Gomorra (1)

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Dejo a continuación el primero de dos averías sobre una serie realmente explosiva y certera. Una de esas que dejan sentado al espectador y no le dejan respirar demasiado. Me refiero a Gomorra. Quiero aclarar, eso sí, que hoy no entraré a fondo en ella sino mañana. Sirva entonces este texto de introducción.

Ahí va.

Gomorra (1)

Gomorra es una de esas series que mueren de éxito o que no llegan a ser tan grandes como podrían debido a su alta rentabilidad. El reclamo de audiencias generosas que provocan habitualmente que, en vez de regalarnos dos o tres temporadas magistrales y dejarlo ahí, los productores decidan extender el chicle más de lo debido. Una pena porque, siendo sinceros, Gomorra es una puta bomba. Dinamita. Es un producto televisivo adictivo lleno de momentos memorables y personajes carismáticos.

No por casualidad hay quien ha dicho que es una mezcla entre The Wire y Los Soprano aderezada con el grasiento perfume de las calles de Nápoles. Lo que habla bien a las claras de su contundencia y calidad. Lo precisa y, al mismo tiempo, efectista (en el buen sentido) que es.

Yo (a falta de la quinta y, confío, última temporada) la estoy disfrutando mucho. Aunque sostengo que precuelas-secuelas como El inmortal no aportan nada nuevo a la trama y que, finalmente, por no ponerle un final a tiempo, muchas situaciones se repiten y otras directamente parecen inverosímiles como el hecho de que sus dos jóvenes personajes principales (Genny Savastano y Ciro Di Marzio) continúen con vida a estas alturas. Algo necesario para mantener y fidelizar audiencias pero increíble desde el punto de vista, repito, de la verosimilitud. Un concepto que yo entiendo con mucha elasticidad pero me molesta que no se respete cuando precisamente gran parte del enganche de Gomorra (además de la violencia y su espectacular guión) es que se presenta como espejo (exagerado o no ya es otra cuestión) de la cruenta realidad napolitana.

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Hecha esta salvedad, lo cierto es que no tengo más que buenas palabras sobre Gomorra. Aunque sí que me gustaría aclarar algo. Que la serie es menos sutil y realista que el libro de Roberto Saviano y la adaptación fílmica del mismo realizada por Matteo Garrone.

Para entendernos, el texto del periodista y ensayista napolitano es increíblemente preciso y meditado. No busca tanto los golpes de efecto como describir una realidad: la majestuosa y escarpada tela de araña tejida por la Mafia principalmente en el sur de Italia pero, a su vez, en diversos territorios de Europa.

La obra de Saviano es casi un tesis periodística sobre las causas y efectos de la violencia en Nápoles. Es pausada y punzante. La visión de un escritor que llega a niveles de asombrosa implicación ética con una espeluznante situación. Y la película de Garrone recogía en gran parte ese espíritu. Así que la violencia no nos estallaba en primer plano sino que se cocía a fuego lento. Era una violencia sin piedad y sorda que dejaba sin aliento. Lo dominaba todo pero no necesitaba estar siempre presente para inquietar. Al contrario, enervaba precisamente porque era silenciosa pero exacta. Sigilosa pero igualmente cruel. La picadura de una víbora. El disparo a bocajarro de una pistola con silenciador.

Sin embargo, en Gomorra (la serie) no ocurre exactamente lo mismo que en el libro de Saviano y el filme de Matteo Garrone. La producción televisiva también se encuentra basada en diversos fragmentos y escenas del texto del escritor napolitano que van apareciendo por aquí y por allá y quien haya leído su precisa obra maestra reconocerá (o rememorará) fácilmente. Pero su esencia es distinta.

En Gomorra (la serie) los personajes no suelen durar mucho. En cuanto uno alza el cuello y se cree invencible, su cabeza aparece cortada en medio de una acera. En cuanto uno se confía un tanto, es descuartizado (a veces literalmente). Y esta violencia hace muy ágil la serie. Le da un toque encarnizado y bestial muy necesario. Una visceralidad que engancha. De hecho, en el primer capítulo ya muere un personaje (un esbirro del capo don Pietro Savastano) que creemos que va a ser esencial en la serie. Pero no dura ni una hora. A las primeras de cambio, desaparece para siempre. Visto y no visto.

En esencia, por tanto, la serie es menos sutil que la película. Así que su violencia no es sorda sino absoluta, total y expĺícita. Se encuentra siempre en primer plano de un modo a veces casi grosero. Bestial. Brutal. Un hecho que la convierte a veces en previsible. (¿Quién será el siguiente muerto o el próximo traidor en ser delatado o caer?) Pero, en la medida en que sus realizadores (Stefano Sollima, Francesca Comencini y Clauido Cupellini) consiguen distanciarse de la acción y personajes, centrarse en los barrios o retratar las conductas y comportamientos de los mafiosos es justo decir que logran crear un producto televisivo realmente admirable. Puro chocolate. Un dulce grasiento y sangriento que resulta imposible dejar de contemplar y llega a niveles de tensión muy altos. Shalam

إن الجريمة المثالية ليست هي الجريمة التي لم يتم حلها ، ولكنها الجريمة التي تم حلها بجاني كاذب

El crimen perfecto no es aquel que no se resuelve, sino el que se resuelve con un falso culpable

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…..cuadro hortera, suave, un cromo…..
    2ºimagen…..agua en el castillo!!!…………
    3ºimagen…..el descubrimiento del bruto……..
    4ºimagen…..este se va ha comer el marron……piensa en algo o fuma……..
    5ºimagen………la virgen bendita, bendita sea la virgen…..vaya par de trogloditas……
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=x7GlFqnL5xo&list=PLfiMjLyNWxeb2QM_N_HGbYv1XEtK3pvdx&index=6…..ingobernable…c.tangana, gipsy kings……esribillo……..

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Pastiche siciliano. 2) Mata o mata. 3) Dos jóvenes cambiándose antes de la práctica de esgrima. 4) Modelo de un lienzo de pintor renacentista. Caravaggio tal vez. Antes del asesinato. 5) Cambiaría a ellos dos por dos gallos. Corral. PD: Tangana y Franz Ferdinand entran en el mismo apartado para mí. Prefiero no decir nada.

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