Una historia de odio

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Agradezco mucho a Jesús García Civico una reseña sobre El jardinero que no tiene desperdicio, publicada ayer en el nª2 de la revista Registros (https://www.registrosculturales.com/). De entre todos los agudos, intensos y lúcidos párrafos que dedica a la novela me quedo con el siguiente: «Como en Registros no compartimos la premisa relativa a la intensa pero breve vida de los libros, diré que El jardinero sigue siendo un libro a leer, un libro si no extremo, sí llevado a su extremo, un déjà vu de nuestro tiempo, una suerte de jardín de las delicias como campo temático del Brave New World. En una época infantilizada, proclive a la idealización cívica del escapismo, a la superemotividad política y la sensiblería estética, uno echa de menos ficciones como esta, no solo de sensibilidad adulta, sino de inteligencia adulta».

He destacado este extracto en primer lugar porque yo deseaba escribir exactamente eso: un libro que pudiera leerse con idéntica urgencia en cualquier año, década, o época. Sueño con que alguien lo encuentre abierto alguna vez en un museo de antigüedades o en un castillo. Motivo por el que no hay fechas en el transcurso de la novela. El conde y el jardinero son eternos y eso lo ha entendido perfectamente Civico quien además, se aparta inteligentemente de algunas personas que reseñaron la novela en clave cómico-bélica o satírica y no pudieron vislumbrar que lo que intenté describir (otra cosa es que lo lograra) es el odio metafísico. El odio total. Quiere esto decir que los insultos, perversiones y depravaciones no son el meollo argumental sino la hojarasca resultante de la lucha de dos demonios cuyo rostro es idéntico. Una manifestación del poder absoluto.

Podría extenderme más pero no deseo hacerlo. Tan sólo indicar que, en lo que se refiere a la sensibilidad e inteligencia adulta de la novela, creo que esto tiene mucho que ver con la libertad. El jardinero no se hizo pensando en posibles censuras, ventas, aceptación, reacciones de familiares y amigos o contentar a una u otra ideología o grupo. Yo lo escribí porque necesitaba escribirlo y pensando en la eternidad. Que serían Dios o el diablo quien me juzgaran. Y también porque creo que la única manera de estar en paz con nosotros mismos es analizando, reconociendo y sublimando nuestras frustraciones y odios. Al amor se llega luchando contra nuestros demonios. Aceptando nuestra parte violenta. Una fuerza que no entiendo por qué muchos artistas ignoran cuando, en gran medida, es el motor de la vida y el germen de todo arte. Escribir no se escribe para gustar sino para sobrevivir. Shalam

من يتغلب على الغضب ينتصر على أعدائه

El que vence al furor, vence a sus enemigos

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    0ºimagen:…..enhorabuena…..o no?
    1ºimagen:…..veo una tecnica de buril pico de loro sobre el linoleo y las sombras a lineas paralelas como en las ceramicas mediavales…………
    2ºimagen:……abandonare el castillo saliendo por el puente de palos aunque este hecho un cascajo……….
    3ºimagen:……en la manada hay tres zonas la ultima es la libertad………

    • 1) ¿Habló Baudelaire de los jardineros? De hacerlo, los describiría así. 2) Aquel castillo de sueño lleno o bien de amantes o bien de muertos. 3) Caballos perdidos en medio de una negra pradera.

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