Tragedia

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“Está herido de muerte y los tiempos se acortan. Se vive este momento de crisis con un semblante degradado. Ha sufrido una brutalidad espantosa en su descomposición. Ha soportado escenarios de desprestigio que hay que recuperar. Hay una facción de tramposos de mentirosos, con rostros de grandes negocios que se ha refugiado en los modos serviles del mundo (…) para esconder su trampa.

Es un ámbito de extrema gravedad la dinámica de los acontecimientos que ha torcido su rumbo trágicamente. Tiene que haber una clave para la esperanza. Una señal”.

Estas palabras no aparecen ni en La Ilíada ni en La guerra del Peloponeso. No se encuentran en ningún libro histórico romano. Y tampoco emergieron de los labios de Napoleón, Wiston Churchil o el general George Patton. No fueron pronunciadas por ningún político o periodista durante los peores años de una lacerante crisis económica. Ni tampoco es posible hallarlas en ninguno de los cientos de libros de ciencia ficción que proponen escenarios apocalípticos. Porque, en realidad, fueron publicadas en el diario Sport ayer, pertenecen a un entrenador de fútbol, Luis César Menotti, forman parte del artículo llamado “Messi en un fútbol argentino herido” y hacen referencia a la crisis del fútbol del país americano.

Creo que basta este ejemplo para dejar claro el drama, la pasión, la intensidad con la que se vive el fútbol argentino. Algo que creo que no es difícil de constatar teniendo en cuenta además que Menotti es un hombre que pasa por discreto y templado en su patria. Es una persona que mide sus palabras y piensa dos veces antes de hablar. De hecho, es uno de los prototipos de sabiduría de aquel fútbol. Lo más parecido a un filósofo del balón. El Quino del balompié. Y, a pesar de ello, en su discurso no puede evitar utilizar un léxico, una profusión de adjetivos y un tono que huele a épica y a tragedia. A drama absoluto. Tanto es así que tuve que dejar de leer varias veces el artículo porque pensaba que estaba hablando de una hambruna terrible o de una peste y no de un juego que, obviamente, queda claro que es cualquier cosa menos un pasatiempo para los argentinos. De hecho, más que el sustituto de la guerra, es la guerra misma. No tanto una canalización de la furia y la frustración sino la manifestación más veraz y cruel de la rabia y la enajenación. Shalam

أُحِبُّكَ يَا نَافِعِي وَلَوْ كُنْتَ عَدُوِّي

El ignorante afirma, el sabido duda y reflexiona

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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