Metrópolis

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No comparto en absoluto la idea de que los libros nihilistas depriman. A mí lo que me entristece es la hipocresía, la tibieza y la falsedad. Eso sí me produce malestar. Por eso -lo he dicho muchas veces- Thomas Bernhard es mi mayor ansiolítico. Un reconstituyente mental y vital como pocos conozco. El es, sí, mi compañero de juergas literarias y vitales. Abro uno de sus libros y me preparo para reír. Para una fiesta.

Digo esto porque ayer (tras ver que alguien -no recuerdo el nombre- la recomendaba en facebook) empecé Metrópolis, la novela de Karinthy Ferenc, y estoy disfrutando muchísimo. Supuestamente debería sentirme golpeado porque el libro es, entre otras muchas cosas, un fresco kafkiano sobre la perdida de sentido del mundo contemporáneo. Pero, al contrario, me estoy sintiendo ampliamente renconfortado, profundamente feliz, conforme paso sus páginas, el extravío del personaje aumenta y la sensación de absurdo se propaga irremediablemente. El texto da para un serie de televisión distópica sin ningún problema. Vista de hecho nuestra realidad actual, la imagen del mundo que proporciona casi resulta más amable que la nuestra. Prueba de que en el arte, los excesos puede que no den resultados a la corta pero suelen terminar por concederlos a la larga; cuando los años se encargan de hacer aterrizar el espíritu libre de los creadores; y de que cuando la angustia y la literatura se fusionan, suelen terminar generando alegría y humor. Lucidez. Shalam

الطرق الجميلة لا تقود بعيداً

Los bellos caminos no llevan lejos

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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