Opiniones

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Leo las siguientes reflexiones en el maravilloso La aventura humana de Miguel Brieva que no me resisto a transcribir en avería. De hecho, prácticamente las hago mías. Ahí van:

Somos historia

Cada persona porta consigo a cuestas la historia de la humanidad entera, de principio a fin. El escaso interés general por la verdad histórica, de hecho, no hace sino confirmar la diminuta curiosidad que muestra cada individuo por conocerse a sí mismo.

La apoteosis de la opinión

Internet, además de la mayor corriente cultural jamás concebida, es a su vez un colosal depósito de opiniones personales y un amplio muestrario de la frecuente intrascendencia de la individualidad.

Una opinión muy rara vez coincide con un juicio razonable: casi siempre, de hecho, no es más que un inadvertido gesto de autoafirmación, un lacito autoimpuesto , como una medalla de cartón, en el tornasolado envoltorio del ego. (…) Por esto mismo nuestra sociedad valora y fomenta tanto la opinión, que no es sino la primera piedra que apuntala el desentendimiento entre humanos. La opinión es lo opuesto al pensamiento, es el residuo vacío que va dejando la persona tras de sí, cual unos Hansel y Gretel sin origen al que regresar. La vertiente más banal de nuestro yo, aquella en la que no se ven comprendidos todos los demás yos”.

Seamos ingenuos, por favor.

En nuestra actualidad intelectual, resabiada e hiperinteligente, la ingenuidad es el sparring ideal idóneo para la arremetida de nuestros dardos envenenados. Mas procuremos olvidar, por nuestro propio bien, que sin ingenuidad no hay esperanza posible. Hacerlo sería tanto como condenarnos a la nada por el mero ejercicio de regodearnos en un extrañamente autocomplaciente espejismo de inteligencia plena. La inteligencia, cuando pone todo su empeño en mostrarse excesivamente inteligente, cuando es tan sólo una daga que blande el vacío para su propio deleite, alcanza un lugar muy próximo a la morada donde reside la estupidez.

Inteligencia terminal

Resulta sin duda sintomático el que sea precisamente en el momento histórico en el que el ser humano, colectivamente, muestra un comportamiento más errático, estúpido y suicida, cuando numerosos de los individuos que lo conforman se vean a sí mismos como los más inteligentes y resabiados de su especie hasta la fecha. Tal vez lo uno no sea posible sin lo otro.

Nihilistillos

Vivir la vida sin un resquicio abierto a la inocencia, a lo informe, a la empatía ilusionada, a la esperanza que da la confianza en confiar, es algo así como ir al teatro para decirse uno mismo, durante toda la representación: Ah, mira, ese muro no es un muro, es de cartón piedra… y esto no está sucediendo de día, puesto que yo sé que afuera es de noche… y esa actriz no es en verdad una reina que muere; además posiblemente está repasando la lista de la compra mientras recita por enésima vez esas réplicas aprendidas… todo es mentira y yo lo sé… YO lo sé. Vaya, vaya… aquí hay mucho nihilisto; nihilistillo, diría yo más bien. Shalam

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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