La Champions

2

Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a esa gloriosa competición que es la Uefa Champions League. El cual recomiendo lógicamente leer escuchando su himno original: una composición del inglés Tony Britten inspirada en el tema «Zadok, el sacerdote» del alemán Georg Friedrich Händel. 

Siempre me ocurre lo mismo. Cada año juro y perjuro que, cuando lleguen los partidos decisivos de la Champions, no les haré demasiado caso. Leeré un libro, escribiré o contemplaré un filme mientras se estén celebrando. Pero conforme se acercan los cuartos de final, como un drogadicto sin remedio, suelo retomar mi hábito: comienzo a escuchar algún programa de radio deportivo que llevaba varios meses sin sintonizar, pincho en las páginas web de fútbol con mayor asiduidad que suelo habitualmente hacerlo y, finalmente, me pego a la pantalla con cierta emoción que me hace rememorar la que sentía de niño.

La Champions tiene un no sé qué inexplicable. Un sabor a batalla única. Obviamente, en todas las competiciones tan sólo puede ganar uno. Pero esta sensación se redimensiona y multiplica tanto en este torneo como en el Mundial. No sé si una Superliga poseería este carisma. A mi entender, no. Por muchos motivos. Por ejemplo, la incertidumbre que rodea los clásicos enfrentamientos de unos cuantos clubs históricos. Muchos tal vez no vuelvan a jugar unos contra otros en lustros. Y aún si lo hacen en años consecutivos, nada asegura que estén una larga temporada sin disputar partidos entre ellos. Algo que le da a este torneo una dimensión épica y única. O matas a tu rival hoy o tal vez tengas que aguardar una década para vengarte.

En la Champions siempre, a partir de octavos, es ahora o nunca. No hay segundas oportunidades. Algo que entendieron perfectamente los jugadores del Atlético de Madrid que, días antes de su partido de vuelta contra el City, protagonizaron un bochornoso espectáculo contra el Mallorca. Y sin embargo, pese a haber sido eliminados, salieron como héroes del Wanda Metropolitano. Premiados por una afición que reconocía su inmenso esfuerzo. La diginidad con la que cayeron de pie.  Habiendo arrinconado al City en su área durante unos minutos en los que, por momentos, todo fue posible. Se mascaba el rocoso mandoble que hubiera igualado la eliminatoria.

En cualquier caso, era palpalble la tristeza en el semblante de los gladiadores rojiblancos conscientes de la enorme dificultad de la empresa y de que otro año más, (por detalles tal vez, por el destino o misteriosos imponderables) la fortuna les había sido esquiva.

A la Champions también le favorecen, sin duda, la magia de los partidos de ida y vuelta. Esos choques directos a cara de perro. La constancia de que bastan unos minutos para ser eliminado sin derecho a réplica. Quien gana la Liga suele ser el más regular. Habitualmente, también el que mejor ha jugado. Además, tiene tiempo para recuperarse de los errores. Algo realmente difícil en el torneo europeo. Donde el azar posee una importancia mayor que en otros campeonatos. En pocas competiciones, la suerte, el destino y la justicia se encuentran tan ligados. La Champions tiene algo de partida de póker. Con la diferencia de que en este torneo, llegados a un punto, es imposible ir de farol. La suerte juega y posee una importancia radical porque es inevitable cuando los rivales poseen fuerzas tan igualadas. No porque algún actor pueda forzarla. Lo que le confiere una dimensión propia de una divinidad griega.

En la Champions un partido perdido tiene la misma potencia que un misil impactando en un acorazado o un disparo en el hombro de un policía armado. Siembra pesadillas y descorazona al rival que ha recibido el golpe. Los partidos de ida y vuelta convierten a las aficiones más que nunca en el jugador número 12. Un arma que crea pavor en las tropas enemigas y puede hacer volar a las suyas. Hay tanto dinero, tanta ilusión, tantos intereses, tanta calidad en el terreno de juego, que no hay prácticamente momentos intrascendentes en la Champions. Cuando un partido aburre, el espectador descansa mentalmente. Se prepara para las fuertes emociones que antes o después vendrán. Interpreta el bostezo como un oasis en medio de una descomunal aventura.

La Champions mejora posiblemente el antiguo formato de la Copa de Europa y de la futura Superliga. Se le pueden hacer retoques. Ciertas reformas. Pero, en esencia, es un torneo impactante. Hipnotizante. Es precisamente a causa de su imprevisilidad y de los nervios que la competición acarrea, a lo que achaco la esquizofrénica eliminatoria protagonizada por Chelsea y Real Madrid, la severa frustración e impotencia experimentadas por el Bayern ante el Villarreal o la tangana con la que concluyó el partido entre el Atlético de Madrid y el City.

Si hay un himno que hace temblar, emociona e ilusiona a los jugadores más experimentados ese es el de la Champions. ¡Será por algo! Shalam

ضع بعض الخير في العالم وسيعود الخير إليك

Pon algo de bien en el mundo y el bien se te regresará

COMPARTE.

Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….a estas orejas les colgaria un par de guindas en cada una……sonrisa…..
    2ºimagen…..rodeado por el rock&roll…….
    3ºimagen…..tangana…..
    4ºimagen…..baile deslizando los pies….
    5ºimagen…..flores en el culo……..
    PD…..https://www.youtube.com/watch?v=pr3zpqp3ypY..rod stewart…first cut is the deepest…aupa celtic..sonrisa

    • Alejandro Hermosilla on

      1) La llenaría de zarzaparrilla y se la daría a Obelix para desayunar. 2) Escena de acción en un filme de Conan. Se va a dar la vuelta y va a empezar a pegar. O bien, antes de que lo capturen, va a aparecer el cimerio por allí y se va a inflar a soltar sopapos. 3) Pelea en el barrio de las Seiscientas de Cartagena. Hay una vespino fuera de foco tirada en el suelo. 4) Escena de guerra manierista 5) El nuevo actor de Sensación de vivir echándose una pachanga con Modric. Partido homenaje a Di Stéfano. PD: temazo el de Rod Stewart. Los que amaban el fútbol eran y son Iron Maiden. Aquí me hace gracia el locutor porque precisamente The virtual frontier es su peor disco. Pero vale como ilustración de este avería.

Reply To Alejandro Hermosilla Cancel Reply