La muerta

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Tengo la impresión cuando leo a Emily Dickinson de que la poeta norteamericana era un fantasma. No sabía que estaba viva. Componía versos parecidos a mensajes de muertos. La poesía que recitan las almas perdidas y desorientadas desde el más allá. Creo de hecho que la dificultad para aprehender su arte radica precisamente en que se encuentra escrito por un espíritu y no por una persona en carne viva. Puesto que muchas veces sus versos no parecen poemas sino mensajes procedentes de algún lugar del purgatorio. Pequeñas palabras escritas en una güija que aparecen y desaparecen ante el lector.

Sus poemas de amor poseen algo sobrenatural. Son más anhelos, rezos y lamentos dirigidos a dios que a un hombre de carne y hueso. Ya que poseen algo bíblico en su interior. Cierto tono proverbial surgido de las entrañas del tiempo que se manifiesta levemente con cierta cadencia funeraria.

Emily Dickinson no era una poeta que cantaba a los muertos porque, al fin y al cabo, ellos eran sus compañeros. Emily Dickinson era una muerta que escribía poesía. No estaba loca sino muerta. No estaba sola sino muerta. Su habitación era su ataúd y la casa familiar su cementerio.

Emily Dickinson era un cadáver viviente. Su vida social y sentimental fue desgraciada porque nació y ya estaba muerta. Su primera respiración fue una expiración. Un lamento. Un adiós. En ese hecho se cifra todo el drama de su vida. El misterio de su personalidad. Por eso no es posible analizar su poesía y es tan difícil de atrapar. Porque sus poemas son presencias. Mensajes indescifrables en este plano de la realidad. Golpes de nudillos realizados por un espíritu extraviado. Y como sucede siempre con el arte más puro, no están escritos por una mujer de carne y hueso sino por alguien que tal vez no era Emily Dickinson sino que usurpaba su mente y cuerpo. Otras mujeres que no eran Emily Dickinson pero a la vez eran Emily Dickinson. Un gorrión negro que convirtió las palabras en hechizos. Sortilegios mágicos para iniciados al culto de los muertos. Brujería de verdad. Shalam

الخوف من السخرية في كثير من الأحيان سلاسل أنبل النبضات

El miedo al ridículo acostumbra a encadenar los más nobles impulsos

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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