El eternauta (2)

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Continúo aquí el avería comenzado ayer sobre El Eternauta. Ahí lo dejo.

El eternauta (2)

El eternauta era un cómic con espíritu de novela. Oesterheld y Solano se tomaban su tiempo para presentar a sus personajes y desarrollar su carácter hasta el punto de que el héroe principal, Juan Salvo, perdía protagonismo en ocasiones en relación a personalidades carismáticas como las del profesor Savalli o Mosca, (un historiador que aporta las dosis justas y necesarias de humor e ironía a la historia). Esta circunstancia y el hecho de que Oesterheld se integrara posteriormente a los Montoneros han provocado que se repita constantemente, casi automáticamente y como lugar común, que el héroe de El eternauta es el colectivo. Algo que si bien es cierto (puesto que sin la unión de los escasos ciudadanos supervivientes sería imposible derrotar a los enemigos estelares), no oculta que el cómic tiene en el sobrio Juan Salvo un personaje principal de los tradicionales. No se rinde, continúa luchando hasta al fin y es gracias a él que conocemos esta historia intratemporal de muerte, destrucción y resistencia.

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A raíz de la adscripción de Oesterheld a los montoneros y sus luchas contra las dictaduras argentinas de todo sesgo, las interpretaciones políticas de El eternauta se han multiplicado. Casi todas son efectivamente pertinentes, pero creo que incidir tanto en ellas, no permite juzgar ni disfrutar en su completa dimensión esta magnífica historia.

Sí está claro que la obra es un dardo contra el autoritarismo. Todos los extraterrestres, a excepción de los misteriosos «Ellos», se encuentran bajo el control de otras personas. No disponen de libertad y su misión es seguir las órdenes de sus superiores o controlar las voluntades de los conquistados. Pero, a lo largo de la historia de la ciencia ficción, ha habido múltiples obras que o bien describían a sociedades con tendencias totalitarias que se estaban implantando cuando el autor las compuso o bien anticipaban futuros autoritarismos. Así que si bien El eternauta admite y anima a realizar lecturas anticolonialistas (sobre todo, en la truncada versión que realizaron Oesterheld y Brescia que pone el énfasis en el comportamiento egoísta de un buen número de países occidentales ante la invasión en Hispanoamérica) y revisionistas en clave política (en aquellos tiempos las dictaduras en Argentina se sucedían sin prácticamente solución de continuidad), las mismas no deberían ser excusa para no profundizar en una historia emocionante, reflexiva y llena de acción, que nunca despeja del todo los enigmas e incógnitas que plantea. Motivo por el que, supongo, (además de por el reclamo comercial) que se han realizado tantas continuaciones que intentan en muchos casos exprimir burdamente las sutiles sugerencias del original. De hecho, sin ir más lejos, el final de la segunda parte (que se piensa que no fue urdido por un Oesterheld ya en manos de los militares) tiene más que ver con el Flash Gordon de Alex Raymond que con el delicioso primer Eternauta.

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Tuve la suerte de conocer El eternauta en Buenos Aires durante el otoño-invierno del año 2002. No recuerdo bien los datos pero sí que asistí a una magnífica exposición en uno de los museos y centros culturales que se encuentran en plena Recoleta (un barrio de clase alta de Buenos Aires). Allí comencé a familiarizarme con la triste historia de la familia Oesterheld, pero también con este cómic que tan buenas vibraciones me transmitía. Sin haberlo leído, era plenamente consciente de que era un clásico. Lamentablemente, la primera versión que leí fue la que Oesterheld y Brescia realizaron. Una alucinante visión vanguardista y expresionista de la historia original que, desgraciadamente, ambos autores no pudieron desarrollar como deseaban porque los responsables de la revista donde se publicaba, Gente, les obligaron a finalizarla tanto por su infeccioso contenido ideológico como por la naturaleza abrupta de sus incendiarias viñetas ajenas en todo al gusto de los habituales consumidores de la publicación. Personas de clase acomodada o sin inquietudes revolucionarias, incapaces de empatizar con los abstractos gráficos compuestos por el dibujante uruguayo.

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El eternauta era un cómic tan moderno y lleno de hallazgos que ha influido indirectamente en obras posteriores, a pesar de que debido a la nacionalidad argentina de sus autores, casi seguro que sus creadores no lo conocieron. Muy probablemente, por ejemplo, Robert Kirkman -el alma mater de The walking dead– no supiera nada de Oesterheld y Solano, pero la lentitud con la que se desarrolla su famosa historia de zombies recuerda de un modo a otro al principio de El eternauta. Cuyo mágico final por cierto hace rememorar, a su vez, (con las debidas reservas) a la conclusión de la tercera parte de Twin Peaks y el desarrollo otras obras posmodernas en las que los saltos en el tiempo juegan un papel fundamental como es el caso de Lost. Algo que extremarán aún más la segunda y la tercera parte y todas las restantes. Las cuales, en cualquier caso, no poseen ni de lejos el delicioso aroma de la primera. Un cómic que está viviendo un renacimiento desde que la pandemia aterrizó en nuestras vidas. De hecho, Netflix prepara una serie de televisión basada en ella. Prueba de que la interpretación política es tan sólo una de las muchas las que se presta una obra que, como todas las grandes, admite múltiples visiones y continúa sobrecogiendo hoy como el primer día. Provocando un misterioso placer conforme se pasan sus páginas que hace rememorar tiempos mejores para los lectores y la cultura en general.

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Hay varios aspectos que me gustaría destacar antes de cerrar el avería y todos tienen que ver con la visión humanitaria y artística de Oesterheld.

En primer lugar, su capacidad para hacernos comprender la tragedia vivida por varios de los verdugos de la humanidad, Los manos, cuando descubrimos que, en realidad, son víctimas controladas por seres superiores. Transformar en el transcurso de tres o cuatro páginas a un villano sin escrúpulos en alguien débil de quien compadecerse no lo hace un cualquiera. En segundo lugar, lo bien logradas que se encuentran escenas como la transformación de varios de los más dignos héroes de la Resistencia en autómatas. Y en tercer lugar, destacar la sutileza con la que captó el espíritu de su época y el del futuro. Puesto que, en gran medida, es una obra cuyos gráficos son herederos de muchos cómics bélicos centrados en la Segunda Guerra Mundial pero su alma refleja indirectamente el miedo a un conflicto nuclear producto de la inminente Guerra Fría. Aspectos todos ellos que justifican el renombre de una obra que, por si fuera poco, posee un maravilloso final lleno de infinitas resonancias, ecos y conjeturas que estoy convencido que Jorge Luis Borges se hubiera congratulado en firmar. Shalam

الحرية هي تلك القوة التي تزيد من فائدة جميع الكليات الأخرى

La libertad es aquella facultad que aumenta la utilidad de todas las demás facultades

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..en esta ocasion caza caballos y osos…….
    2ºimagen:….uno dice: cuatro nueves y el otro: cuatro jotas….jajajjjj…
    3ºimagen:…..en el estadio de futbol metieron a 20000 perseguidos….
    4ºimagen:….los pulpos estan sublevados con sus pescadores….
    5ºimagen:…..este colega tiene cara de malos amigos y su mano parece de pulpo…..
    PD: con los calcetines a juego:….https://www.youtube.com/watch?v=De1LCQvbqV4…..beatles….pulpo…

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Mamuts y elefantes. 2) Están jugando al truco. Mítico juego argentino. 3) Resulta que era un espejismo todo lo ocurrido en el estadio. 4) Chernobyl. 5) Un viejo prototipo del diseño de futuro Doctor Infierno. PD; Muy buena esta canción realmente. Psicodélica, divertida y blada como el pulpo al que se refiere.

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