Creía que mi padre era Dios

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Ayer aludía a Paul Auster porque deseaba referir una breve y significativa historia que considero que al escritor de La música del azar le hubiera agradado. En realidad, no sé si la hubiera utilizado en una de sus novelas, pero sí que estoy seguro de que la habría hecho aparecer en, bajo mi punto de vista, uno de los mejores libros que nos ha legado durante el siglo XXI. Me refiero a Creía que mi padre era Dios. Un tomo que huele a Auster por todos los costados, (de hecho, probablemente es el que mejor refleja su vasto universo vital y literario), aunque no fue él quien lo escribió. Como es de sobras conocido, es una colección de breves relatos verídicos que recopiló durante los meses que participó en Weekend All Things Considered. Un ya clásico programa de radio en el que animó a sus oyentes a enviarle historias de las que seleccionaría las mejores para ser leídas en el aire.

Auster no se esperaba la entusiasta reacción del público. Muchos días pasó horas embebido leyendo la ingente cantidad de textos recibidos. Algunos eran irrespetuosos y de mal gusto. Había alguna amenaza e incluso insultos. Pero en su mayor parte eran realmente interesantes y valiosos. Muchos relataban hechos extraordinarios y otros simplemente cotidianos. El escritor recibió testimonios de divorciados en crisis, viudas, veteranos de Vietnam, deportistas frustrados o adolescentes en proceso de búsqueda. Pronto, Auster se dio cuenta que tenía dinamita en sus manos. Ni más ni menos que un retrato real y fidedigno, con ciertos toques ficticios, de la sociedad norteamericana. La gran novela coral que tantos escritores buscan. Y no tardó en tomar la decisión de publicar los mejores de aquellos textos en un tomo recopilatorio realmente maravilloso, lleno de vida y verdad, que no miento al proclamar uno de mis favoritos del siglo XXI. Un milagro vital y narrativo.

Como he dicho antes, creo que si Auster hubiera sabido de la historia de mi amigo, la hubiera incluido allí. En realidad, no es excepcional pero sí auténtica y aleccionadora como la gran mayoría de las que Auster nos presenta en el mencionado libro. Además, creo que refleja perfectamente el poder real de ciertos artistas. Ese que ningún crítico será capaz de explicar y comprender y que los vincula profundamente con la vida. Yo la conocí hace unos días.

Mi amigo es un fan de Sprinsgteen y, a raíz de la publicación de Letter to you, estuvimos compartiendo algún vídeo y publicaciones. Durante esas conversaciones, me volvió a recalcar la importancia que el rockero había tenido en su vida. Tres o cuatro años atrás, su mujer había estado internada en la UCI durante dos meses. En realidad, más que su mujer, quien se hallaba entre la vida y la muerte aquellos días era una madre, una compañera, una amiga. El amor encarnado en un cuerpo. Un sentido de vida. Puesto que la había besado a los 15 años. Tal vez antes. A los 14 o a los 13. De hecho, conocerla, la conocía desde siempre. Vivían calle con calle en el mismo pueblo. Su edad era idéntica. Habían nacido para estar juntos. Y obviamente, no habían tardado demasiado en tener hijos. Esos que se agarraban con fuerza a su imagen juvenil ahora que la sabían desvalida.

En circunstancias así, nadie sabe cómo responderá. Además de encomendarse a la ciencia y rezar a viva voz, mi amigo se apoyó en Springsteen. Noches sin apenas dormir escuchando sus rugidos llenos de vitalidad. Sus historias de perdedores renacidos y esforzados trabajadores. Aunque, de entre todas sus composiciones, había una a la que recurría siempre. Por las mañanas, cuando despertaba y comprobaba que su compañera continuaba viva, pinchaba inmediatamente «No surrender». Ritual que repetía día tras día cuando sentía que las fuerzas le abandonaban.

El grito del Boss se elevaba con fuerza sobre unos coros con sabor a soul, las guitarras rugían y la E. Street Band se ponía en funcionamiento e, inmediatamente, la sangre hervía entre su cuerpo, su respiración se aceleraba y todo parecía posible. «No había que rendirse». Nunca. «Todo era posible».

Semanas después, el sufrimiento tuvo sus frutos. La resistencia tuvo sentido. Puesto que, aun con un pronóstico reservado, su mujer abandonó el hospital y pudieron ocuparse de ella en casa. Para entonces, hacía varios días que mi amigo había perdido uno de los tapones de los auriculares en los que escuchaba extenuado a Springsteen. Los buscó en repetidas ocasiones por varios lugares pero nunca los encontró. Obviamente, preocupado como se hallaba por aquellas dramática circunstancias, tampoco le dio más importancia al hecho. «No surrender» seguía retumbando diariamente en su cerebro. Sonando a todo volumen en su coche y en el móvil. No había que bajar los brazos. Había que continuar sí o sí.

No obstante, pasado el tiempo, comenzó a sentir dolores intermitentes y agudos en sus oídos. Al principio, no le parecieron graves. Pero cuando se hicieron recurrentes y realmente molestos decidió ir al médico. Puedo imaginar la sonrisa del cirujano y la cara de sorpresa de mi amigo cuando éste extrajo con una pinza el tapón de los auriculares, hecho ya una piltrafa, de su oído derecho. No sé si lo guarda como recuerdo testimonial en alguna caja de vidrio. Si es así, supongo que se encontrará rotulada con un logo claro y rotundo: «No surrender». Y de no conservarlo, desde luego, no importa demasiado porque afortunadamente, su mujer continúa viva. Y seguro que ha sonreído más de una vez con complicidad cuando ha escuchado a todo volumen en el coche, sintiéndose libre, eso de: «Juramos que seríamos hermanos contra el viento, (…) Hicimos una promesa, juramos que siempre la recordaríamos, nada de retractarse cariño, nada de rendirse. Como soldados en una noche de invierno con un juramento que defender. Nada de retractarse cariño, nada de rendirse». Shalam

الفنانون كائنات مجروحة

Los artistas son seres heridos

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..demasiado americano…….
    2ºimagen:…..»milagro en milan»-1951-v. de sica……….
    3ºimagen:…..franqueza-credibilidad-soy yo………….
    4ºimagen:…..simbolo sexual…..ver la cabra+ donut (monograma) de robert rauschenberg-1959….humor….
    …..https://historia-arte.com/obras/monograma……
    5ºimagen:…..demasiado americano………………………
    PD:……no he leido nada de p. auster en mi vida…….(no lo tomes a mal, en otras cosas estaran en p.auster…)sonrisa………………

    • 1) Pizzas y banderas. 2) Carnivale (Serie HBO) 3) La cara que pongo cuando me marco un farol jugando al poker. 4) No conocía la historia de la cabra y rauschenberg. Muy interesante. 5) gimnasio y rock y buen desayuno de Corn Flakes. PD: no sucede nada por no leer a Paul Auster. No hay por qué disculparse..jajajajja

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