Knep

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Dejo a continuación la decimotercera reseña del libro Los 100 mejores discos del Siglo XX. En este caso, dedicada a knep del grupo sueco Svarta Tornet. La próxima semana me ocuparé del puesto 87 en esta lista: Elektronische Spiele de SS Motor.

Quien desee por cierto saber más del proyecto puede pinchar en el enlace siguiente:

http://www.averiadepollos.com/los-100-mejores-discos-del-siglo-xx/

Y quien quiera leer la reseña anterior puede hacerlo aquí:

http://www.averiadepollos.com/razbityye-goroda/

Si alguien se anima, asimismo, a leer este texto con música, le recomiendo hacerlo escuchando «Gran muralla china» de Za!

88. Svarta Tornet: Knep. (1970)

Knep es un disco atípico por muchos motivos. En primer lugar, por haber sido compuesto en su totalidad por músicos suecos y haber sido grabado ni más ni menos que en los míticos estudios Polar de Estocolmo. Algo extraño teniendo en cuenta que, tanto durante la Segunda Guerra Mundial como en la postguerra, las naciones nórdicas habían hecho de su declaración de neutralidad, su estandarte y bandera. Y sus gobernantes no estaban dispuestos a que ningún hecho social o cultural alterase la calma con la que contemplaban los diversos episodios cruentos que la guerra había generado. Circunstancias que les habían obligado a ser extremadamente severos y estrictos con los ciudadanos que manifestaban sus opiniones políticas en público y a establecer un férreo marcaje en sus fronteras.

No obstante, el extremo celo de las autoridades nórdicas no pudo evitar que se produjeran determinadas acciones culturales de protesta durante las décadas de los 60 y 70 ni que determinados artistas mostrasen su descontento respecto al diabólico rumbo del mundo. Bastante relevancia tuvieron tanto las manifestaciones celebradas en Oslo y Helsinki a raíz de la ejecución televisada por parte de las tropas japonesas de varios miembros de la resistencia francesa e Inglaterra deportados a Chicago como las exposiciones organizadas por el grupo colectivo de artistas vanguardistas conocido con el nombre de BK; siglas que hacían referencia a Birger Karlssson. Un activista político sueco que batalló encarnizadamente contra los nazis durante años y murió de un disparo en la cabeza tras ser atrapado en la batalla de Liverpool.

Lo cierto es que ninguna de estas expresiones culturales de protesta fueron más que manifestaciones aisladas. Y no contribuyeron a formar una red de resistencia cultural sólida, duradera y estable que hubiera obligado a modificar el rumbo político de los países nórdicos durante la glacial post-guerra. Motivo por el que llama tanto la atención la aparición de un disco tan libre, salvaje y difícil de encasillar como Knep. Un verdadero alegato de activismo político en el que, eso sí, (por miedo a la censura y represalias) apenas aparecen proclamas o discursos escritos.

Al contrario, en Knep tanto las propuestas de cambio político como las llamadas a la revueltas revolucionarias se realizaban a través de composiciones sonoras desaforadas que, en ocasiones, apenas tenían más punto en común que el rugir de cuatro baterías golpeadas conjuntamente para construir impactantes muros de sonido, las tenues notas disarmónicas de un piano y un órgano de iglesia sin afinar, los continuos rugidos de un agresivo saxo o los gritos espontáneos emitidos por los integrantes de un grupo que era lo más parecido a una comuna.

Knep es ciertamente un disco difícil de describir. Una puta locura. Así que lo mejor es sumergirse en sus surcos sin complejos ni prejuicios. Dejarse llevar por los atípicos sonidos que bañan esta obra para la que no existió un cantante oficial y participaron hasta treinta músicos de la escena sueca. Además de una pléyade de activistas políticos sin apenas conocimientos musicales que parecían salvajes. Expresaban su descontento a base de gritos. Simulando ser hombres primitivos  al borde de la locura o a los que les hubieran dado diversos instrumentos con los que experimentar artísticamente y mostrar su alma ignota y ancestral.

Parece conveniente si se quiere entender la complejidad y magnitud de este disco, referir determinados detalles que permitan comprenderlo mejor. Entre otros, el hecho de que se construyera siguiendo los dictados de lo que el poeta y pintor búlgaro, Alexandar Ivano, definiera como arte “puro”. Esto es; un arte que intentaba resucitar el espíritu de los rituales primitivos. Ser catártico, intenso y fresco a la vez. Y que, por tanto, se construía colectiva y anónimamente. Intentado evitar en lo posible cualquier atisbo de clasicismo o el protagonismo excesivo de cualquiera de sus interpretes. Lo que provocaba que la obra obtuviera relevancia social no tanto por aquello que decía sino por lo que proponía y, ante todo, por la radicalidad con la que era presentada.

Todas estas premisas quedan ciertamente muy claras en Knep. Un álbum cuya portada -un grupo de artistas suecos luciendo algunos de los colores de la banda sueca en su cuerpo- así como las ilustraciones del libreto interior (en donde se podían contemplar fotografías de muchos de los participantes en la obra, posando desnudos en distintos parajes), ya indicaban sin excesivas sutilezas lo que nos podíamos encontrar en sus surcos. Esto es; una especie de testimonio sonoro de un antiguo ritual dinosiaco o un happening libertario en el que, consecuentemente con los postulados de Alexandar Ivano, no se escuchaban voces ni consignas políticas de ningún tipo contra el régimen nazi. Aunque, debido a la radicalidad de su propuesta, reflejaba como pocas obras de arte en el siglo XX, el deseo de libertad de toda una cultura.

De hecho, Knep es, sin dudas, una invitación a la rebeldía y a la ruptura de todo yugo político. Es un disco extremo que no poseía ninguna composición radiable o cuya melodía se pudiera tatarear porque estaba hecho para dejarse llevar. Como si se estuviera en el interior de una cueva y no tuviéramos más guía para orientarnos que los sonidos de los tambores y los gritos de unos músicos que parecían canibales danzando en éxtasis alrededor del fuego y la presa conseguida. Shalam

الآراء مثل الأظافر: كلما ضربتها أكثر ، كلما تغلغل فيها

Las opiniones son como los clavos: mientras más se golpea contra ellas,más penetran

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…dulces de «gominola»…….
    2ºimagen…..grupo de «ñus» ….ordenados, manipulados, dos de la izq llevan cojines entre las piernas….foto bocadillo…
    3ºimagen……terror-pavor-horror……proxima parada: las misiones de terranova…..sonrisa….
    4ºimagen…..carroza psicodelica china conducen «heide» y «tintin»…….
    5ºimagen….ultima velada de boxeo: pared de terracota musulmania contra el conde verduzco fino decorador….
    6ºimagen…..continuamos con el grupo de «ñus», esta vez frontal 3/4 en blanco españa(albayalde), jajajjj……
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=VjKesSLXUwU……horror en el supermercado…alaska y los pegamoides..

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Anuncio de los nuevos carretes kodacolor. Slogan: la tradición es siempre modernoa. 2) Un grupo de aspirantes a formar parte de The Blue man group. En este caso white. 3) Una de las caras más expresivas de dolor que he visto nunca. 4) Tatuaje que la madre de un niño de barrio de clase media-baja decide ponerle. Ahora son los padres los que tatuan. 5) Boxeador-pintor cubano. Hace una especie de performance antes de un concierto de Compay. 6) Ahora no están en cola para realizar las pruebas sino que están ya directamente actuando. Herzorg los sigue de lejos. Busca también extras para un nuevo filme suyo. PD: fascinante el aspecto de Carlos Berlanga.

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