El perro

0

Pueden existir muchos elementos discutibles tanto en la carrera literaria como en la vida de Camilo José Cela. Un revoltijo de gestos truculentos, forzados y egóticos que rozó en ocasiones la genialidad y en otras, el ridículo ajeno. El desplante fascista y la rebeldía anárquica. Pero existe un aspecto que siempre he admirado y me ha impresionado de sus escritos. La fuerza que daba a ciertos nombres de uso común. Lee uno, por ejemplo, la palabra perro en un texto suyo y ese perro cobra un relieve extraordinario al momento. Sin poseer rasgos acusados distintivos, se destaca inmediatamente del resto de animales de su genero. Se convierte en un gigantesco animal de nombre propio capaz de dinamitar y caracterizar por sí solo, la página que leemos.

Un perro en un artículo de Camilo José Cela es capaz de representar a toda su especie y, al mismo tiempo, poseer una feroz personalidad. Obviamente, esto se puede afirmar a su vez de muchos de los perros aparecidos en otros libros. Por lo que intentaré explicarme mejor. Un perro en la obra de Delibes tiene un pelaje y carácter especial que lo identifican como único. Es un perro que los niños aman, los cazadores utilizan y junto a otros perros forma parte del paisaje novelístico. Sin embargo, el perro de Camilo de José Cela es el perro. No es un objeto platónico ni tampoco un ser querible o utilizable sino el perro. Un elemento literario fatídico. El único perro que podría aparecer en medio de un mar de fondo repleto de malos olores y contrahechos personajes porque ese perro representa o simboliza un aspecto eterno de España. De los pueblos de esa España profunda llena de perros como el descrito con una sola palabra y absoluta contundencia por Cela. Un perro que identifica una época y a una nación con tanta o mayor fidelidad que como pueden hacerlo reyes, gobernantes, políticos, golpes de estado o guerras.

En la narrativa de Borges, los sueños como los hombres o los objetos se desdoblan continuamente. Son cajas chinas en constante evolución que remiten a otros mundos y lugares -palacios orientales, selvas africanas, los reflejos de cielos de planetas dispersos- que se van, a su vez, transformando conforme la escritura avanza. Porque para Borges, tal vez, sólo tal vez, la realidad es un sueño continuo. Sin embargo, para Cela la realidad es una nebulosa con dificultad para transformarse. Con visos de mantenerse idéntica a sí misma durante siglos. Por lo que consigue algo realmente inaudito en la literatura: convertir los nombres comunes en propios y cada personaje y trozo del texto en metáfora andante precisamente por su imposibilidad de metamorfosearse. Ser “otros”. Su incapacidad de plegarse, alterarse o remitir a otro lugar que no sean ellos mismos.

Exactamente, España siempre será España y el perro, el perro en la obra de Cela porque el escritor gallego vislumbró nuestro país como un convento inacabable lleno de crucifijos desperdigados por el camino, encargados de frenar cualquier cambio o modificación profunda en las estructuras.

Creo, en gran medida, que en la descripción concisa, contundente de ese perro que pareciera haber aparecido en todos y cada uno de sus escritos, se dilucida el arte literario de Camilo José Cela. Tanto su manejo del lenguaje como su visión mística y profunda de la tradición cultural de su país. Un reino lleno de pueblos y ciudades pobladas por ásperos vagabundos incapaces de ilusionarse con nada. Pues son reflejo de ese perro eterno que ladra en el interior de los libros del novelista gallego sin que nadie lo escuche. Ni tan siquiera dios o la iglesia. Shalam

أُمُّ الْجَبَانِ لاَ تَفْرَحُ وَلاَ تَحْزَنُ

Nadie ha sido nunca ahorcado con dinero en el bolsillo

encabezado_averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo