Una niña traviesa (3)

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Termino aquí esta pequeña tanda de averías sobre Quino y su Mafalda. Ahí va.

Una niña traviesa (3)

Mafalda era una tira de cómics tan libre que terminó por crear resquemores en diversos espectros sociales que fueron extremándose con los años hasta el punto de que hay quien piensa que contribuyeron de algún modo a que Quino, cansado de años y años consagrado al desarrollo de los mismos personajes, dejara de publicarla.

En cualquier caso, las críticas radicales a su obra terminaron dándole la razón. Puesto que, al fin y al cabo, Mafalda era una metáfora de la estupidez humana. Ese egoísmo insalubre que, a costa del beneficio económico, ponía en riesgo la salud del planeta, valoraba la ambición por encima de la calma o la paz y hacía de la guerra una actividad deportiva.

Los grupos revolucionarios de la Argentina acusaron a Mafalda de ser una creación burguesa y acomodada y los autoritarios de promulgar una revolución. Ambos espectros, a medida que la atmósfera política de la Argentina se radicalizaba exigiendo adhesiones inquebrantables, se sintieron ofendidos por una muchacha cuya mirada transmitía pureza y se realizaba una serie de preguntas que trascendían cualquier espectro ideológico. Eran, en algún caso, tan utópicas como el «Imagine» de John Lennon. Por más que también poseían una picardía y viveza criollas, una esmerada inteligencia, que las volvía irresistibles. Ya que, al fin y al cabo, decía lo que todos pensábamos de una u otra manera. Era la viva imagen del niño que todos fuimos antes de que los prejuicios sociales, la escuela y el poder hicieran su trabajo de demolición. Lo que importaba en ella era su corazón, su pureza, su sinceridad. No a quien apoyaba o dejaba de apoyar. Mafalda no era manipulable. Era fiel a sí misma y eso la hacía temible. Si sus padres no eran capaces de callarle la boca y controlarla, lo haría el estado.

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Mafalda no era un símbolo de ningún país o clase social. Era un símbolo universal. Algo que, desde luego, no comprendieron los militares. Es tristemente célebre la apropiación que se hizo desde el gobierno de aquella famosa viñeta en la que la niña denominaba la porra de un policía como máquina de apalear ideologías. Años después, se hizo famoso un afiche manipulado en el que Manolito alababa esa misma porra. Aunque nada se puede comparar a lo ocurrido en la escena del crimen de la Masacre de San Isidro al comienzo de la dictadura de Videla. Ya que, junto a los cuerpos de los dos seminaristas y tres sacerdotes asesinados por los militares, los asesinos dejaron estratégicamente ubicada la famosa viñeta crítica con la policía realizada por Quino. ¡Un horror que hablaba por sí mismo de la onerosa situación social que se estaba comenzando a vivir en la Argentina!

Quino llegó a confesar consternado que, de ser una muchacha de carne y hueso, Mafalda probablemente había sido torturada y secuestrada por los militares. Habría desaparecido para siempre. Algo que, en parte, ocurrió. Puesto que, insisto, ya fuese por hastío o precaución, habría dejado de publicar la tira y se había exiliado a medida que la atmósfera se hacía más y más irrespirable en una Argentina que olía a guerra civil o a un futuro conflicto armado y terminó cayendo en las garras de un oneroso régimen militar. Una cruel dictadura célebre por hacer famosa la imagen de las madres de mayo.

 

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No seré yo, desde luego, quien contradiga a Quino. Aunque no pienso que, de ser alguien real, Mafalda hubiera integrado la lista de desaparecidos durante la dictadura. La que sí que hubiera sufrido sin dudas esa suerte hubiera sido Libertad. A Mafalda la imagino asistiendo a la Universidad preocupada por el paradero de su novio y juntando dinero para exiliarse momentáneamente a otro país. Y en cuanto a los otros personajes, creo que Manolito hubiera guardado silencio durante la dictadura aunque hubiera sufrido muchos remordimientos de conciencia. Que Susanita hubiera apoyado interna o externamente el golpe de estado. Y que Felipe y Miguelito, símbolos al fin y al cabo de la juventud desorientada y falta de valores moderna, podrían estar en un bando u otro. Aunque puedo perfectamente imaginarlos escuchando rock y pegando afiches para luchar contra la dictadura de Videla y también agrupando víveres para enviar a los soldados argentinos durante la guerra de Malvinas. Los padres de Mafalda, por supuesto, se mantendrían callados y asustados. En completo estado de shock. Poniendo la televisión ufanos durante el Mundial del 78 con la esperanza de borrar para siempre la realidad cotidiana. Esa que su hija nos había enseñado a cuestionar. Shalam

غالبًا ما يكون للعقول المنغلقة أفواه مفتوحة

Las mentes cerradas suelen tener siempre las bocas abiertas

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..dicho y hecho……extraordinario……todo accion…….
    2ºimagen:…..miro los detalles de la lengua que pone manolito…..el pelao «a cepillo» y las volutas (herrajes) de los pupitres…….aportan mucho……
    3ºimagen:…..atencion al segundo por la cola….viebebe……
    4ºimagen:…..el buen uso del arte…….
    PD:….cuanto cachondeo y sabor tiene este «viejuno» billy bremner…

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Tiene paperas. 2) Manolito participando en una escena de Zipi y Zape y viceversa. 3) Esas miradas mudas de la enfermera que transmiten más que múltiples diálogos. 4) No sé a qué imagen te refieres pues había más. Si es a la 4 añado lo siguiente: El bigote del policía. Ese bigote es la clave…jajajaj… Billy Brenner muy agreste y sencillo. Tranquilo. Pedestre. El vecino que toca rock en el bar de la esquina.

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