Spiderman es un monstruo

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Más de tres décadas han pasado desde que leí mi primer cómic de Spiderman. Y, obviamente, sin dejar de disfrutar de su lectura, mi interpretación de sus peripecias ha variado. O diría mejor, que se ha agrandado y enriquecido con ciertos conocimientos y visiones que era difícil que un niño de seis o siete años (ni de once) tuviera. Siendo lógico, por tanto que hoy en día, conforme me emociono al reencontrarme con determinadas historias que había olvidado, realice constantemente nuevos análisis sobre las aventuras de “nuestro trepamuros favorito” -¡Ummm, adoraba ese apodo!-.

Estos días, por ejemplo, estoy alucinando con la visión de la sociedad norteamericana que hay en la mayoría de sus guiones. Nunca lo había entendido así, pero ahora visualizo a Spiderman como uno de los cómics más ácidos con el sistema capitalista nunca jamás escritos. De hecho, creo que parte de su éxito radica en haber sabido retratar (al igual que La patrulla X o El increible Hulk), los perversos mecanismos sociales impuestos en la vida moderna con todo su cinismo y crueldad. En algunos casos, simplemente extremando un poco los componentes del mundo real y mezclándolos con ciertas dosis de inocencia, que aportan al personaje, ese entrañable magnetismo que ha logrado que, a lo largo de los más de cincuenta años de vida, cientos de miles de lectores hayan quedado enganchados a sus aventuras.

Teniendo en cuenta la crueldad con que se encuentra retratada la sociedad norteamericana en sus páginas, no me cuesta demasiado considerar los 300 primeros números de Amazing Spiderman (aquellos que mejor conozco) como un relato del horror en estado puro. Del horror aquel, sí, al que se refería el coronel Kurtz de Joseph Conrad producido por las naciones colonizadoras occidentales pero, en este caso, visto desde dentro. Desde el mismo lugar donde se origina el hedor y el miedo que luego sufrirán en sus carnes los ciudadanos de Irak, Libia, Afganistán o todo aquel que no se doblegue a los pies de las corporaciones imperiales; cualquier país que posea algo de extremado interés para los intereses de una nación enferma, repleta de ciudadanos paranoicos, psicóticos, tal y como nos es presentada en los cómics del trepamuros.

Ejemplos acerca de lo que digo, sobran. La extrema competitividad que se refleja en estas viñetas infecta todos sus rincones. Desde el colegio en el que estudia Peter Parker (esas aulas de donde, más tarde, surgirán monstruos, ciudadanos desafectados que protagonizarán tantas películas de terror del cine norteamericano) donde es constantemente humillado por algunos de sus compañeros y apenas encuentra apoyo humano real, hasta los villanos a los que se enfrenta Spidey que luchan entre sí por ser el más malvado y están dispuestos a todo para conseguir ser calificados como el número 1 entre los seres peligrosos.

No sé qué visión tendría un alienígena del mundo retratado en Spiderman. De esos delirantes bellacos y traidores, apasionados por la destrucción y dispuestos a todo por controlar el mundo. Pero me atrevo a sugerir que se daría media vuelta y no volvería más; que huiría espantado a la galaxia de la que procediera y necesitaría cantidades ingentes de reposo para recuperarse de lo contemplado. Tal vez incluso se preguntase si por mera casualidad había probado alguna pastilla de ácido. Porque el mundo de Spiderman es perverso a más no poder. Se encuentra repleto de alucinados, patológicos, perversos seres, a cual más peligroso, enfundados en los trajes más raros.

Aunque el mal en el cómic no se encuentra únicamente en los villanos. Basta observar, sin ir más lejos, el retrato que se hace en sus viñetas de la prensa: un arma de manipulación masiva capaz de generar opiniones contrarias o a favor de Spiderman según los dictados de los más diversos intereses económicos. Por no hablar de la visión que se ofrece de la justicia o de la policía. Instituciones que por lo general, se encuentran bajo control o influencia de la mafia. Y demuestran ser entes inoperantes; meras marionetas incapaces de hacer que se cumpla una ley, defendida la mayor parte de las veces con mayor ardor por los superhéroes que por los jueces. Spiderman, en realidad, es una especie de Robin Hood incomprendido. El héroe de una Nueva York donde reina el caos y el crimen y la muerte aguarda tras cada esquina. Una ciudad devastada por el crimen que necesita desesperadamente guardianes como él y produce sin cesar todo tipo de infames monstruos que aprovechan los adelantos científicos para aumentar su poder y ego, e intentar destruir y terminar de corromper un mundo del cual son más consecuencia que causa. Casi tanto víctimas como verdugos. Algo  -esto último- que dota de madurez a un cómic que -y es aquí donde para mí radica gran parte de su grandiosidad- supo ahondar en estas reflexiones, hincar críticamente el colmillo donde había que hacerlo sin descuidar las dosis de acción propias de los grandes relatos épicos y heroicos.

Por otro lado, teniendo en cuenta las duras circunstancias a las que se enfrenta, Peter parker puede ser considerado un héroe casi existencialista no muy distinto de los retratados por Don Siegel, Robert Rossen o Elia Kazan en algunos de sus films. De hecho, hoy en día, considerando la deriva social del mundo globalizado, resulta muy difícil no identificarse con él. Tal vez hace años, Peter Parker fuera un símbolo únicamente de cientos miles de jóvenes norteamericanos y canadienses, pero pienso que actualmente encarna perfectamente los problemas de muchos más (incluido los españoles). Pues, en parte, desde sus inicios, fue héroe de ese Occidente en crisis, cada vez más globalizado, que todavía no ha encontrado respuesta a gran parte de las preguntas que preocupan al hombre moderno, sometido a una progresiva pérdida de derechos y autonomía al tiempo que disfruta de todo tipo de comodidades gracias a los adelantos científicos.

En fin. Podría continuar ahondando en estos puntos o realizar nuevos análisis que profundizaran en otras circunstancias. Resulta llamativo por ejemplo que, a pesar de sus innumerables esfuerzos por hacer el bien, Spiderman (cuyo traje es en parte, rojo) sea considerado por la opinión pública, un criminal. Sobre todo, si tenemos en cuenta que cuando el personaje fue creado, el mayor enemigo de Norteamérica eran los comunistas (los rojos). También habría que hilar fino para analizar sus esfuerzos por guardar su verdadera identidad en secreto (¿no es esto un signo que deja bien claro, la imposibilidad de mostrar dentro de la sociedad norteamericana la personalidad real?) o el que nunca sepamos quiénes fueron sus padres (algo que lo hace un típico héroe norteamericano teniendo en cuenta que es una nación compuesta en su gran parte por emigrantes que abandonaron la madre tierra Europa para establecerse allí), pero me parece que por hoy es más que suficiente. Y que ya es tiempo de volver a saborear otro té y recostarme en la alfombra mágica, feliz y contento porque vuelvo a leer otro cómic de la araña humana, el trepador volante, el mago arácnido, sí, el increibleeeee Spidermaaaan. Y vuelvo a reencontrame con esos personajes que no olvidaré jamás: Mary Jane, Robbie Robertson, La Gata Negra, etc. Shalam

الصبْر مِفْتاح الف

Si no entras en la madriguera del tigre, no puedes coger sus cachorros

 

 

 

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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