Death Troopers

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Dejo a continuación la décima reseña del libro Los 100 mejores discos del Siglo XX. En este caso, dedicada a Death troopers de Spiders. La próxima semana me ocuparé del puesto 90 en esta lista: Razbityye mechty de Mikhail Lébedev.

Quien desee por cierto saber más del proyecto puede pinchar en el enlace siguiente:

http://www.averiadepollos.com/los-100-mejores-discos-del-siglo-xx/

Y quien quiera leer la reseña anterior puede hacerlo aquí:

http://www.averiadepollos.com/imperializm/

Si alguien se anima, asimismo, a leer este texto con música, le recomiendo hacerlo escuchando este abrasivo tema de Metallica: «The four horsemen».

91. Spiders: Death troopers. (1983)

En unas catacumbas o un túnel profundo parecía haber sido grabado Death troopers. Un ácido disco creado con la voluntad y deseo de reflejar la vida de la gente común en la Norteamérica de la post-guerra mundial que, sorpresivamente,  reventó los charts del, por aquel entonces, famélico mercado discográfico. Algo realmente sorprendente dado la dureza y crudeza de su sonido. Aunque, visto con las perspectiva adecuada, su éxito parece bastante lógico teniendo en cuenta las circunstancias socio-económicas en medio de las que esta incendiaria obra fue grabada.

Situémonos en el año 1981 en Chicago. Tras la caída de Hitler, llegan los años alegres (entre 1978 y 1982). Momento en el que comienza la reconstrucción y progresiva modernización del país. Robert Nelson -un antiguo héroe de la resistencia anti-nazi- llega al poder y promete una etapa de abundancia en Norteamérica sin parangón hasta entonces. Para ello realiza diversas medidas entre las que destaca una liberalización de los precios del suelo de las principales urbes de la nación. Una disposición que provoca un ingente crecimiento inmobiliario y el enriquecimiento de un despiadada pléyade de empresarios que comienzan a controlar desde las sombras distintos estados. Provocando un sinfín de situaciones catastróficas como el que determinados parques o estaciones naturales protegidas sean presa de constructores sin respeto alguno por el medio ambiente o que, tal y como sucederá en el barrio de Chicago donde crecieron los componentes de Spider, un grupo de familias fueran desalojadas de la zona portuaria y reubicadas en barriadas fronterizas a cambio de un exiguo desembolso económico con la excusa del interés que para la comunidad tenía la ampliación de ese área en concreto.

Es en este contexto que surge Death troopers. Un disco furioso, lleno de rabia y desesperación y, a su vez, sumamente contudente en el que cuatro jóvenes rebeldes con apenas 20 años cumplidos claman contra la situación político-social de su país y describen con acidez y furia incontrolada sus sentimientos de odio contra el nuevo regimen social y económico impuesto.

Hay que destacar, por tanto, que el odio, apatía, ira y desazón que desprende el disco es completamente sincero puesto que, a excepción del bajista, la mayoría de los componentes de Spider se vieron obligados a desocupar sus viviendas habituales. Así que, más allá de la dureza y el riesgo que emanaban de su propuesta, se entiende que Spiders pudieran conectar con una gran parte de la juventud norteamericana. Una juventud que se sentía engañada, humillada tras haber sido vejada por una serie de leyes injustas y propuestas sin imaginación alguna por parte del gobierno. Comprobando con estupor cómo tras haber vencido a los tiranos nazis y japoneses que ocupaban violentamente su país, ahora se veían forzados a luchar y alzarse en la calle contra sus propios políticos.

En cualquier caso, Death troopers no es sólo un disco crucial e histórico para entender el transcurso de la música contemporánea norteamericana en estos últimos años merced a su discurso político y social  (desde el principio, se suceden ataques contra todo tipo de políticos y economistas al tiempo que se relatan escenas dantescas producidas por el comportamientos de estos) sino también por el estilo musical a través del que estas denuncias son presentadas.

Spiders fueron al grano y decidieron utilizar sonidos cortantes, brutos y salvajes. Eliminaron todo rastro de sintetizadores, acabando con el influjo trönico y laptrönico que no permitía hasta entonces a la música norteamericana despegar del todo y se lanzaron por territorios apenas entrevistos hasta entonces en su país. Esto es; se atrevieron a utilizar guitarras eléctricas -que poco a poco se iban adentrando en la música popular de medio mundo- en lugar de sintetizadores distorsionando el sonido, conduciéndolo a extremos increíblemente ruidosos que golpeaban los oídos de los oyentes hasta hacerlos prácticamente estallar.


La voz de Lucas McCarthy más que cantar o intentar modular melodía alguna, gritaba y expulsaba como si fueran demonios los versos de denuncia y protesta que recitaba mientras la batería y el bajo lo acompañaban a un volumen atronador más propio de una batalla o guerra que de un simple disco. Pero no eran estos únicamente los méritos de este disco hiriente, protestón y rotundo capaz de reflejar la realidad norteamericana con una instantaneidad y brutalidad inéditas hasta entonces sino que es necesario destacar, a su vez, la sabia maestría con las que los renegados componentes de Spiders utilizaban sus instrumentos. Por ejemplo, en “Chicago must burn” no utilizaron bajo alguno sino dos guitarras que se acoplaban rítmicamente para seguir como podían los incendiarios gritos procedentes de la garganta de Lucas quien, por otra parte, era capaz también de bajar el tono de su voz hasta susurrar cuando la canción se lo pedía como ocurría en esa especie nana post-apocalíptica “Doom-doom” que cerraba el disco. Mismamente, Lucas era también capaz de apartarse del primer plano como ocurría en “Destroy everthing”; seguramente la canción que más escucharon los adolescentes rebeldes durante los años 80. Un himno instrumental y apocalíptico cuya contundente melodía resume perfectamente la atmósfera metálica, pesada y árida de un disco que, definitivamente, anima a quien lo escucha a salir a la calle y gritar contra la autoridad para intentar implantar la anarquía mundial. Shalam

المال مثل السماد ، إنه جيد فقط إذا قمت بنشره

El dinero es como el estiércol, solo es bueno si lo repartes

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….esto es el patio interior del «meson de los heroes» donde vivia «nazarin»…1959..buñuel…tamales, tamales, calentitos los tamales…….
    2ºimagen….promocion adosados u.s.a…….
    3ºimagen…..salvese el que pueda!……..
    4ºimagen…..estos desmelenados se comunicaban con los dedos………
    5ºimagen…..ahora muestran otra variable con toda la mano (a lo creeper)…..no gracias , no bebo…..
    6ºimagen…..a parir la gata! (muy antiguo juego infantil)……sonrisa….
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=94fG4A_jQuM…toots &the maytals…monkey man…1970…..de esta manera aderezamos «a parir la gata»…….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Imágenes de exteriores para el rodaje de The wire en Chicago y no en Baltimore. 2) Aquí ya rodando una escena en los primeros episodios The Wire. Aparecerá Omar en cualquier momento. 3) Una casa-mansión en la que se inspiraría Stephen King para realizar una novela de terror en la que mezclaría las historias de fantasmas con el horror por el sufrimiento para pagar la hipoteca. 4) Película cómica sobre zombies. Aquí a punto de transformarse. 5) Esta era una escena del trailer sobre el filme de zombies. 6) Parece una película posmoderna en la que, de repente, va a aparecer o bien Spider-Man o bien Batman aunque no se sabe bien ni por qué ni para qué. PD: creo que es imposible disfrutar de esta música sin marihuana. Seguro que sí. Pero lo veo casi como requisito imprescindible. Algo de droga alrededor.

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