Dementes

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A las naves de locos que recorrían los canales de media Europa durante la Baja Edad Media les dedicó Foucault un célebre ensayo de su Historia de la locura, Sebastian Brant un poema satírico (Narrenschiff) que es todavía bastante disfrutable, El Bosco un lienzo y Erasmo de Rotterdam varios capítulos de su Elogio de la locura.

El acto de colocar a los dementes en aquellas embarcaciones demostraba que las sociedades medievales se sentían incapaces de convivir, tratar y estudiar la locura y el desorden mental. Y optaban por devolver a los perturbados e insensatos a las aguas maternales. De alguna forma, solicitaban a esa naturaleza que los había traído que también se los llevara. Que desaparecieran para siempre. Muy pocos obviamente sobrevivían generalmente a este viaje por el cual las instituciones le indicaban a la divinidad que los hombres no se hacían responsables de ellos. No se sentían capaces de hacerse cargo y menos de remediar su insanía. Y puesto que dios era capaz de permitir que nacieran personas incapacitadas para regirse por las leyes humanas, se los devolvían para que decidiera qué hacer con ellos según en este caso las leyes celestes o infernales. Es de suponer que bastantes de aquellos inhóspitos viajeros se pelearían entre ellos durante el transcurso del fantasmagórico crucero. Que algunos morirían ahogados al arrojarse a las aguas sin darse cuenta del peligro que corrían. Que otros fallecerían de hambre. Y que la inmensa mayoría vociferarían incapaces de soportar el miedo y comprender la experiencia que estaban atravesando.

En cualquier caso, me resulta inevitable evitar preguntarme: ¿Dónde y cómo hacían sus necesidades los locos que eran embarcados en las naves de locos ¿Qué conversaciones tenían esos locos? ¿Cómo era el carácter de los gritos que emitían? ¿Si morían, lo hacían de hambre, ahogados o tras pelearse entre ellos? ¿Eran sus padres y madres conscientes de dónde iban estos locos? ¿Los entregaban voluntariamente? ¿Lloraban por ellos o se alegraban de perderlos para siempre? ¿A qué olían los barcos de los locos? ¿Se acumulaban la mierda y los orines en las barcas de los locos?

En realidad, los naves de locos eran una cobarde involución. Una solicitud por parte de los cuerdos de que la tierra cometiera un aborto contra sus hijos. Una petición de ajusticiamiento. El reconocimiento implícito de una derrota. Una muestra de impotencia del poder terrenal que ponía de manifiesto la debilidad de los monarcas. Dejaba claro que su poder no era absoluto y que en los territorios de la locura únicamente mandaba la locura y la insanía. Por eso los estados modernos muy pronto los introdujeron en sanatorios y hospicios. No para cuidarlos sino para proteger a los reyes de su extraño poder puesto que conforme accedían a la nave, los locos conseguían salir del yugo y  sombra del rey. Quien no gozaba ya de potestad sobre ellos. Y por eso se considera que los locos son los mayores enemigos de la monarquía. Porque todo el respeto y miedo que los soberanos intentaban infundir en ellos, no solía dar resultado. Cuando un rey los condenaba a muerte, reían y continuaban jugando con sus muñecos de madera. Cuando los criticaba, miraban al astro solar despreocupados. Y cuando los sometía a escarnio público, sonreían como si estuvieran siendo premiados. De hecho, no es difícil imaginarse a los locos riendo felices al momento de ser condenados a muerte o subir a las embarcaciones pensando en protagonizar maravillosas excursiones.

Ciertamente, existen pocos símbolos tan proféticos y apocalípticos como el de esta nave. Por lo que no puedo evitar pensar que, como un acto de justicia poética, algunos de estos barcos a la deriva sin ningún ocupante en los que había esqueletos protegidos por mantos o aún podía vislumbrarse un pedazo de carne en una mano atracara inesperadamente en tierra y varios meses después, se desatara una epidemia de cólera en las poblaciones cercanas sembrando la desgracia, el dolor y la locura. Y que fuera ese el motivo por el que estas atípicas embarcaciones fueran prohibidas y no la salubridad o el advenimiento de las luces renacentistas. Shalam

           مجنون قليلا في الربيع صحيحتى بالنسبة للملك

          Un poco de locura en la primavera es saludable incluso para el rey

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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