La parte de los críticos

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Habrá unas cuantas más. Pero una de las novelas que con más talento describe a muchos de los críticos literarios y profesores universitarios es 2666. En realidad, Bolaño no es excesivamente punzante. Pienso de hecho que es casi condescendiente con este gremio al que conoció bien y con el que tuvo que transigir y convivir para lograr cierto reconocimiento en sus inicios. En cualquier caso, sí que deja bastante claro que su tradicional inutilidad no es casual sino que responde, en gran medida, a los designios del estado. A quienes gobiernan les conviene que la clase intelectual (en la novela representada por Liz Norton, Pelletier, Espinoza o Morini) esté entretenida o bien martirizándose para ajustar sus clases a unos estándares de aprendizaje completamente absurdos o bien viajando de ciudad en ciudad, de Congreso en Congreso, para formular teorías que básicamente, no interesan a nadie sobre diferentes novelas y autores (en el caso del libro de Bolaño, el enigmático escritor alemán Archimboldi).

El estado incita y casi que alienta a que los críticos follen entre ellos, se dediquen a competir unos con otros y consagren sus fuerzas a validar sus interpretaciones o teorías y a redactar y presentar artículos que intentarán colgar en tal o cual revista científica para mantener su privilegiada posición. Ante todo, porque así puede mantenerse a salvo de sus miradas, críticas e interpretaciones. Obviamente, el estado cuida su reputación. Logra con hechos (básicamente, con dinero) dar la imagen de apoyar y ser sostén de la cultura (y, en este caso, de la literatura) aunque lo haga por un motivo muy concreto: evitar que todos estos pensadores indaguen en su constitución y funcionamiento (en 2666 en concreto, la causa de los feminicidios mexicanos) advirtiendo sutilmente que, de hacerlo, no cobrarán su sueldo mensual. Se les acabarán sus privilegios: los hoteles, las comilonas o la seguridad de la vida resuelta por esgrimir teorías bizantinas y peregrinas sobre cualquier novela a la que le pongan el ojo. Yo de hecho tuve unas cuanta becas universitarias y puedo jurar que aquellos Congresos Internacionales no eran más que una excusa para hacer turismo y comprar la conciencia de intelectuales ocupados en dirimir sobre el sexo de los ángeles que, en ningún caso, nos interrogábamos sobre los problemas reales de la sociedad ni la corrupción de ese Estado del que ya, indefectiblemente, formábamos parte.

En realidad, la radiografía (ojo, estoy hablando de radiografía; no de crítica) realizada por Bolaño del intelectual universitario americano (que, a fin de cuentas, con ciertas diferencias que no resultan trascendentes, se puede extender al occidental en su conjunto) no termina aquí. Pues con “La parte de Amalfitano” irá aún más lejos. Un poco en la línea de lo sostenido por Platón en su República, visualizará la clase intelectual chilena (en realidad, universal) como un ejército al servicio de los intereses del estado con la piel muy fina. Una sola crítica y sus integrantes saltarán como lobos a defenderse sin tomar conciencia de que son guardianes kafkianos. Creen ser ciudadanos libres y críticos pero, en verdad, son feroces abanderados del status quo. Soldados cuya mayor arma (su cerebro y su lenguaje) se encuentra enfocada a conquistar premios, la consecución de la Cátedra y a la enseñanza de los valores establecidos por el Estado contra los que, como los cadetes en la mili, no pueden (ni deben) rebelarse si no quieren ser condenados al exilio y al vacío dentro de la sociedad a la que pertenecen. Shalam

الساموراي لا يقاتل ساموراي آخر. يفعل ذلك ضد وحش ويعرف بشكل  أنه سيهزم

عام ، بالإضافة إلى ذلك

Un samurái no pelea contra otro samurái; lo hace contra un monstruo y, generalmente sabe, además, que va a ser derrotado

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1imagen: no se si la literatura de bolaño puede encontrarse con la obra de willem de kooning pero su retrato me recuerda a las sonrisas de las señoras del expresionismo abstracto del pintor holandes……..
    2imagen: sala de monjes bien comidos y calientes comiendo guisos monacales……….jaajjjj

    • La verdad es que no veo a Bolaño con kooning. Tu probablemente tampoco lo verías de haberlo leído. No se me ocurre con qué pintor compararle pero desde luego con Kooning no. Muy buena la imagen de los monjes. Ya vi El asesinato bordadores. Me gustó mucho.

  2. andresrosiquemoreno on

    ya, pero es que yo veo la imagen de bolaño con esa gran sonrisa o cualquier sonrira y me voy a de kooning incluso a basquiat y sus sonrisas calavera………tambien se me ocurre otro elemento,solana el costumbrista… no se caprichos inmediatos………………….

    • Ah. bueno.. ya entiendo por donde vas.. me despistó que mencionaras su literatura que no tiene nada que ver con Kooning. Pero sí ese rostro, ese peinado sí.. en ese caso sí. Claro.

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