Deshielo y ascensión

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Hay algo que tienen en común los relatos de H. P. Lovecraft y los de ciencia ficción: sus ideas son muy superiores a su estilo. Su trama se puede resumir en unas pocas líneas y acostumbra a ser contundente y efectiva, pero eso sí, apenas existe análisis psicológico de los personajes. El argumento es un monstruo. Lo devora todo a su paso. Aspecto que ha provocado el rechazo tanto al género como al escritor de Providence en las Universidades de medio mundo y, por ejemplo, hizo a Michel Houellebecq decir que el creador de los mitos de Chulthu componía textos anti-literarios. Que su obra era un atentado contra la literatura. Probablemente porque en todos esos artefactos artísticos, la acción acostumbra a imponer su ley sobre cualquier otra consideración narrativa: las descripciones, las metáforas o la experimentación. Algo que provoca que queden muchos espacios vacíos por rellenar en todas esas historias. Cientos de tramas y caracteres que podrían haber sido descritos y esbozados con más profundidad que quedan supeditados a la idea central.

En cierto sentido, Deshielo y ascensión es un libro que intenta cubrir los huecos antes citados. Pues conjuga perfectamente los rasgos de dos tipos de literatura tradicionalmente enfrentadas que ha sido muy difícil ensamblar: la culta y la pulp. Explora un argumento que podría formar parte de un relatos de kiosco con la agudeza e ingenio de un  novelista centroeuropeo. Por lo que si tuviera que definir con una frase sensacionalista y lo suficientemente clara para no dejar lugar a dudas a la inusual novela de Alvaro Cortina sería de esta manera: la obra que Thomas Mann habría compuesto partiendo de un relato de Lovecraft, Alfred Bester o Robert Heinlein. De hecho, ahí radica uno de los aspectos más subyugantes de esta fascinante excursión literaria: en comprobar cómo el autor bilbaíno se adentra en territorios que han sido explorados de otras maneras -generalmente, con levedad superficial- a lo largo de las últimas décadas, transformando lo banal y lúdico en trascendente, el entretenimiento en reflexión, la novela tecnológica en novela filosófica y la de aventuras en poema épico y místico.

Deshielo y ascensión es un texto delicioso y raro. Único. Es muy cerebral pero también muy pasional. En gran medida, porque creo que para Alvaro Cortina fue como una especie de declaración de amor a la literatura juvenil. De hecho, a pesar de lo elaborado que se encuentra, lo que predomina en sus páginas es la mirada adolescente. Cortina escribe como un hombre pero se divierte como un niño. Algo lógico porque es uno de los primeros en ahondar con morboso desparpajo e inteligencia en un territorio narrativo vedado para filósofos y escritores “serios”. Para entendernos, lo que hace Alvaro Cortina es algo parecido a transformar una novela de aventuras de Julio Verne en una space opera narrada por Herman Melville o Joseph Conrad. Convertir una película futurista de Steven Spielberg en una mezcla entre una de esas desoladoras locuras compuestas por Andrzej Zulawsky y La cosa de John Carpenter. Escarbar en las relaciones afectivas, el corazón, los pensamientos de muchos de esos solitarios aventureros que protagonizaban los relatos de terror y ciencia ficción a los que apenas veíamos gruñir cuando se enfrentaban a los monstruos o se perdían en el espacio. Describir con aliento místico e innumerables subordinadas propias de Proust, el aislamiento en medio del cosmos. La consistencia del pacto faústico llevado a cabo en las sociedades del futuro. Jugar en definitiva con los géneros para componer un permeable cajón de sastre narrativo situado en medio de ninguna parte.

Deshielo y ascensión no es una novela perfecta. Es muy difícil que con los mimbres en los que se apoya, lo sea. Sus dos primeras partes son dos joyas narrativas y la tercera y la cuarta son algo más irregulares. Pero lo importante, en este caso, es que es una novela que fractura límites. Explora un territorio nuevo evitando caer en el chiste fácil o la parodia. Es un libro que moldea el pasado de la literatura, quiebra márgenes y fractura contextos narrativos inflados de tópicos que no más que traen consigo lecturas morosas y fáciles. Y además, posee carisma e intensidad. Es una de esas naves espaciales literarias que abre incógnitas y misterios. Hace plantearse en qué se parecen las  grandes obras literarias de los pasados siglos y las nuevas. A qué llamamos literatura. Shalam

إِنَّهُ لأَشْبَهُ بِهِ مِنَ التَّمْرَةِ بِالتَّمْرَةِ

Las heridas causadas por la lengua humana son incurables.

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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