Vicio

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Pocos escritores han hablado sobre la droga con tanta lucidez como William Burroughs. Hoy he vuelto a leer su introducción a El almuerzo desnudo y al momento he experimentado la picazón de su prosa.

Burroughs era letal. Un virus literario infeccioso y peligroso. Su visión de la droga no era romántica sino real, intensa y profunda porque era un adicto. Disfrutaba cuando su sangre se encontraba llena de estupefacientes y cuando el mono le hacía sudar y temblar. Cuando se caía y cuando se levantaba. Cuando estaba de bajón y de subidón. Era un vicioso pero su inteligencia le hizo transmutar sus experiencias en arte. Un nuevo tipo de literatura. Algo desconocido. Una especie de sucio arrabal lleno de chaperos situado junto a un edificio moderno.

Su caso es único. Cuanto más se drogaba más rejuvenecía. Mejores libros hacía. En los años previos a su muerte se convirtió en la voz de la conciencia americana. Un anárquico gurú parecido al Tiresias griego tanto por su acidez como por su diletantismo nihilista. Pincharse era para él parecido a lo que supone beber un vaso de agua para el resto de mortales. Mera rutina. Una justificación y excusa para seguir vivo. Sus libros no envejecen mal porque son rabiosos. Una mezcla de psicodelia, sexo y un dibujo de Parravicini. Poseen un mensaje oculto que aún debemos desentrañar. Varios apocalípticos designios sobre el capitalismo que el tiempo dirá si se cumplen o no, pero viendo el estado comatoso de la sociedad actual, no dudo que terminen por ser logos éticos del futuro.

Dejo a continuación un pequeño y agudo fragmento de su fascinante introducción a la novela que lo convirtió para siempre en un mito literario. Un fantasma aún más vivo que la mayoría de nuestros contemporáneos: “La droga es el producto ideal… la mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan… El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente. Paga a sus empleados en droga. La droga produce una fórmula básica de virus «maligno»: El álgebra de la necesidad. El rostro del «mal» es siempre el rostro de la necesidad total.

El drogadicto es un hombre con una necesidad absoluta de droga. A partir de cierta frecuencia, la necesidad no conoce límite ni control alguno. Con palabras de necesidad total: «¿Estás dispuesto?» Sí, lo estás. Estás dispuesto a mentir, engañar, denunciar a tus amigos, robar, hacer lo que sea para satisfacer esa necesidad total. Porque estarás en un estado de enfermedad total, de posesión total, imposibilitado para hacer cualquier otra cosa. Los drogadictos son enfermos que no pueden actuar más que como actúan. Un perro rabioso no puede sino morder”. Shalam 

الأخلاقيات الممكنة الوحيدة هي القيام بما يريده المرء

La única ética posible es hacer lo que uno quiere hacer

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

1 comentario

  1. Que se comprenda por razones obvias que todo hecho, por algo fue necesario, en este matiz de la existencia
    que aún se resiste a coincidir con el ego la vida lo mundano, pues nadie sabe por qué siguen estando restringidos las concepciones formales de espacio y tiempo, y siguen cerradas o mal interpretadas las puertas de las infinitas percepciones o estados de conciencia, que se se pueden y se dan, lleno de misterio y confianza en el infinito que me contiene me penetra y por la gracia e permite estas letras escribir, nada más

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