Agujero negro

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No suele haber acuerdo entre los científicos sobre el porqué de la existencia de los agujeros negros. Algo realmente comprensible que, por lo que a mí respecta, no tiene demasiada importancia. Pues por lo general, lo que me atrae de los procesos cósmicos tiene más que ver con aquello que revelan de la naturaleza o esencia humana que con el fenómeno en sí mismo. Por ejemplo, para mí, los agujeros negros además de ser un reverso necesario al Universo donde nos encontramos (una especie de zona negativa que se confronta con otra positiva) son un lugar donde se reúne todo aquello que olvidamos: sueños o pesadillas de las que no conseguimos acordarnos al despertar, actos traumáticos que nuestro cerebro ha desechado o incluso objetos (fotografías, libros, discos) que un día poseímos, formaron parte importante de nuestra vida y ya no sabemos dónde se encuentran; nos es imposible localizarlos. El agujero negro vendría por tanto a ser un estercolero, (basurero de la negatividad) que paradójicamente se encontraría vacío. Pues se encuentra basado, fundamentado en la ausencia. En la inconsistencia. Y en este sentido, es un imposible hecho realidad. Un mundo inexistente que se impone a nosotros desde la renuncia, la invisibilidad o la oscuridad cuya presencia se disgrega y aleja; brillando imponente en nuestro inconsciente conforme ahondamos en su impenetrable nocturnidad.

Obviamente, existe una tendencia a compararlos con los aspectos noctámbulos de la existencia. Y en este sentido, es comprensible que se piense que un agujero negro posee una función similar en la vía láctea a la de la luna en nuestro sistema solar. Pero me parece a mí que esta manera de interpretarlos, deja de lado muchas de sus fascinantes características. Ya que una gran parte de su atractivo radica en la posibilidad de considerarlos como parte, manifestación y testimonio de otra dimensión que influye aunque sea de un modo sigiloso y silencioso en nuestro mundo. Un enorme baúl cósmico en el que caben todo tipo de recuerdos, sueños y cosas perdidas, existentes o no.

El tema, sí, soy consciente, da para mucho. Es inagotable e infinito. Por lo que pretender agotarlo en un simple avería parece ridículo. Y lo lógico será que en los próximos días continúe refiriéndome a él de una manera u otra. Ahora mismo, al menos me interesaría que quedase claro que, de alguna manera, un agujero negro sería para mí un lugar donde se encontraría grabada la memoria no escrita de la humanidad (todo aquello que  hemos olvidado y perdido). Pero no tanto como complemento de lo que sí recordamos sino como fisura, apertura vacía que conduce a la nada la cual, paradójicamente, gracias y a pesar de su no existencia, impone su presencia a todo aquello que vive.

Quiero dejar claro, en cualquier caso, que un agujero negro no es para mí un purgatorio. El purgatorio es un concepto religioso del cual estos fenómenos se encuentran muy alejados. Aunque ciertamente, sí que pienso que los agujeros negros son fenómenos flexibles y aleatorios donde se reflejan ineludiblemente nuestras creencias. Eso sí, de forma impensable e inaudita puesto que no se manifiestan allí sino en modo latente. Siendo por tanto, el lugar del espacio en que no sólo habitan nuestros olvidos y confusiones sino las vidas que nos hubiera gustado experimentar. Tanto nuestros deseos como nuestros anhelos insatisfechos, que viven en el interior del agujero negro su momento de gloria al igual que muchos de nuestros sueños. Precisamente, por no haberse materializado nunca.

Pienso ahora, por ejemplo, que meditar supone, en cierto sentido, penetrar en un agujero negro para comprobar qué nos dice. Por ello es tan importante a veces hacerlo con la mente en blanco y colgando del vacío. Porque sólo así nos unimos al misterio irracional, intuitivo, que nos une a otra dimensión. Permitimos que nos hable, haciéndonos comprender que somos meros pasajeros del tiempo. Y que nuestro viaje no se acaba con la muerte sino que continúa hasta el infinito. Pues la luz no es que sea el reverso de la sombra, su complemento, sino que en esencia, es otra de las médulas de su ser. Como la nada lo es del mundo tangible. Shalam

                   عِنْد الشدائِد يُعْرف الإخْوان

 Cuando se apunta a la Luna, el tonto se queda mirando al dedo

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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