Elisa Lam

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Hace varios días vi la docuserie Desaparición en el hotel Cecil y, realmente, me gustó mucho. Se me hizo incluso corta. Podía haberme pasado perfectamente unas cuantas horas más escuchando las múltiples historias de suicidios y desarraigos acaecidos en el edificio angelino así como las centenares de teorías existentes sobre la triste muerte de Elisa Lam y sus posibles responsables. No había pensado hacer un avería sobre ella. Pero he de reconocer que me llamó la atención el que cuando quise contrastar mi opinión con la de otras personas encontré un sinfín de opiniones negativas sobre la obra de Berlinger. A muchos se le había hecho interminable, otros la catalogaban de tomadura de pelo y no faltaban quienes la acusaban de ocultar información y contribuir a reforzar el status quo.

Supongo que algunos de estos espectadores insatisfechos clamarían años atrás con fuerza contra Pablo Vergara (Morbid) acusándolo de haber cometido el crimen de la estudiante canadiense; icono involuntario de esta época frívola y cruel. Y que otros tantos habrían redactado artículos y creado sesudos vídeos en youtube logrando atar todos los cabos que vinculaban la famosa escena del ascensor protagonizada por Elisa con Dark water; el filme de Hideo Nakata. Muchos supongo que todavía seguirían recibiendo visitas en sus correspondientes páginas dando crédito a diversas teorías e intentando mantener la llama encendida y entiendo que la producción de Netflix les cayera como un jarro de agua fría al ejercer en cierto sentido de enterrador de una polémica que, en muchos casos, se mantuvo viva de manera artificial. Por intereses egoístas que no tenían tanto que ver con descubrir la naturaleza de esta muerte.

En verdad, llegados a un punto, supongo que a nadie le interesaba resolverla. Si había errores humanos en la investigación se tomaban como maliciosos e interesados descuidos y si había puntos vacíos como sospechosos indicios que apuntaban al gobierno, una secta o, mismamente, a un posible policía infiltrado interesado en mantener a salvo a los responsables del hotel. Y, en este sentido, la serie ha venido a ser para muchos lo que una estaca o el sol a los vampiros al incidir en la versión de la muerte menos conspiranoica. Un disparo frontal a quienes encontraron sentido a su vida (y en ocasiones también un beneficio económico) especulando con esta tragedia.

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Soy de los que piensan por ello que, en realidad, Desaparición en el hotel Cecil no es tanto una docuserie sobre la muerte de Elisa Lam como un retrato sociológico sobre nuestra sociedad; acerca de la era de las redes. En realidad, el protagonista son las hordas de morbosos, bienintencionados y fantasiosos blogueros, youtubers y usuarios habituales de twitter o facebook que convirtieron el caso en mediático y ejercieron de detectives sin años de estudio que los respaldaran.

Creo que eso es Desaparición en el hotel Cecil. Un retrato de la generación instagram. Un tal vez involuntario documento sobre el actual apogeo de las olas conspiranoicas. Un (inconsciente) experimento psicológico sobre la disonancia cognitiva, las masas y las corrientes de opinión.

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Hace décadas, por ejemplo, la muerte de Elisa Lam hubiera sido un caso (entre otros muchos) que hubiera formado parte de la historia negra y oculta del edificio. Aparecería en los dos o tres ensayos sobre el hotel que leerían de tanto en tanto algunos iniciados. El nombre de Elisa se habría dejado ver en artículos en revistas como Rolling Stone que hubieran alimentado el morbo o incluso en algún documental sobre fuerzas ocultas. Puede que tanto Lou Reed o Led Zeppelin como algunos grupos angelinos le hubieran dedicado alguna canción, sí, pero, en general, esta muerte como otras muchas estaría inmersa en el misterio. De tanto en tanto, alguien que visitara Los Ángeles se quedaría a dormir en el Cecil y se haría la foto de rigor para mostrar a su colegas a su vuelta a su hogar. Pero la historia de este edificio -como la del hotel Chelsea- se entremezclaría con la de los mitos y las leyendas. Nadie sabría bien cuántas muertes y suicidios allí acaecidos eran reales o no y tampoco habría un interés malsano por destapar toda la verdad.

El hotel Cecil sería una especie de Hotel California. Sí, el de la canción de los Eagles. Una antesala del infierno que nadie osaría profanar por una mezcla de temor y superstición. Y todos, de una manera u otra, estaríamos de acuerdo en ello. ¿Qué ganaríamos, al fin y al cabo, removiendo cadáveres? Una pregunta al parecer incomprensible en los tiempos actuales.

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Más allá de lo que acabo de referir, lo cierto es que el famoso vídeo del ascensor (una obra maestra involuntaria) tiene múltiples condimentos que contribuyen a explicar (un poco) la histeria generada. Tiene, por ejemplo, ese toque hiperrealista de filmes como Paranormal activity que han hecho furor en Occidente durante este siglo. Cualquiera podría pensar que o bien Elisa estaba siendo perseguida por espíritus malignos o por un macabro asesino serial. Las referencias a Dark Water (bastante acertadas teniendo en cuenta el atuendo de Elisa y su origen japonés) proporcionaban un toque aún más psicótico a la historia. Sus reacciones del todo ilógicas e incomprensibles permitían alimentar cualquier tipo de teorías. Y los diversos lapsus en el vídeo (sobre todo, el relacionado con el cronómetro y su ralentización) hicieron el resto. Una bomba de neutrones estaba suelta. Más aún, teniendo en cuenta estos tiempos en que los rumores e hipótesis se convierten en verdades enciclopédicas en cuestión de segundos.

Por si fuera poco, las imágenes de las autoridades en la azotea donde fue encontrado el cuerpo recordaban (aunque fuera de lejos) a las del 11-S. Así que cualquier error mínimo iba a ser considerado intencionado. Una tapadera del gobierno en la que se incluían posibles pistas y móviles como el código postal de la librería donde Elisa fue vista por última vez en público (el cual, según parece, cuando se escribe en Google Maps traslada directamente a su tumba) o unos test para detectar tuberculosis cuyo nombre era idéntico al suyo: Lam-Elisa. En fin, un cúmulo de bolas de nieve dignas de Matrix que terminaron por hacer imparables los vericuetos de la historia.

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En realidad, la hipótesis oficial no parece tan descabellada. Y a eso apunta Berlinger. Elisa tenía un trastorno bipolar. Se medicaba. Se encontraba en tratamiento. Sufría una severa depresión. Su mente era frágil. Y encima tuvo la desgracia de albergarse en un sombrío hotel, nada acogedor, situado en uno de los barrios -Skid Row- más depauperados y deprimidos económicamente de Los Ángeles.

Por si fuera poco, era muy joven e impresionable. No era capaz todavía de controlar sus impulsos. Antes de su fallecimiento, apiló una fila de libros en el mostrador de la librería que visitó. Tantos que no era capaz de llevarlos ella misma al Cecil donde, pronto, fue trasladada a una habitación individual porque había creado problemas en las comunitarias. Muy probablemente abusó de las pastillas o el alcohol. Sufrió una crisis aguda que, por su escasa experiencia, no supo resolver. Un delirio paranoico. Y una serie de tristes casualidades (o no), acabaron con su vida. ¡Que descanse, si es posible, en paz!. Shalam

تتفتح الأزهار الجميلة ولكنها تموت في النهاية

Hermosas flores florecen pero eventualmente mueren

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…el resplandor-s.kubrick-1980
    2ºimagen:…cualquier banda metal que tu tanto prefieres es agradable….jajajj………………. https://www.youtube.com/watch?v=AQ0ktXH3LfI…slipknot-psychosocial………un ejemplo casual…..
    3ºimagen:….y del ascensor saldra una jirafa con una ventana debajo de un brazo……
    4ºimagen:….un edificio adaptado para poder funcionar como «hotel»….lo que mas me gustan son las grapas de piedra de sus laterales y su sugerente entrada…….
    5ºimagen:.,..control, control, sistema de control………..
    6ºimagen:…..las terrazas son de losetas rojas, con bastantes bolsas llenas de basura y ratas comiendo los desperdicios…(a las ratas se les envenena con «mistos de trueno» dentro de tomates)…..jajajjj

  2. Alejandro Hermosilla on

    1)De cajón: Dark water 2) Cualquier cosa con tal de no soportar a Franz Manrique Ferdinand. Incluso Slipknot. Que ya es decir. 3) Esperando al asesino. Portada de cómic Manga. 4) A mí lo que más me gusta es la bandera norteamericana. Como queriendo sugerir una majestad que el edificio no tiene. 5) Paranormal activity. 6) La fotografía rosada tendiendo a roja indica con claridad y sin sutileza que nos encontramos ante algo anormal. Algo sangriento ha sucedido allí. Todo nos lleva a la típica película policíaca norteamericana en la que los policías se muestran tranquilos mientras van observando al cadáver.

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