VAR

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Coincido completamente con el espíritu del artículo, «La industria arbitral invade el fútbol», publicado hoy por Santiago Segurola en El país.

Afirma el periodista vasco que, durante los últimos tiempos, se ha levantado toda «una industria arbitral (…) en el corazón del fútbol. Aquel juego de escasas reglas se ha transformado en un mamut normativo, impulsado por un sistema burocrático que crece exponencialmente. Se (han trasladado) las grandes decisiones del juego fuera del estadio y se (ha propiciado) una pirámide que nos llena de árbitros por todos los costados. (…) Un sistema opresivo, hiper vigilante, ininteligible y pelmazo. (…) Las cuatro reglas del fútbol se han convertido en 400 que la gente y los jugadores cada vez entienden menos, adheridas a la proliferación de jueces que las interpretan a su manera en cada instancia: unos en el campo y otros, vestidos de corto en un despacho oscuro. Y en medio, el VAR, instrumento que ni siente ni padece y al que se atribuye un afán de justicia que se jalea cuando la uña del jugador marca un fuera de juego».

No sé si puedo añadir algo más a esta excelente descripción. Pero intentaré dar unos cuantos apuntes más. Soy de los que se encontraban completamente de acuerdo con la implantación del VAR. Pero, eso sí, para jugadas muy concretas como, por ejemplo, los goles fantasma. Pero no tengo dudas, a día de hoy, (no sé qué pensaré mañana), que si por mí fuera lo eliminaba completamente. Porque junto al VAR han llegado una serie de nuevas reglas (y con ellas toda una tremenda burocracia) como la de las manos en los áreas y otras que ya ni me molesto en comprender, que me recuerdan a la normativa actual sobre mascarillas. Tengo la sensación que ya no sé qué se encuentra permitido y qué no en el fútbol. Que hay más árbitros que jugadores. Que cualquier jugada -no importa que se encuentre protagonizada por un defensa en completa soledad- puede ser paralizada en cualquier momento o ser sancionable.

Tengo, asimismo, la impresión -más aún contemplando esas tribunas vacías con la excusa del coronavirus- que el fútbol ya no pertenece a los jugadores y a las aficiones. Es un banquete que se encuentra en manos de los directivos, empresarios y ejecutivos y ahora también de la industria arbitral y los técnicos informáticos.

Seré sincero. Hace casi un año que no veo un partido de fútbol completo. Cuando quiero disfrutar de aquel antaño mágico espectáculo, contemplo uno antiguo disputado en épocas no tan lejanas. Puede que cuando el público retorne a los estadios, me vuelva a enganchar. Pero ahora mismo estoy completamente alejado del deporte porque, en el fondo, ya no parece fútbol sino un capítulo de Vigilar y castigar de Foucault o de El prisionero. Peor aún, un programa sobre una panda de multimillonarios consumiendo en un hipermercado monitoreados desde cuartos de vigilancia para ver qué compran o si -sea por capricho o perversión- roban algo.

Los jugadores son actualmente escrutados desde las pantallas de los estadios no para verificar sus cualidades técnicas sino una posible falta que anule la jugada posterior y nos obligue a rebobinar nuestras emociones. Al fútbol le seguimos llamando fútbol pero cada vez se parece menos a aquel juego pasional que disfrutábamos en los recreos y los campos de tierra en el que todo era posible -empujones, tijeretas, taconazos, insultos, genialidades, peleas, lucha atlética, trampas, catenaccio, paradiñas- y es cada vez más idéntico a un programa de ordenador sin alma donde todo está (o debe estarlo) bajo control. Es prácticamente una fiesta organizada por técnicos de Hacienda. Una aventura dirigida por funcionarios.

Una cosa es corregir algún fáctor del juego u ajustar detalles y otra, monitorizarlo al completo. Lo primero es deseable y necesario y lo segundo, un atentado contra la libertad. El espíritu de esa actividad. Si he de ser sincero, a día de hoy, ya no sé ni cuándo es mano y penalti ni cuándo se puede reclamar el VAR o se está obligado a revisarlo. Ya no entiendo muchos lances del juego. Antes me sentía partícipe del mismo. Ahora ya no. Más que nada porque no tengo claro lo que pedir. Si lo que estoy solicitando -un penalti, una falta- o celebrando -un gol- es justo o será anulado en unos minutos.

Antes, aun siendo espectador, me consideraba un agente activo. Ahora soy consciente de que no más que soy un agente pasivo. Jamás he insultado a un árbitro ni en un estadio ni en mi casa, pero sí tenía claro cuándo lo hacían mal o si su error era más justificado o menos. En cualquier caso, eran humanos y los respetaba. Yo no lo hubiera hecho posiblemente mejor. Pero el problema es que ahora ya no sé a quién reclamar o dónde mirar en caso de considerar que una decisión ha sido errónea.

Hace un año o dos los periodistas de los programas futbolísticos más vistos hablaban de la vida privada de los futbolistas, los negocios de los directivos,  polémicas arbitrales y un poco de fútbol. Pero actualmente, puesto que el VAR, en vez de solucionar problemas enquistados, ha multiplicado las dudas y la incertidumbre y ha generado unos cuantos más (y no de menor alcance), ya ni tan siquiera dedican dos o tres minutos de sus programas a hablar de técnica, estrategia o goles. Con lo que, como en el resto de ámbitos de la sociedad ha ocurrido con mútiples actividades, el fútbol no es ya más que un simulacro aleatorio. Es otra viñeta de El Roto. No es tanto un deporte como una sumisa celebración del vacío. Algo parecido a un videojuego consagrado a las luchas en el circo romano. Shalam

ما لا يحبه لا يسبب صراعات ولا حزنا

Lo que no se ama, no provoca ni luchas ni tristeza

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….lou reed decia que tenia tantas tv como habitaciones (que fue una idea que le sugirio andy warhola)………
    2ºimagen:…..celulas madres………
    3ºimagen:……10 ojos ven mas que 2…(la hostia cana, lo que hay que oir)….
    4ºimagen:…..ok, ok….todo ok jose luis…………..sonrisa……

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) A mi la frase de Lou me recuerda a la mansión playboy de Hefner. La vida en una cama y todo lleno de televisiones. 2) El prisionero versión Black Mirror. 3) Antes se veía la televisión para emocionarse. Ahora se la ve para multar. 4) Repite por favor. Repite.

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