Enfermedades pop

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Supongo que, por algún tipo de superstición, se cree que lo moderno trae siempre consigo novedades. Pero creo que es tan previsible como lo tradicional porque si, siglos atrás, los seres humanos aspiraban en su mayoría a la fortificación de los lazos familiares y a la unión social (a formar comunidades seguras para defenderse contra los peligros cotidianos y estallidos bélicos) y respetaban los símbolos sagrados, nuestra época tiende a la frivolidad, la disolución de los lazos sociales y al individualismo. No digo que lo uno sea mejor que lo otro. Pero sí sostengo que ambos órdenes -el antiguo y el contemporáneo- actúan según una lógica y orden previamente establecidos. Se comportan según unas pautas claras y evidentes bastante previsibles.

No es muy aventurado por ello predecir que lo más probable es que, dentro de un tiempo, comencemos a observar en Instagram a decenas de jóvenes haciéndose selfies en el Palacio de hielo madrileño con rostros más o menos sonrientes e interesantes. Tampoco es difícil adivinar el guión de los telediarios y programas televisivos que se dediquen a narrar (con la correspondiente música edulcorada) los encuentros entre novios, padres e hijos y amigos íntimos que no pudieron estar en contacto durante el confinamiento. Los cuales entiendo que, aunque parezca lo contrario, tampoco serán tan distintos del documental serio y riguroso que contemplaremos en Filmin o en la 2. Por supuesto, no sería extraño que, como ocurrió con la central de Chernobyl tras el estreno de la serie de la HBO, Wuhan se convirtiera en una ciudad de peregrinación turística. Una opción más a ofrecer en el menú degustación de quienes visiten China. Y es obvio que las mascarillas no tardarán tampoco en ser la estrella de ciertas fiestas nocturnas y que su destino, en cuanto se descubra una vacuna, es convertirse en artefactos pop que, entre otras muchas funciones, cumplan la que antes realizaban las camisetas estampadas con las siluetas de nuestros ídolos o símbolos patrios y religiosos. Probablemente también se produzca, entre algunos círculos exclusivos de mayor nivel adquisitivo, un revival de las máscaras utilizadas por los doctores durante las epidemias de peste antigua. Y por supuesto, doy por hecho la recomendación y publicación de múltiples diarios sobre el confinamiento (alguno se convertirá en una serie de Netflix) además del ensayo correspondiente de ese héroe pop surgido de un capítulo de Los Simpson llamado Slavoj Zizek que, como también era previsible, se adelantó hace días a este avería, y lanzó el susodicho libro (con el originalísimo título de Pandemia o Virus, según el país) en formato digital. Prueba de que la continua aparición de novedades contemporánea es la mejor arma para asesinar “lo nuevo” y también “lo real”. Shalam

كثيرون طيبون لأنهم جبناء

Muchos son amables porque son cobardes

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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