Stanislaw Lem o las tinieblas del espacio

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Hablando de Solaris, no sé si algún párrafo define mejor la ansiedad que, en el fondo, late tras la búsqueda del hombre por encontrar vida más allá de la tierra como el fracaso implícito que esto conlleva que la siguiente que encontré ayer en mi relectura del texto de Lem. Lo coloco a continuación no por lo rotundo de las afirmaciones que, a través de su personaje, el escritor polaco realiza sino para que veamos qué tan cerca se encuentran de las de algunos cronistas de Indias o ensayistas latinos como, sobre todo, de los más descarnados y lúcidos narradores de aventuras del siglo XX. De hecho, si quitamos la hojarasca científica que Lem siempre trató con rigor y afecto, podría decirse que estamos ante unas reflexiones del tristemente fallecido hace unos días, Alvaro Mutis o de Joseph conrad. Y forzando, eso sí, un poco más la máquina, hasta encuentro similitudes con ciertos pensamientos de Ismael en la gran Moby Dick. Un regusto a cierta angustia existencial, un incomodo propio de nuestra cultura occidental late por estas frases que, a mi parecer, pueden servir también para reconocer el error de fondo que se escondía tras  los motivos internos por los que surgió la carrera espacial que condujo tanto la URSS como a USA a rivalizar con el objeto de ser los primeros en visitar la luna u otros satélites del sistema solar. Y, desde luego, para identificar muchos de los males del colonialismo.

“Nos internamos en el cosmos preparados para todo, es decir para la soledad, la lucha, la fatiga y la muerte. Evitamos decirlo, por pudor, pero en algunos momentos pensamos muy bien de nosotros mismos. Y sin embargo, bien mirado, nuestro fervor es puro camelo. No queremos conquistar el cosmos, sólo queremos extender la Tierra hasta los lindes del cosmos. Para nosotros, tal planeta es árido como el Sahara, tal otro glacial como el Polo Norte, un tercero lujurioso como la Amazonia. Somos humanitarios y caballerescos, no queremos someter a otras razas, queremos simplemente transmitirles nuestros valores y apoderarnos en cambio de un patrimonio ajeno. Nos consideramos los caballeros del Santo-Contacto. Es otra mentira. No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, nuestro mundo, nos basta, pero no nos gusta como es. Buscamos una imagen ideal de nuestro propio mundo; partimos en busca de un planeta, de una civilización superior a la nuestra, pero desarrollada de acuerdo con un prototipo: nuestro pasado primitivo. Por otra parte, hay en nosotros algo que rechazamos; nos defendemos contra eso, y sin embargo subsiste, pues no dejamos la Tierra en un estado de prístina inocencia, no es sólo una estatua del Hombre-Héroe la que parte en vuelo. Nos posamos aquí tal como somos en realidad, y cuando la página se vuelve y nos revela otra realidad, esa parte que preferimos pasar en silencio, Solaris, ya no estamos de acuerdo”. Shalam

بيْضة اليوْم خيْر مِن دجاجة الغدّ

No hay sol para los ciegos ni tormenta para los sordos

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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