Ecos adultos (2)

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Dejo a continuación el segundo avería dedicado a la etapa de Bill Mantlo en Peter Parker. The Spectacular Spider-Man durante los años 80. Quiero avisar, eso sí, que mañana habrá un tercero. Aunque dije que despacharía esta etapa en un par de averías, creo que es necesario hacer otro para terminar de ajustar los hilos. Dicho esto, tal vez el motivo sea más profundo. Me gusta tanto este ciclo, lo disfruté de tal modo durante mi infancia (recuerdo precisamente un verano leyéndolo obnubilado una y otra vez) que me cuesta despedirme de él. Algo que, en cualquier caso, si todo va según lo previsto, haré mañana. En fin. Sin más, ahí va el avería de hoy.

Ecos adultos (2)

Aunque el número con el que tomó las riendas de Amazing ya era toda una declaración de intenciones, creo que a Stern le costó un poco más que a Mantlo alcanzar la velocidad de crucero con su colección. Esta no llegó hasta que presentó la creación que lo inmortalizaría para siempre: el nuevo Duende. Pero desde el principio de su nueva participación en la serie, dejó perlas y algunos hallazgos que, meses después, serían amplificados y magníficamente desarrollados en Peter Parker como es el caso de la óptica renovadora con la que se trataría a los viejos villanos, la recuperación en absoluta caprichosa de antiguos personajes de la vida de Parker tratados con una dimensión más adulta y, sobre todo, abrió un maravilloso y juguetón melón lleno de picante sabor: la relación de Spider-Man con la Gata Negra.

En cualquier caso, desde el principio quedó claro que ambas colecciones se encontraban al fin coordinadas. Lo que, paradójicamente, no daba más protagonismo a una sobre otra sino que permitía que ambas se desarrollasen con la amplitud que necesitaban. Amazing era la Cara A y era más divertida. Un poco más vertiginosa. Estaba llena de singles, por así decirlo. Resplandecía más. Pero Peter Parker era más misteriosa. Más lenta y profunda. Más adulta. Y tal vez incluso más consistente. Era una Cara B más seca y arisca pero también más letal. Su tono lóbrego le confería un empaque novelesco muy atractivo. El mito, por así decirlo, se desarrollaba en Amazing. La verdad en Peter Parker.

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A Stern le llevó más de un año que su colección comenzara a alzar el vuelo, pero a Mantlo le costó tan sólo cuatro números encontrar el tono y la atmósfera adecuados. El tiempo que tardó en dar con dos carismáticos e inquietantes personajes: Capa y Puñal. Dos jóvenes que habían logrado poderes extraordinarios relacionados con la luz y la oscuridad tras ser secuestrados por una banda que los utilizaba como banco de pruebas de una substancia experimental. Ambos tenían mucho que ver con los mutantes. Había algo en ellos profundamente real y frío. Un halo solemne que a veces se diluía debido a su edad y precipitación, pero los acompañaba donde fueran.

Los dos cruzaban límites infranqueables. Tenían contacto con el lado sombrío de la existencia. Poseían magnetismo, peligro y misterio. Cuando ellos aparecían, Peter Parker se volvía un cómic más abstracto. Por momentos, casi existencialista. Porque su presencia estaba ligada a la de la tragedia. Capa y Puñal eran personajes dubitativos. Dramáticos. Transmitían angustia. Y las páginas de las viñetas se ensombrecían a medida que se alargaba su presencia.

Además, su cruzada contra los traficantes de drogas se conectaba con lo que ocurría en las calles de Nueva York en donde pocos años después el crack haría furor y, mientras tanto, decenas de adolescentes se hacían adictos a todo tipo de substancias. Lo que dotaba de sucio y duro realismo al ciclo de Mantlo que comenzó a definirse con su presencia. Sería real, tenebroso y sombrío pero no faltarían obviamente las dosis correspondientes de acción. Para entendernos, se aproximaría más al Daredevil de Frank Miller que al Spider-Man pop de sus inicios. Habría, sí, más lágrimas y depresión que risas. Y la inquietud y las sombras predominarían sobre la luz y la vitalidad.

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Sin dudas, el plato fuerte de la etapa de Mantlo fue la relación de Spidey con la Gata Negra. Un auténtico tobogán sentimental por momentos agotador. De repente, Spider-Man tenía una compañera de juegos. Una mujer aventurera y amante del riesgo pero con cierta fragilidad emocional que la hacía realmente atractiva a la que Mantlo supo extraer todo el jugo. Por ejemplo, captó y amplificó perfectamente los brotes esquizofrénicos de la Gata. Lo cuales tenían que ver tanto con su espíritu adolescente como con su incapacidad de seguir las reglas y su necesidad de vivir en un mundo fantástico. Recorriendo los tejados de la Gran Manzana como una heroína de película. Una mujer libre que dictaba sus propias reglas y que, encontrándose enamorada hasta los huesos del trepamuros, se empeñaba en acompañarlo hasta el punto de casi morir (son entrañables por cierto los episodios en que se encuentra hospitalizada) por demostrar ser una eficaz guerrera. Una obsesión que le crearía un sinnúmero de problemas a ambos puesto que, posteriormente, la Gata llegaría incluso a realizar un pacto con Kingpin para alcanzar un mayor poder y no ser un estorbo para Spidey. Una diabólica entente que sería el detonante de su posterior separación.

Obviamente, el momento estelar de esta etapa fue aquel en el que, tras semanas de tortuosa indecisión, haciendo gala de una inquebrantable moral, Peter decidía revelarle su identidad secreta a la Gata y ésta lo miraba horrorizada porque ella, en realidad, de quien estaba enamorada era de Spider-Man. No del hombre detrás de la máscara. Lo que aumentaba el ya de por sí abundante costal neurótico de un desorientado Parker que acababa de sortear una estresante situación con la secretaria del Dr. Sloan, Debra Winger, y no terminaba de canalizar su atracción por Mary Jane.

En realidad, la revelación de su identidad secreta llevada a caba por Parker era casi una declaración de amor eterno. Pero la Gata no era capaz de tomar conciencia de la trascendencia de este acto, haciendo saltar por los aires la autoestima de su amado. En fin. Lo dicho, una sugestiva delicia con la que cualquier psicoanalista habría hecho maravillas, que servía como metáfora de la dimensión heroica con la que a menudo los amantes se recubren unos a otros. Un ejemplo de por qué hay quien dice que la realidad es la mayor enemiga del amor y la fantasía su máximo acicate.

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Tampoco creo que haya muchas dudas de que toda la saga relacionada con el Búho, Doctor Octopus y Cabello de Plata es gigantesca. Mantlo le confirió un aspecto más serio al Búho que lo hacía temible. Un personaje a mitad de camino de una película de terror de serie B y de un noble decadente. A Cabello de Plata lo llevó a otra dimensión haciéndole traspasar los linderos del más allá y convirtiendo cada una de sus apariciones en espectral. En muchos momentos, el gangster se robaba todo el protagonismo. Se comía las viñetas. Y al doctor Octopus lo retrató con una fiereza pocas veces vista. Alguien egoísta y miserable dispuesto a todo para reinar que, debido a su agresividad, merecía justamente que en varias viñetas históricas, Spider-Man, fuera de control, le arrancara sin piedad unos tentáculos que no obstante, continuarían actuando a pesar de encontrarse separados de su amo.

A tanto llegaba la tensión de esta saga que, antes de la batalla final, contra su archienemigo, Peter Parker iba despidiéndose de todos sus seres queridos por si perdía la vida.

Un hecho que creo es otra de las grandes bazas de esta etapa de Mantlo. Ya que, en todo momento, sentimos que Peter Parker existe. Es real. No es un personaje de cómic. Y, por tanto, puede morir. Lo que dota de una leve dimensión trágica a cada número que lo engrandece. Y nos hace estar, en cierto modo, en tensión. Nada que ver con aquellos viejos números de la colección en los que el final se veía venir desde el principio. No había apenas emoción. Y el único interés consistía en averiguar cuál sería el nuevo villano que el trepamuros derrotaría o ciertos matices del dibujo. Algo con lo que Mantlo rompió en esta catártica historia que casi acaba con la vida de la Gata Negra y la salud mental y física de Spider-Man. Shalam

أولئك الذين يصلون إلى النهر في وقت مبكر يجدون أنظف المياه

Aquéllos que llegan antes al río encuentran el agua más limpia

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…ex-machina-2015-alicia vikander(musa sueca)….
    2ºimagen:…..no pasaran!!!!
    3ºimagen:…..arte cinetico (los ojos de un araño mirando a una araña), sonrisa…
    4ºimagen:….la colega se ha puesto unas «boticas» con pelusa…….
    5ºimagen:….la maldicion de la seda…………..
    6ºimagen:…..estas figuras siempre efectistas, siempre volando……
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=pgEni6wtW3M…1958-modugno-volare…..

  2. andresrosiquemoreno on

    …….el video de alan parsons es una buena respuesta a ex-machina con final feliz (cachonda la avenida anmonia)…..el audio : «receta para ligar todo el mundo» , «cocacola a tó pasto» y a correr…sonrisa…..
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=tjdDgOYJgGw….fiesta de los maniquies-golpes bajos….1984….

    • Alejandro Hermosilla on

      Una vez hice una novela-ensayo sobre Bellatin en la que el escritor se enamoraba de un maniquí. Obviamente, el pasaje lo hice inspirado por la canción de Golpes Bajos. Hace unos días empecé a leer un libro sobre Germán Coppini escrito por un poeta de Cartagena.

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