El maldito viento

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Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a El maldito viento; el segundo disco de La Unión. El cual recomiendo leer escuchando el tema que le da título. Ahí va.

El maldito viento

El maldito viento es, sin dudas, mi disco favorito de La Unión. Seré sincero. En realidad sólo me gustan un par de Lps del grupo. Los dos primeros: Mil siluetas y El maldito viento. Pero ambos me gustan mucho. Muchísimo. Probablemente porque los tengo unidos a uno de los más inolvidables recuerdos de mi vida.

Me refiero a un viaje realizado hace casi dos décadas atrás por Venezuela, Colombia y Brasil. Meses antes había escuchado en una discoteca de Buenos Aires la canción «Mil siluetas» y me había sorprendido a mí mismo bailándola entre centenares de porteños. Juro que aquella noche en concreto, aquel tema sonaba como el más excitante de la historia. Ninguno de INKS, A-ha, New Order o The Cure podía hacerle sombra. Así que, a los pocos días, me hice con unos cuantos discos suyos (en realidad, casettes) en Parque Rivadavia. Decisión dudosa porque, tras varias escuchas, deseché la mayoría de los álbums de su discografía menos los dos primeros.

Algo lógico porque su debut, Mil siluetas, es un inobjetable trallazo de pop nocturno, divertido y misterioso. Cualquier banda de los 80 soñaría con un comienzo así. Un cruce entre el post-punk más bailable, el pop europeo y el techno más dulce y vacilón que apareció en el sitio y el momento justos: en pleno auge de la Movida y de una eufórica y enérgica España ansiosa de ídolos y ritmos juveniles y febriles. Necesitada, sí, de misterio, sexo, nocturnidad y vicio.

Dicho y hecho. Mil siluetas tenía eso y mucho más. La producción era una bomba. Morbo de lujo. Aquel disco podía mirar de tú a tú con descaro a los de Duran Duran y OMD. Su sonido era comercial pero también arriesgado artísticamente. Lo mismo recordaba a Roxy Music que a Depeche Mode o a los grupos más avanzados de la new wave. Mil siluetas se podía pinchar en las discotecas, en los bares y en los coches modernos que comenzaban a aparecer en las vetustas carreteras de España. Y además, contenía dos hits inolvidables: «Sildavia» y «Hombre lobo en París». Dos de esos temas elegidos por los que no pasa el tiempo que invocan todo tipo de ensoñaciones y libertad.  Los enigmas del hedonismo.

Por otro lado, sin abandonar del todo la senda tomada en el primer disco, El maldito viento sí cambiaba un poco las tornas. Creo sinceramente que es el único de sus discos en que La Unión primó lo artístico a lo comercial. Intentó poner su grano de arena para si no cambiar el pop, sí modificarlo un ápice. Hacerlo un estilo más sereno, maduro y sofisticado sin hacerle perder frescura ni descaro.

En El maldito viento, la banda no buscaba tango gustar al público, fabricar hits, como gustarse a ellos mismos. El álbum es una obra libre. Llena de osado lirismo. De medios tiempos reflexivos (pero también bailables) que son, en cierto modo, una breves e intensas meditaciones sobre los peligros de la juventud, el paso del tiempo y los excesos del éxito.

Hay algo salvaje y vibrante, lo juro, en El maldito viento. La canción que le da título es una maravilla. Su letra me fascina. Hace referencia a esos golpes fatales que se repiten una y otra vez en las vidas de ciertas personas. El cruento destino. Recuerdo escucharla mientras anochecía en las playas de Cartagena (Colombia) y sentir un ramalazo de aire puro inexplicable. De vida absoluta. Tampoco  por cierto he olvidado la escucha de «Entre flores raras» en un estrambótico mercado de Cali o las peligrosas calles de Caracas y Sao Paulo. Y me recuerdo haciendo ciclismo por las escarpadas montañas de Mérida (Venezuela) escuchando «La máquina del tiempo» y «Los planes de los amantes» con absoluto entusiasmo.

No sé cómo explicarlo pero las tierras sudamericanas, sus parajes salvajes, sus playas recónditas, los rostros apasionados de mujeres y hombres en medio de anocheres y amaneceres de fuego lograban que aquellos dos discos de La Unión (sobre todo, El maldito viento) resonaran de manera especial en mí. Se incrustaran en mi alma como el beso inesperado de una mujer a altas horas de la madrugada de la que no volveremos a saber más.  Amo ciertamente esos acordes. La calidez fría pero latina de la guitarra, los frondosos golpes de bajo, los elásticos sintetizadores y la voz de un cantante más preocupado por aquel entonces por transmitir emociones que por ser un sex-symbol.

El maldito viento es un muy buen disco de pop. Es tan bueno que me atrevería incluso a compararlo con algunos de Soda Stereo. Probablemente porque solía escuchar en sesiones dobles a ambos grupos durante mis viajes americanos. En cualquier caso, creo que es un ejemplo perfecto de aquello en que podía haberse convertido el pop español de haberle dejado crecer a su ritmo y sin presiones. Centrado en la creatividad sin dejar de lado la melodía. La alquimia juvenil perfecta. Shalam

فعل الخير للأشرار هو صب الماء في البحر

El hacer bien a villanos es echar agua en la mar

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….no se por que esta portada es una banda con aspecto de «emilio el moro»……..
    2ºimagen……joder se pueden hasta sentar en el guardabarros del carro limusina………….
    3imagen…..el colega, entre bogart y «garson» parisien……….
    4ºimagen…… atraque en bateria (desaparicion de los barcos)…………
    PD……https://www.youtube.com/watch?v=EdEwKne9D7Y….fandango de cantimpalo…emilio el moro…la manera de ponerse la guitarra pero para dar una «salva»…….(olvidaba por favor, quitar el sonido)……..sonrisa….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Es una portada realizada por Ouka Leele y entiendo que desea transmitir un aire caribeño y clásico… al disco. Negritud y clasicismo. El ritmo perdido de santiago Auserón. 2) La era disco-pop. Ahora mandamos nosotros y no Jimi Hendrix. 3) Película francesa olvidada y rescatada en un ciclo de la 2. 4) La vida no sabe igual en Maracaiboooo… Maracaiboooo. PD: No lo conocía. Ahora entiendo la referencia en la primera cuestión. ¡Dios! ¡Qué bueno que es! ¡Qué genio!

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