Religión

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Me gustaría levantarme una mañana y no escuchar más que gemidos de placer a mi alrededor porque todo el mundo está follando y lo está haciendo con su mayor enemigo. Aquel que más odia. Y además lo está disfrutando. Le están dando por el culo y él también está dando por el culo. Por donde más le gusta. No importa. Por delante por el costado o por detrás. Con su mismo sexo o con el otro. En grupo o en soledad. Por todos los orificios del planeta y el mundo y la tierra y el océano y el agua y el sol y las estrellas. En cualquiera de las posturas imaginables. Sin manuales o con el Kamasutra en la mano. En la selva o la civilización. En un edificio en ruinas o una catedral gótica. Allí donde llueve o hace más calor. Leyendo el Corán o la Biblia. Frente a varias muchachas vestidas de la Alicia de Carroll o ante unos cuantos militares que saltan la comba al compás de los aplausos de varios curas locos. Con un familiar o un extranjero. En la plaza pública o la más estricta intimidad. Sin normas o según unas reglas muy bien pautadas. Me gustaría, sí, que cualquier persona pudiera ser negro, maricón, judío, lesbiana, nazi, árabe, indio, italiano o mexicano, transformarse en todos los hombres y mujeres de la tierra y experimentar lo que se siente al follar y ser follado durante horas, meses y años en todas las posturas que existen y existirán.

Dedicaré antes o después un avería extenso a los atentados de hace dos o tres días (que parecen ya meses) en París. De momento, únicamente decir que en mi ideal del mundo la virgen María se abre de piernas ante Mahoma y Yahvé folla con el Buda mientras chinos mandarines y guerreros africanos los jalean. Todos los dioses de todas las religiones están siempre abrazándose. Los cristianos besan las manos en señal de respeto a Tezcatiploca y un alemán se postra ante la imagen de Oggun y Shango entre palmerales interminables. Zeus acaricia el rostro de Cristo y Afrodita realiza una felación a Zao Shen. La verdadera religión (unión) es la anarquía divina. Todos los dioses deberían (o podrían, según su elección) estar follando siempre sin discriminación de raza, origen y nacimiento. Y tampoco tendrían que existir fronteras aunque deberían respetarse cada uno de los idiomas y culturas. Yo creo en dioses que follan y hacen el amor y tienen orgasmos con nuestra felicidad, con el arte, cuando superamos nuestras barreras y dificultades y enferman cuando estamos tristes y llenos de odio.

En mi mundo, los dioses son muy parecidos a Louis Amstrong. Están tocando siempre un instrumento henchidos de pasión y felicidad. Sin importarle en absoluto el que dirán ni si morirán mañana. Sin presente ni futuro. Únicamente en el ahora. Como cualquier sonido extraído del saxofón de John Coltrane. En mi mundo, no hay dioses rabiosos o airados. Lo más que son capaces de hacer es reírse de aquellos humanos que quiebran la armonía con asesinatos, mentiras y robos. Pues para eso son dioses. Para saber que todos esos actos nos esclavizan y no nos permiten disfrutar de la dicha divina. Del orgasmo continuo. El tiempo celeste. Y nos separan del arte. Que es junto al amor por lo único que merece la pena ser humano y no un dios. Shalam

ربّ اغْفِر لي وحْدي

El hijo de un sapo siempre será un sapo

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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