paso del tiempo, es evidente que tenía unos cuantos errores y no era en absoluto tan potente como la creí durante años, pero la leí hace unos días y aún mantiene su impacto. Hay algo muy perdurable en esa obra a lo que ayudaba decisivamente Brent Eric Anderson. Quien hizo un trabajo realmente contundente y eficaz a los lapices. Puesto que se centró en las atmósferas antes que en los músculos de los superhéroes (sin llegar a descuidarlos) o las escenas de batallas. Penetró profundamente en la oscuridad y el miedo a través de un diseño moderno que iba mucho más allá del realismo sucio. No era ni abstracto ni hiperrealista aunque tenía aspectos de ambos estilos así como del expresionismo. Logrando transmitir perfectamente la angustia, opresión e incertidumbre sufrida por los miembros de la Patrulla X frente a las dinámicas coercitivas y la sofisticada manipulación habitual en las sociedades posmodernas.

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Dios ama, el hombre mata fue también un título estrella de Marvel porque no sólo era un negro  y suculento caramelo para los habituales lectores de la serie sino que, a su vez, podía ser leído por personas que no conocían la Patrulla X y despreciaban a los superhéroes. Era la perfecta introducción a una colección que Clameront condujo a otra dimensión al convertir a los mutantes en una metáfora de los colectivos en riesgo de exclusión social. Hay quien identificaba los sufrimientos de sus personajes con el destino sufrido por miles de judíos durante el nazismo, otros con los enfermos del SIDA o quien podía perfectamente entroncar su historia con la de muchos homosexuales, gitanos o negros.

Dios ama fue un eslabón muy importante en este proceso. Porque su argumento se centraba en la ira del predicador William Stryker y de toda su organización contra los mutantes a los que trataba de anormales e intentaba exterminar a mayor honra del nombre de Dios y la salud del mundo moderno. Un motivo argumental muy jugoso que en breve sería clave para el devenir de la serie durante los 80. De hecho, casi sería la marca de una colección en la que los héroes eran muchas veces tratados como forajidos. Siendo consiguientemente víctimas de la patológica esquizofrenia de una sociedad que intentaban defender de peligros mayores.

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Dios ama se beneficiaba de un retorcido y complejo villano: un predicador. Una profesión que ha sido muy relevante lo largo de la historia en Norteamérica, a la que el arte ha dotado de matices realmente siniestros por méritos propios de muchas de estas figuras.

Recuerdo, sin ir más lejos, al diabólico protagonista de la novela, El predicador, de Erskine Caldwell. Un Belcebú moderno que ponía patas arriba los hogares que visitaba y más que pregonar amor, exhalaba vicio, odio y concupiscencia por todos sus poros. También era muy turbio el párroco del cómic de Garh Ennis. Siempre en lucha constante consigo mismo. Y, por supuesto, eran asimismo inquietantes los ministros de Dios que aparecían tanto en Carnivale como en la primera temporada de True detective. Aunque casi podía decirse que todos ellos palidecían frente a los personajes reales que poblaban las televisiones en los años 80 en Estados Unidos. Los cuales fueron los modelos que inspiraron a Clameront para crear a William Striker. Creo que no hace falta más que mencionar el nombre del primo de Jerry Lee Lewis, Jimmy Swaggart, para recordar el tremendo poder que muchos llegaron a gozar y los oscuros arenales en los que se adentraban (Jimmy fue cazado en 1986 manteniendo relaciones con una prostituta en un motel de Luisiana) mientras clamaban por la pureza de la raza, la matanza de homosexuales o cualquier delirio o iluminación divina.

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Como dije anteriormente, Dios ama abrió una trascendente veda en la historia de La patrulla X. El ambiente de aquella historia era realmente perturbador. Tanto que ni su esperanzador final ni un acontecimiento tan raro e importante como la unión de Magneto con el grupo de Xavier en pos de la causa mutante transmitían alegría alguna. Al contrario. Más bien inquietud. Incertidumbre. Porque había algo muy desolador en aquel cómic que deslucía completamente los oropeles triunfalistas de la administración Reagan. Describía buena parte de sus células enfermas. El cáncer militarista.

En fin. Lo cierto es que la cruda realidad a la que se enfrentaban Rondador, Tormenta, Kitty Pryde o Lobezno estaba a años luz de la experimentada cotidianamente por Capitán América, Thor y el resto de miembros Los Vengadores. Nadie que yo conociera quería formar parte de La patrulla X. Teníamos miedo de ser parte de ellos porque la sociedad los temía y los odiaba. Estaban condenados a sufrir exclusión perpetua. A vivir en los márgenes. Pero eso no comenzamos a vislumbrarlo con absoluta claridad hasta la publicación de Dios ama. De hecho, su conclusión permitía otear el retorno de pesadillas parecidas. Que, en realidad, el odio ante los mutantes estaba comenzando a arraigar. Y por eso aquel cómic era tan estremecedor. No era uno más. Porque nos sumergía de golpe en la raíz del miedo y el odio. Nos advertía repentinamente que lo que pensábamos hasta entonces que era una colección de superhéroes más raros de la cuenta, era en realidad un angustiosa narración existencial sobre la exclusión, los desoladores sufrimientos de los «diferentes» y la enfermedad supremacista e igualitarista. Un infierno vital. Shalam

الصمت فضيلة الحمقى

El silencio es la virtud de los locos

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….el personaje central obseva y controla todo su entorno……
    2ºimagen:…..me da la sensacion de uno de los creditos dentro del lp del disco de prince&revolution»dirty mind» el del colchon vertical…..1980…..todo el grupo delante de la pareta de ladrillo…..
    3ºimagen:….un dia vi a un hombre tendido al sol con un libro sobre su pecho, al despertar se le habia quedado la piel blanca que ponia: «soy un artista»……sonrisa….
    4ºimagen:….michael jackson………descaramente…….thriller-1982……….
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=x7SnXScLAg8….los negros junto a vincent price tambien son capacaes de usar la orquesta……ajajjjajjajjjj….

  2. 1) Estaría bien llevarse esa portada al mundo de los Evangelios y situar allí a los discípulos y evangelistas. En ese caso, el Coloso sería una cruz. 2) Sí. Muy Dirty Mind. Muy 1999. Tal vez incluso muy película de Walter Hill. Un anuncio publicitario sobre el vandalismo y el crack. 3) El juramento de Scarlett en Lo que el viento se llevó. A Dios pongo por testigo que no pararé hasta que acabe con quien desea matar a los mutantes. 4) Nunca había visto Rondador como un émulo de Michael Jackson. De hecho, pienso que es un personaje anterior al éxito de Michael. Pero ciertamente encajan juntos. Sería genial verlo aparecer en Thriller y a Michael, que también era mutante, en un cómic de La Patrulla.

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