Los conventos

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Muchos monjes piensan que no es posible guardar un secreto puesto que dios es capaz de escuchar el menor de nuestros pensamientos y adivinar el más leve de nuestros deseos. Además, insisten en que, antes o después, tendremos responder de nuestros actos. Seremos juzgados. Motivo por el que es sumamente aconsejable meditar u orar. Aplacar el yo en infinitos cánticos que concedan reposo al alma y no inciten a la cólera, la ambición o a la envidia.

Para los monjes, el cielo es una oreja múltiple e infinita que conoce todos nuestros planes. Es una espada que corrompe a los viciosos cuya única misión es escuchar. Responde al mal con indiferencia, al ego con la ignorancia y, cuando lo ve necesario, hace que del firmamento caiga lluvia que aplaque el estado de ánimo positivo y optimista de los seres humanos.

Los enemigos de dios han meditado mucho, a lo largo de los tiempos, cómo dañarlo. Los corsarios sugieren que para conseguirlo es necesario que se haga el silencio múltiple y total o que se pronuncie una sola palabra -no importa cuál- al mismo tiempo en todos los confines del mundo. Si dios es infinito sólo puede ser herido merced a la máxima intensidad y el delirio total. Haciendo que aquello que escuche, se vuelva en su contra para así demostrar que la violencia de la creación es producto y consecuencia de su alma y no tanto responsabilidad del ser humano. De hecho, subrayan, por ejemplo, que el pecado tal vez sea producto de la malicia divina como el aborto de su desgana y la imposibilidad que tiene de revertir sus actos.

En cualquier caso, hay consenso incluso en los monasterios de que la razón por la que dios escruta todas las mentes constantemente es para que no quemen su efigie en la cruz y le escupan por no haber sido lo suficientemente honrado como para convertirse en lo que realmente deseaba ser: un dictador. Un monarca omnipotente capaz de asesinar y denigrar, incluso después de muertos, a quienes no ejecutaron su voluntad. Destrozar los cielos con rugidos y gritos parecidos a truenos rayos para así poder crear los desiertos y conducir el alma de los seres humanos a las montañas solitarias. Reinos donde habitan serpientes rabiosas llenos de guerreros que alzan continuamente sus espadas clamando por una nueva guerra, donde absolutamente a nadie le importa que dios conozca sus secretos porque allí, los castillos son, en realidad, conventos llenos de crucifijos derruidos. Shalam

 إِنَّمَا يَتَفَاضَلُ النَّاسُ بِأَعْمَالِهِم

 El árbol no niega su sombra ni al leñador

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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