La vía láctea

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A Buñuel se le podía acusar de muchas cosas (algo que no le preocupaba en absoluto), menos de no ser original. Una película como El ángel exterminador es la prueba más flagrante de ello, pero otra como La vía láctea no le va a la zaga. Una obra que generalmente no se suele citar entre las mejores (de hecho, se la suele despachar rápidamente como si fuera menor) del director aragonés aunque ciertamente es extraordinaria. Es una de las más raras de toda las que dirigió. Lo cual, tratándose del realizador que hablamos, es decir mucho. Muchísimo. Ocurre que, probablemente debido a que posee un acabado un tanto descuidado y a que fue estrenada entre hitos creativos como Belle de Jour, Tristana o El discreto encanto de la burguesía, no se ha hecho mucho hincapié en ella y ha pasado casi desapercibida. Pero durante este verano la he visto dos veces seguidas y creo que es única.

En realidad, no existe una película que aborde el tema religioso como lo hace aquí Buñuel. Venía pensando cómo explicar a quién no la haya visto cómo es La vía láctea. Un brutal encuentro entre religión y surrealismo. Y en primera instancia, sólo se me ocurrió compararla con Pícnic extraterrestre. La novela de los hermanos Strugatski en la que se apoyó Tarkovski para filmar Stalker. Digamos que la película de Buñuel muestra un mundo en el que la presencia de Dios es tan intensa como la de los extraterrestres en la novela citada y, por tanto, en cualquier momento pueden ocurrir acontecimientos extraños, maravillosos o milagrosos sin un motivo aparente o lógico.

Normalmente, estamos acostumbrados a que los milagros no formen parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, en este caso Buñuel los muestra con absoluta naturalidad. Casi con vulgaridad. Como si fueran algo tan habitual como el fluir de agua a través de los ríos o un camino de piedras en medio de un bosque. Sin ninguna espectacularidad ni un ruido de tambores de fondo. Como probablemente acaecerían en un mundo donde la palabra de Dios no estuviera aprisionada en los libros sino que se hiciera presente en cualquier momento por fuerza de la omnipotencia divina. Algo en lo que Buñuel demuestra ser absolutamente excepcional y de una lógica aplastante. Ya que, en verdad, si Dios existiera, si todo lo escrito sobre su presencia fuera verdad, el mundo sería muy parecido al que presenta La vía láctea.

Supongo que habrá quienes piensen también que La vía láctea es una película absurda como, por ejemplo, deja claro el maravillo debate bizantino que se lleva a cabo en un restaurante de lujo entre chefs, encargados, clientes y demás fauna. Y, desde luego, no seré yo el que afirme que no lo sea. Pero deseo precisar que si lo es, no es tanto porque plantee situaciones absurdas sino porque es absolutamente lógica. Es una película profunda, maliciosa y socarronamente cartesiana que expone cómo sería un mundo en el que las ideas, creencias, convicciones de las personas fueran llevadas hasta las últimas consecuencias. Hasta el límite. Esto es; si en vez de dudar, mentir o acobardarse, los comunistas fueran realmente comunistas, el Marqués de Sade un sádico extremo, los creyentes fueran verdaderamente religiosos y Dios, Dios.

En caso de darse esas circunstancias, los primeros matarían al Papa sin un solo asomo de arrepentimiento, el Marqués golpearía con un látigo a sus amantes hasta hacerlas desfallecer, los creyentes vivirían acontecimientos asombrosos y se darían de bruces diariamente con el Espíritu Santo y Dios aparecería por aquí y por allá intentando honrar y premiar a sus amados hijos.

Obviamente, con Buñuel siempre hay tantos puntos abiertos que resulta difícil sostener una afirmación al cien por cien. Su cine es una maravillosa y perpetua contradicción. Por eso lo que acabo de escribir no creo que sea tanto un análisis como una mera introducción a una película, repito, llena de grotescos matices como el Dios enojón que, en determinados momentos, nos presenta. Una aparición que entiendo que responde a una lógica elemental: si el hombre fue en verdad hecho a imagen y semejanza de Dios, convendremos que el comportamiento de Dios no tendría que ser muy distinto del de los hombres. Probablemente, sí, nosotros no poseamos su omnímodo poder, pero en lo que se refiere a su carácter, ambos deberíamos ser muy parecidos. Casi idénticos. Así que por eso resulta normal en La vía láctea tanto que Dios premie a quienes realizan el camino de Santiago con intención de honrarlo como que se enoje con quienes blasfemen o se caguen en él en voz alta o baja como ocurre en las primeras escenas del filme.

En realidad, si analizáramos y utilizáramos el lenguaje y las palabras a rajatabla, desde el punto de vista más estricto, literal y lógico posible, acabaríamos estando de acuerdo en que los milagros divinos no deberían corresponderse con actos como aquellos en los que Dios devolvía la facultad de andar a un cojo o convertía el agua en vino sino con todo lo contrario. Más bien, un milagro divino sería el opuesto; esto es, que Dios no pudiera hacer su voluntad. Que Dios quisiera convertir una piedra en pez y fracasara. Algo que socarronamente desarrolla Buñuel en el anticlimático final del filme durante esa mágica escena protagonizada por dos ciegos a los que Cristo devuelve la capacidad de ver y, de golpe, sin previo aviso, la vuelven a perder. Shalam

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..abre la mano!, como no tienes nada, no te doy nada…..y tu abre la mano!, como tienes unas monedas, te doy mas, mucho mas……jajajjj…(de acuerdo, pura logica de la realidad)……..
    2ºimagen:…..esta bien os escupire en los ojos, duff-duff…..a saltar…….
    3ºimagen:….viva la cnt!!!….
    4ºimagen:….este coche no lo consigue ni dios…….bajense ahora mismo!!!…..
    PD:..https://www.youtube.com/watch?v=MrQ-vGmsXt8…sonido de tormenta electrica….no tientes tu suerte. …campo de las estrellas…….jajaj

    • Alejandro Hermosilla on

      1) El ángel exterminador. 2) Virgilio escribiendo un bucólico paisaje del Nuevo Testamento. 3) Pesadilla del Papa Juan Pablo II durante los días en que se estaba recuperando de su atentado. 4) He aquí el Espíritu Santo herido por los hombres malignos. PD: Buenísima esa tormenta. Ahora está llegando justo hacia donde vive Susana el huracán Grace. Ojalá fuese virtual y no real.

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