Desaparecido

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Me basta leer unos cuantos versos escritos por César Vallejo para percibir lo intensamente que deseaba desaparecer; que siempre tendía a hacerse de menos. Creo por ello que, de estar vivo y conseguir un premio, no lo publicitaría sino que haría lo posible por estar fuera de foco. Y sufriría pensando si dejarlo desierto o acudir a recogerlo porque en los dos supuestos se hablaría de él.

César Vallejo es el tabaco de la literatura. Va empequeñeciéndose ante nuestros ojos. Cada vez que lo leemos, muere un poco más. El poeta peruano no parecía escribir para perdurar sino hacerlo para morir cuanto antes. Irse sigilosamente. Cuando me sumerjo en sus poemas siempre vislumbro que se encuentra en la esquina de un bar; que desea pasar desapercibido y, en cuanto alguien lo mira dos veces, agarra su chaqueta, paga discretamente su consumición y se dirige inmediatamente a otra parte. Porque escribe sin solemnidad. Con demasiado pudor. Siempre está yéndose. No permanece mucho tiempo en el mismo sitio. Sus versos son lo más parecido a notas escritas en servilletas que he leído. Son testimonios mudos de tristeza y de cambios de humor. Pequeños lamentos emitidos por un tímido que rumiaba su dolor con cuentagotas y, en vez de poemas, parecía estar mostrando posos del café recién tomado o una fotografía antigua de sus padres al lector.

César Vallejo es un huérfano huidizo. Su poesía no es solemne. No es total. Es frágil. Por momentos, no existe. Se va y se vuelve a ir. Sus versos no marcan ni señalan un camino. Vallejo no deja huellas. Las borra. Y ahí radica su consistencia. Es un mito porque no quiso ser mito. Porque lo que dejó escrito fueron palabras sordas. Dichas en voz baja y sin confianza. De hecho, tengo la impresión de que creía molestar a sus oyentes cuando les leía un breve texto escrito por él durante varios días. Pienso además que la mayor parte de poemas que urdió, los rompió o los perdió no por un afán de perfección sino porque no distinguía lo que debía ser publicado y lo que no. Puesto que no se consideraba un poeta profesional. Era un hombre de banco y parque, de mesa y papel, de escritorio y café. De silencios más que de palabras. Alguien que siempre estaba de perfil. Que no deseaba salir en la foto. Algo que se percibe en su poesía: la mesa situada más al fondo de una celebración. Shalam

يستخدم الإنسان للشرب دون الشعور بالعطش

El hombre acostumbra a beber sin tener sed

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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