El fin del mundo

0

Este año le pedí a dios que me concediera un deseo muy profundo: que Boca volviera a ganar otra Copa Libertadores. Aún no sé si se me va a cumplir pero de lo que sí tengo absoluta certeza es de que va a ser tortuoso, épico, angustioso y heroico levantar los brazos porque, exactamente, el destino ha querido que Boca dispute el título contra River Plate: el fin del mundo.

No creo que sea necesario añadir mucho más. Sinceramente, creo que, desde ya, esta final puede ser considerada el partido más importante de la historia del fútbol sudamericano y me atrevería a sugerir que incluso de la historia del fútbol de clubes mundial. Obviamente, no estoy feliz por esta disputa sino nervioso y tenso. Si Boca gana, sé que viviré durante años con una sonrisa en los labios que surgirá en los momentos más inesperados. Que agradeceré un día tras otro haber nacido. Y que una felicidad muy profunda me embargará dándome fuerzas para continuar vivo. Pero si pierde, si pierde… no concibo más que la noche total. Días amargos de los que tan sólo una palabra podrá rescatarme: venganza.

Yo sobreviví a una semifinal de Copa Libertadores entre Boca y River en el año 2004. No existe otra forma de expresarlo. Durante aquellos tensos días, fui varias veces al cine para olvidarme del partido, tomé tranquilizantes, le hice vudú a un jugador de River, estuve a punto de pelearme una o dos veces contra muchachos que estaban ofendiendo a los guerreros bosteros y tuve sueños y pesadillas relacionados con el choque. Exactamente, sólo existía esa batalla en Buenos Aires. Allá donde iba únicamente se hablaba del duelo, de esa guerra terrorífica que se decidió histéricamente en penaltis.

El primer partido de aquellas semifinales pude contemplarlo en La Bombonera. Fue un choque bronco y tenso, -hubo una tangana histórica que acabó con la expulsión de Marcelo Gallardo- sin apenas oportunidades, que controló bien Boca. Bianchi armó una red compacta de centrocampistas y defensas que anularon a los gladiadores de River y supo aprovechar las escasas oportunidades que tuvo. El ejército xeneize ganó a los puntos y se llevó un gol de ventaja al Monumental en cuyo campo se vivió un partido memorable e inolvidable porque el conjunto “gallina” lo dio todo. Aquel River era un equipo notable, con mucha verticalidad y lo intentó de todas las forma posibles pero Boca no se achantó. Aguantó las continuas embestidas de los “millonarios” y de no ser por el gol en el último minuto de Nasuti, se hubiera acabado llevando la eliminatoria a su terreno en los 90 minutos reglamentarios.

Este segundo partido no pude verlo en el estadio porque no había prácticamente entradas para el público visitante (o tal vez incluso estuviera prohibida su acceso al campo) y además, por aquel entonces, el Monumental era para mí un centro de concentración. Un infierno. Hubiera con toda seguridad enloquecido de rabia al escuchar a los hinchas de River insultar a Boca y era mucho más prudente, por tanto, mantenerme en mi trinchera. Por entonces, sí, yo me había convertido en un fanático. Vivía en una casa situada a 300 metros de la Bombonera. Era socio del club azul y oro, de tanto en tanto asistía a sus entrenamientos y además, escribía una novela para honrar su memoria que, antes o después, verá la luz.

Nunca olvidaré lo que ocurrió cuando Villarreal marcó el penalti final dando la clasificación a Boca. Salí como un loco al pasillo del edificio gritando y allí me encontré con varios vecinos que no conocía y todos nos abrazamos como si fuéramos hermanos o, directamente, hubiéramos perdido la cabeza. Esa noche, por supuesto, no dormí. Fui al Obelisco y disfruté quemando banderas “millonarias” y cantando en voz alta las míticas canciones que celebran la historia xeneize mientras autobuses llenos de hinchas de River eran apedreados.

¿Quién llega mejor al duelo? Creo que River. Gallardo le tiene tomada la medida a Boca. Es un notable técnico que sabe apuntar a los puntos débiles del rival y aprovechar los espacios libres pero el conjunto xeneize ha vuelto a recuperar solidez. Sus dos partidos contra Palmeiras me hicieron rememorar al “viejo” Boca y ha sumado a Benedetto a la “causa”. Boca, además, vive obsesionado con la Copa y creo que ha nacido para jugar partidos así. Tiene “mística”. Por lo que, en realidad, percibo mucha igualdad y que, probablemente, la final se decida por detalles o bien por casta, lucha y entrega.

Afortunadamente, estos dos partidos los voy a vivir en España porque, sinceramente, no sé qué sería de mí de encontrarme en Buenos Aires. Pero aún así, lo más lógico es que mi estado de ánimo se vea alterado y el día antes no duerma muy bien. En verdad, no creo ni que los vea de lo nervioso que ya estoy. Tal vez me vaya a correr por la playa para luchar contra la tensión y me entere del resultado horas después por internet. No sé bien. En realidad, ya estoy descompuesto. Ya estoy perdido y no alcanzo a distinguir más que que camisetas amarillas y azules, blancas y rojas. Por lo que, desde hoy, prometo no dormirme sin cantar o rezar aquello de: “Y dale alegría, alegría a mi corazón/ lo único que te pido ganemos hoy/ la Copa Libertadores es mi obsesión/ tenés que dejar el alma y el corazón/ ya vas a ver no somos como los putos de RiBer Plate”. Shalam

إِنْ سَرَّكَ الأَهْوَنُ فَابْدَأْ بِالأَشَدِّ

         El comienzo de la sabiduría es el silencio

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo