Trafalgar

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Hoy he leído por tercera vez Trafalgar. La contundente narración con la que Galdós comenzó sus extraordinarios Episodios nacionales. Obviamente, me ha gustado tanto como las otras dos ocasiones en que me sumergí en ella. Creo de hecho que Trafalgar es uno de los mejores relatos de toda la literatura española y, desde luego, que podría sugerir muchos detalles y pasajes que en esta ocasión me han llamado la atención y me habían pasado desapercibido en otros tiempos. Sin embargo, dada la situación que actualmente estamos viviendo, me gustaría hoy citar únicamente una reflexión en concreto de Gabriel porque pienso que capta perfectamente el alma del adolescente eterno. Ese espíritu idealista e inocente que muchos tuvimos y pronto, quedó totalmente destrozado por una realidad que, si en el caso de Galdós alude a las guerras napoleónicas, actualmente podría referirse a la -por denominarla de alguna forma- guerra bacteriológica; a los conflictos entre diversas facciones por hacerse con el control del relato oficial de la pandemia, pero podría abarcar perfectamente cualquier conflicto bélico.

Ahí va: “esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos. Estos hombres malos son los que engañan a los demás, a todos estos infelices que van a pelear; y para que el engaño sea completo, les impulsan a odiar a otras naciones; siembran la discordia, fomentan la envidia, y aquí tienen ustedes el resultado. Yo estoy seguro —añadí—, de que esto no puede durar: apuesto doble contra sencillo a que dentro de poco los hombres de unas y otras islas se han de convencer de que hacen un gran disparate armando tan terribles guerras, y llegará un día en que se abrazarán, conviniendo todos en no formar más que una sola familia”. Así pensaba yo. Después de esto he vivido setenta años, y no he visto llegar ese día”. Shalam

الصمت هو الجدار الذي يحيط بالحكمة

El silencio es el muro que rodea la sabiduría

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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