El nuevo catecismo

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Hace unos días terminé al fin Comunión; el mítico libro de Whitley Strieber. Y, aunque realmente no creo que tenga que aportar mucho sobre tan polémica obra, sí me gustaría dejar algunas breves opiniones sobre ella. Quiero aclarar, eso sí, que estoy a mitad de la lectura del Informe Comunión y que soy un absoluto iletrado en temas ufológicos. Así que probablemente cometeré ciertos errores en este avería. Lo que no es obstáculo, pienso, para dar mi visión sobre un texto que continúa provocando fascinación y rechazos a partes iguales.

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Entiendo que gran parte del éxito de Comunión se debe al momento en que fue publicado. Las invasiones alienígenas y los avistamientos de Ovnis vivieron su apogeo tras la Segunda Guerra Mundial debido fundamentalmente a la Guerra Fría. Tras leer narraciones protagonizadas por todo tipo de agresivos entes o contemplar filmes en los que el mundo era invadido por amenazantes marcianos, los norteamericanos respiraban asfixiados al comprobar que su enemigo real -la Unión Soviética y sus aliados- era mucho menos poderoso que aquellas presencias extraterrestes que poblaban las ficciones. Obviamente, la carrera espacial y el intenso desarrollo tecnológico y científico también colaboraron decisivamente a esta fiebre. Pero creo que el factor esencial era el temor al holocausto nuclear y el conflicto bélico que había dividido al mundo en dos bloques, el cual estaba a punto de terminar cuando Strieber lanzó Comunión en 1987.

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Hay unos cuantos nombres, textos y películas más, pero no cabe dudas de que Steven Spielberg fue uno de los principales responsables del cambio de paradigma en la visión de los extraterrestres antes de la publicación de Comunión. No digo que fuera un pionero -que no lo fue- pero sí fue su gran divulgador. Tanto Encuentros en la Tercera fase como E.T. fueron hitos esenciales para cambiar la mentalidad respecto a los visitantes del espacio exterior. Ambas películas nos anunciaban que venían retos más importantes para la humanidad en su conjunto que, en cierto sentido, disolverían nuestras disputas internas. Ponían el foco en novedosos acontecimientos que alumbrarían nuevos despertares. El miedo al «otro» podía terminar convirtiéndose en amor al «diferente» ante la más que probable llegada de seres que exigirían la unión (la comunión) de distintas culturas. A lo lejos se vislumbraba la llegada de la globalización y la caída del Muro. Todavía un tanto lejos, pero ya se oteaba en el horizonte.

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Cuando se publicó Comunión, Rocky había destrozado a Iván Drago dos años atrás en la cuarta secuela de la saga del famoso boxeador. No había mucho más que añadir. Ese mismo año (1985) comienza la Perestroika que simbólicamente culmina con los conciertos de Mötley Crüe y Bon Jovi en 1989 dentro del Moscow Music Peace Festival. Y entre medias, (1987), aparece el libro de Strieber. Un texto que era mucho más que un libro sobre alienígenas. De hecho, Whitley nunca los denominaba así. Se refería a ellos como visitantes. Un hecho que tenía su importancia y trascendencia en el substrato filosófico de la obra y que luego fue en parte (obviamente, hubo más motivos) el detonante del enfado de Strieber con el artista e hipnotista Budd Hopkins.

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En realidad, Comunión era casi un Nuevo Catecismo; un Nuevo Evangelio. Era el libro perfecto e indicado, repito, para florecer en el ocaso de la Guerra Fría; en los aledaños de aquellos años en que Fukuyama preconizó el fin de la historia. Puesto que, conscientemente o no, el texto de Strieber promulgaba un nuevo despertar que enlazaba tanto con el entusiasmo comunal experimentado durante la era hippie antes del desembarco en la luna como con la expectación provocada por la pronta llegada del nuevo siglo.

De hecho, la filosofía que subyacía en sus páginas encajaba perfectamente con la de la Nueva Era. Puesto que ponía el foco en la comprensión de los visitantes y en la aceptación de su presencia e imagen como un reflejo especular de la nuestra. Comunión era un libro que, a pesar de la confusión que Strieber transmitía y de reflejar perfectamente el difuso impasse de su época, tenía muchas semillas de paz disueltas entre sus páginas. Había pequeñas dosis de píldoras zen camufladas tras sus capítulos filosóficos y las sesiones hipnóticas y psicoanalíticas a las que se sometían los individuos que habían contactado con los visitantes, a quienes, asimismo, no se les temía tanto como se les intentaba entender.

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El texto de Strieber comenzaba con varias páginas propias de un libro de terror (como queriendo rendir homenaje y, al mismo tiempo, dejar atrás para siempre la visión violenta de los extraterrestres) pero, en realidad, ponía el foco en la esperanza. En lo mucho que desconocíamos y todo lo que teníamos que aprender sobre nosotros mismos y esos visitantes a los que se comparaba con esos seres mágicos que pueblan los libros de fantasía y ufología o con los clásicos dioses mitológicos en una operación que por cierto recordaba a la realizada por Jack Kirby en el cómic norteamericano. De hecho, hay algo en Comunión -tal vez el episodio del contacto y la abducción- que recuerda a ciertos episodios de Los 4 fantásticos.

Comunión era en el fondo un texto optimista pero que al mismo tiempo captaba la incertidumbre y el malestar del mundo moderno. Y creo que en este detalle y en su voluntad de relatar una experiencia que sirviera de puente con el pasado y el futuro y con diversas materias de conocimiento, radica su éxito.

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Lo diré clara y rotundamente, Comunión es un pastiche tan infumable como atractivo. Es una obra que huele a posmodernidad por todos los costados. Es un collage donde caben distintas partes que remiten al ensayo filosófico, a la novela de terror, al típico best-seller superficialmente psicológico, a la novela de misterio, al artículo ufológico, al documental, a la gnosis e incluso a una tesis universitaria. En verdad, no me extraña en absoluto que funcionara perfectamente y creara fascinación en su momento porque, a pesar de su tono un tanto siniestro, en vez de regodearse en el nihilismo o disolver su contenido entre las formas narrativas utilizadas, incide una y otra vez (no sin dificultades) en un mensaje esperanzador. Es ciertamente insoportable leer una y otra vez las explicaciones que da Strieber para justificarse y dar veracidad a los hechos, pero entiendo que para muchos lectores norteamericanos fuera necesario. Y más aún, para los amantes del tema ufológico. Por más que ciertamente, no aporta demasiado. Con cien páginas menos, Comunión sería mucho más conciso y directo y no perdería gran cosa.

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Por otra parte, Informe Comunión huele a libro de Nabokov. Si Strieber no fuera real y fuera un personaje de novela, puedo imaginarlo perfectamente protagonizando una narración del escritor ruso. Todos esos textos y artículos que provocaron una enorme polémica y divulgaron diversos puntos de vista encajarían perfectamente en una de esas novelas paródicas y metaliterarias que hicieron furor en los ambientes académicos y artísticos de Norteamérica tras la Segunda Guerra Mundial. Así que no me extraña que un librero decidiera colocar la confesión de Strieber en el apartado de literatura, provocando su enfado. Ya que, como todo pastiche, encaja perfectamente en varias secciones. Supongo que será posible encontrarlo en múltiples albergues de medio mundo junto a las típicas guías de Lonely Planet, que más de un filósofo tendrá subrayados varios de sus capítulos y que unos cuantos profesores de budismo conservarán un ejemplar entre los tradicionales ensayos de Lobsang Rampa o Krishnamurti. Por más que, obviamente, ocupará siempre un lugar central en una biblioteca dedicada a los fenómenos paranormales.

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Creo que el paso del tiempo no le ha hecho demasiado bien a Comunión en cuanto a su aspecto literario. Hay pasajes excepcionalmente escritos. Pero, como dije anteriormente, la necesidad de dar veracidad a los hechos narrados, y las múltiples idas y venidas del relato, lo afean. Lo que en su momento pudo ser un texto atrevido en su aspecto artístico, hoy se encuentra totalmente superado. Sin embargo, -y he ahí la grandeza sugestiva del libro- esto no le resta fascinación. Hay algo en Comunión que toca profundamente nuestra psique. La imagen de los visitantes es absolutamente icónica y el mensaje de fondo es asimismo muy sugestivo precisamente por ser difuso y misterioso. Ante todo, por reflejar un anhelo espiritual, casi místico, de comunicar con el Universo. Una pulsión gnóstica y ecuménica que triunfó al reflejar los anhelos de múltiples personas arrojadas a un mundo frío y vacío a los que ni la religión ni la filosofía lograba dar aliento. De hecho, tal vez esa es la grandeza de Comunión. Que, en el fondo, esconde un texto religioso. Una voluntad universal de fundirse con el amor cósmico.

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Hace unos días vi también por cierto la adaptación cinematográfica realizada por Philippe Mora. Una puñetera locura de la que lo único que salvo es lo bien lograda que se encuentra la fisionomía de los visitantes. Algo que es realmente una pena porque Christopher Walken era el actor ideal para este papel. Si Mora hubiera apostado por recrear la atmósfera del Cronenberg de Scanners y La zona muerta y la hubiera mezclado un poco con los clásicos documentales y telefilmes ufológicos, hubiera podido lograr algo realmente inquietante. Pero nada de eso ocurre en este disparate proclive a causar infinitos transtornos y juergas mentales del que creo que es únicamente posible disfrutar estando pasado de vueltas o de tripi. Shalam

تنشأ الخرافات ، ويتم الحفاظ عليها ، ويغذيها الخوف

La superstición surge, se conserva y se fomenta con el miedo

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….me suena a los ojos que hacia modigliani………
    2ºimagen:…..y estos dos a daft punk………y el del fondo a hei hitler!!!!!!!………..
    3ºimagen:…el arca de abducidos…un monton de arena……..la montaña de sainte victorie (cezanne)….total….
    4ºimagen:…..parece un espia de la stasi……..sonrisa….
    5ºimagen:….simetria…….negro – marco – uno de los daft punk dentro del color azul petroleo……….sonrisa…
    6ºimagen:….simetria…..aqui esta el otro de los daft punk y el de la stasi…………
    7ºimagen:….quien halla fumado que levante la mano!!!!!!!(me sorprende esa mano de uno de los daft punk en forma de cincel dentado de escultor)…………

    • 1) Modigliani marciano. Cierto. 2) Datf punk hitlerianos. Cierto. 3) Moisés y su pueblo judío. Versión 3.0. 4) Lo pintaría hasta parecer un hombre león. 5) Todos escondemos secretos. 6) Jekyll y Hide o el Barón Ashura. 7) Instalación sobre esculturas manieristas renacentistas

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