El engendro

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Según creo, cuando rodó The prophecy a finales de los 70, John Frankenheimer tenía problemas con el alcohol. Y no me extraña. En realidad, The prophecy es una película interesante pero de la que emerge un profundo sentimiento de decadencia. Por momentos, parece una película realista, de esas sucias de los 70 tipo Deliverance que realizan una certera radiografía de la América profunda y por momentos, una parodia de serie B de Tiburón o Godzilla.

Creo sinceramente que lo mejor del filme consiste en adivinar cuál era el estado interno de Frankenheimer cuando rodaba las escenas. Qué es lo que pensaba cuando daba órdenes para mover la cámara de un modo u otro. Y mejor de todo, qué es lo que sentía.

The prophecy es una de esas películas en las que casi es más interesante lo que presuponemos que ocurría tras la pantalla que lo que vemos. Por ejemplo, me interesa bastante saber qué hacían los actores mientras la rodaban. El elenco interpretativo, de hecho, es bastante interesante. Y el guión se debe ni más ni menos que a David Seltzer. Así que, en principio, el filme debería ser dramáticamente potente. Sin embargo, hay algo que no termina de cuajar en el mismo. El monstruo parece sacado de una película gore y transmite escaso realismo. Un realismo que, aunque parezca contraproducente, es esencial para que los filmes de terror funcionen. Impacten. Ciertamente, el contraste entre el maquillaje del oso y los parajes inhóspitos y frugales del bosque contaminado son feroces. El bosque de la película transmite desasosiego y ansiedad. Suspense. Y el monstruo una mezcla entre pena y risa.

De todas maneras, no creo que mejorando los efectos especiales, The prophecy funcionara completamente. En realidad, creo que es al contrario. El descuido de esos detalles refleja que había algo que no estaba funcionando del todo bien detrás de la cámara: los dramáticos vaivenes existenciales de Frankenheimer.

Mentiría sin embargo si dijera que no me he entretenido viendo The Prophecy. De hecho, creo que su mensaje ecologista está muy bien logrado. Y que la sensación de sucia decadencia que transmite se encuentra muy en la tónica del mejor cine de su época. Así que no siento haber perdido el tiempo contemplándola. Sobre todo, porque, en gran medida, su existencia es reflejo del apocalipsis social y personal que se vivía y experimentaba en muchos de los ámbitos de la Norteamérica de los 70. Shalam

السعادة مثل الصحة: ​​عندما تحصل عليها ، لا تدركها

La felicidad es como la salud: cuando la tienes, no la percibes

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    experimento berlines años 30……adiestramiento conducido por los adultos……..hay muchas maneras de ser depredador, miquel barcelo comento que hacia tiempo habia dejado de serlo……(un mallorquin en dogo),
    (un escritor en essaouira)….sonrisa….

    • Alejandro Hermosilla on

      Me llama la atención lo del pueblo llamado Dogón. Más que nada porque tal vez de ahí sacó Lovecraft el nombre de Dagón. razas oscuras..jjajaj

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